Venado isleño de Panamá cazado hasta su extinción

STRI Panamá

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Hace unos 8.500 años, las Islas de las Perlas en Panamá se aislaron del continente cuando el nivel del mar se elevó, debido a que los casquetes polares se derritieron al final de la última edad de hielo. Un reciente estudio realizado por un equipo arqueológico que incluye un científico del Smithsonian muestra que miles de años después, en una isla llamada Pedro González, los colonos precolombinos cazaron hasta su extinción a un venado enano que la habitaba.

Los primeros colonos indígenas llegaron a la isla de 14 hectáreas por mar hace 6.200 años. Permanecieron por un máximo de ocho siglos, cultivando maíz y tubérculos. También, se dedicaron a la pesca, la colecta de frutos de palma y mariscos, además de la caza de venados, zarigüeyas, ñeques, iguanas y culebras de gran tamaño – los principales depredadores.

En el 2008, cuando estaba lavando los huesos de animales encontrados en el primer corte de prueba, encontré un calcáneo, un tipo de hueso del tobillo de los venados” comentó Richard Cooke, científico del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y co-autor del estudio. “Era tan pequeño que me di cuenta de que nos habíamos encontrado con una población que probablemente se había reducido su tamaño a través del aislamiento”.

El Archipiélago de las Perlas, llamado así por los ricos Ostionales perlíferos reportados por los primeros exploradores españoles, se encuentra a unos 25 km de la costa del Pacífico de Panamá. Es más conocido, quizás como la sede de varias temporadas de la serie de televisión, Survivor. Como Darwin descubrió en las Galápagos, las islas son focos de la evolución. A través de los tiempos, los animales aislados del continente a menudo pasan por una reducción en tamaño en comparación con sus parientes continentales debido a la competencia por los limitados recursos alimenticios. En el caso de los venados enanos, esto debe haber ocurrido entre el momento en que la isla fue aislada de tierra firme y el tiempo de la llegada del primer grupo indígena.

Los venados adultos que vivían en la Isla Pedro González hace 6.000 años pesaban menos de 10 kg, casi lo mismo que un perro de tamaño mediano. El estudio de las huellas de colágeno realizado por el bioquímico Mike Buckley de la Universidad de Manchester, infiere que los venados cuyos huesos se hallaron en un botadero de desechos alimenticios la isla no eran del conocido corzo rojo, Mazama americana, sino de un grupo distinto que se encuentran hoy en Panamá. Los huesos de venado en la isla representan un grupo distinto, que incluye el venado de cola blanca y algunas poblaciones de corzos grises que se encuentran en América del Sur. Sólo los estudios de ADN pueden resolver este dilema taxonómico. Buckley encontró que los huesos de 6,000 años de antigüedad, pertenecen al mismo linaje de un venado más grande que todavía se encuentra en la Isla de San José, a 8 km al sur. Por qué sobrevivió allí, es un misterio sin resolver.

Estos huesos de venado enano muestran marcas de consumo humano. Los arqueólogos trabajando en Isla Pedro González en la Bahía de Panamá estaban sorprendidos de encontrar los huesos en un basural de 6.000 años de antigüedad donde los pobladores aparentemente cazaron al animal hasta su extinción.

Alrededor de 2.500 fragmentos de huesos de venado correspondientes a 22 individuos fueron encontrados en el basurero a 4 metros de profundidad que se acumuló en un gran hoyo cerca de la costa. Algunos huesos tenían cortes que indican que los corzos fueron destazados. Algunas marcas en los huesos señalan que la carne se rebanaba del hueso con los dientes. Otros habían sido quemados o destrozados para llegar a la médula. Las astas y los huesos largos a menudo se cortaron para la fabricación de herramientas de uso diario y adornos. La caza parece haber sido indiscriminada, incluyendo venados adultos y juveniles.

El número de huesos de venado disminuyó en la capa más reciente del basural, y los huesos de venados adultos mayores estaban ausentes, lo que sugiere que la especie era cada vez más escasa y su esperanza de vida más baja. No se encontraron huesos de venado en las capas posteriores, depositados por un segundo grupo indígena que conocía la cerámica, que llegó hace los 2.300 años, lo que indica que para entonces la especie se había extinguido en Pedro González.

La historia de este pequeño venado ilustra cuán vulnerables pueden ser especies de las islas. La pérdida de los venados enanos de Pedro González puede inspirar a la conservación de la población que todavía se encuentra en la isla vecina San José.

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