Un trabajador para la Junta Directiva del Canal de Panamá

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Un trabajador para la Junta Directiva del Canal de Panamá

Poco antes de que el presidente Juan Carlos Varela fuese electo en los comicios generales de mayo de 2014, hizo una promesa en un hotel de la capital panameña: “nombraré a un trabajador o a un dirigente social en la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP)”. Testigos de ese anuncio esperanzador fueron los corresponsales de agencias de prensa extranjera que esperaban conocer el plan de gobierno, en caso de que el político e industrial fuese electo a través del voto directo en las urnas.

Varela ganó el derecho de acceder al solio presidencial, pero jamás ha vuelto a ventilar en público la promesa de campaña, que había sido inspirada en un antiguo reclamo de las organizaciones sociales, alejadas de los beneficios que genera la vía interoceánica. El último y el único trabajador en ocupar un puesto en la Junta Directiva del Canal de Panamá, fue Luis Anderson, quien falleció en 2003 en Caracas, Venezuela, mientras redactaba un artículo sobre las demandas insatisfechas de la clase trabajadora en Latinoamérica.

Anderson se desempeñaba como secretario general de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT). Como dirigente del sindicato Local 907, había sido un puntal para la firma y posterior aprobación de los Tratados del Canal de Panamá “Torrijos Carter”, de 1977. Su muerte no derivó en relevo para la clase trabajadora panameña. Por el contrario, su cargo fue llenado con un empresario. A partir de entonces, los trabajadores no han vuelto a tener presencia en la Junta Directiva de la ACP.

Varela pudo haber hecho el cambio y la diferencia, en un acto de justicia histórica. No obstante, los intereses de las grandes corporaciones pudieron haber desviado el interés original de la propuesta, que había sido compartida con los periodistas. Designar a un dirigente sindical al frente de la emblemática empresa canalera requiere más que buenos deseos. Es un paso difícil en tiempos de voracidad económica, en el que las multinacionales vinculadas al comercio marítimo ponen condiciones al Estado panameño.

Ha sido más fácil encaramar en la Junta Directiva de la ACP a gente anodina, sin tradición de luchas, cuyo único mérito es tener abolengo o haber heredado los negocios de sus padres, hermanos, primos o abuelos. Para quienes enarbolaron banderas en las calles o perdieron a seres queridos en la lucha de liberación anticolonialista, el camino a las posiciones claves en la ACP ha sido duro.

El presidente Varela ha elegido a otras figuras, pero sin dejar abiertas las puertas del Canal a los trabajadores. La idea de evitar que el principal recurso de la nación fuese explotado por amos chocolates que imitan a los amos rubios, ha sido desdibujada en el tiempo. Hoy, la población ve con sentido crítico el ingreso de personas con apellidos aristócratas que aspiran a asumir lo que al pueblo panameño le costó ríos de sangre en la ruta de la recuperación del territorio conculcado por fuerzas extranjeras.

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