UN PANAMEÑO QUE VISITÓ CARACAS

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Jorge González

Por: Jorge González

No pretendo en lo más mínimo reiterar aquello que de forma abusiva y al mejor estilo de propaganda nazi de Goebbels (aplicado a tácticas de guerra de quinta generación), transmiten las corporaciones mediáticas occidentales y sus filiales nacionales en torno a la realidad de Venezuela, país que transita un proceso de transformaciones llamado Revolución Bolivariana, iniciada bajo el liderazgo de Hugo Chávez y que hoy dirige Nicolás Maduro, obrero convertido en presidente por el voto del pueblo.

No es un análisis pormenorizado de la formación económico social venezolana. Eso escapa a las posibilidades de estas pocas líneas. Pero busco, eso sí, a partir del estudio y de la experiencia directa, contrastar abiertamente sin tapujo la percepción cuasi apocalíptica que contra Venezuela, con claros fines de dominio geopolítico en base a invasivos intereses económicos, promueven centros de poder financiero-político-militar; concretamente, deseamos refutar respecto al país suramericano la imagen de supuesto caos, de “estado fallido” (ilusión mediático virtual) que impulsan las clases dominantes de Estados Unidos, su andamiaje institucional, sus instrumentos ideológicos de propaganda (medios de comunicación), así como gobiernos y grupos de poder europeos y latinoamericanos, de corte satelital.

Primeramente, cuando esos poderes hegemónicos enfilan su atención contra un objetivo que en este caso  contiene entre las más grandes riquezas naturales en su suelo, es porque en el fondo de todo hay algo muy distinto a lo que nos dicen, máxime si es harto sabida su receta de sangre por petróleo como clave bélica del siglo 21, y en donde la democracia es solo una coartada. Astuta, pero gastada.

Caracas, lejos de ser una ciudad dantesca, llena de las más trágicas calamidades que se pudiera uno imaginar según la campaña de saturación mediática, en realidad es todo lo contrario, una urbe dinámica, contemporánea, donde reina total paz, contrario a la percepción de país sumido en violencia irracional que sectores de oposición trataron de imponer como matriz de opinión para provocar el aislamiento de su propio país en la senda de una agresión militar de Estados Unidos. El contraste entre lo real y lo mediático es una contradicción emblemática, antagónica, cuando se tiene la oportunidad de visitar Caracas.

No es una ciudad militarizada. No hay tanquetas rondando ni represión en las calles. No hay columnas de antimotines marchando. Ni tranques por protestas. El aire no huele a lacrimógena. Es incluso un aire fresco. No hay enfrentamientos en las esquinas, como proyectan . Caracas es una gran ciudad que se desarrolla en completa estabilidad política en sus calles. La violencia opositora fue focalizada, derrotada y desmoralizada por los triunfos del gobierno. Es parte de un complot para afectar la imagen del país y propiciar una invasión. Pero fracasan por la voluntad de paz del pueblo. Realidad contundente cuando se la conoce de cerca y que es la explicación al por qué no termina de cuadrar la campaña contra el país.

Hoy esos mismos sectores de oposición aliados a Estados Unidos y su séquito internacional, intentan asfixiar la economía venezolana pidiendo sanciones. Sin embargo, tanto violencia como sanciones son rechazadas por el pueblo, como ha quedado demostrado en el triunfo del gobierno de Maduro y las fuerzas revolucionarias en tres elecciones en menos de un año. Carentes de apoyo en la población debido a su alejamiento de la realidad social y estando señalados como causantes de la violencia, una parte de la oposición se abstiene de participar en las próximas presidenciales ante una previsible derrota electoral por el gobierno y el bloque bolivariano chapista, profundamente arraigado en las bases del pueblo.

El pueblo vive los efectos del sabotaje económico, los empresarios enemigos de la política social del gobierno crean desabastecimiento e inflación, desde Miami se impone una tasa de cambio que busca destruir la moneda El Bolívar; no obstante, la masa organizada del pueblo resiste, aguanta, ofrece batalla, sabe que intentan quebrar su voluntad de construir el desarrollo con independencia y justicia social con productividad, que permita dejar atrás la dependencia petrolera. Las fuerzas armadas están unidas, convencidas del antiimperialismo y leales al gobierno. Las sedes de gobierno funcionan normalmente y la constituyente permite la participación de todos los sectores sociales, un ejemplo de democracia radical.

En Caracas te encontrarás a un pueblo que, producto del paso de la Revolución, maneja su constitución al detalle, es una sociedad politizada, formada como pocas en ciencias políticas, sociales y humanísticas, muchos ciudadanos son capaces de discutir sobre su país y la realidad internacional con profundidad, sea en la calle, sitio de trabajo, la universidad, campos y comarcas. Y tenemos que, a pesar de la difícil situación generada por la inducida caída de los precios del petróleo y el resto de la conspiración económico-política, ninguna escuela ha sido cerrada, ningún programa social ha sido eliminado, y el acceso a la vivienda sido garantizado con la entrega de 1,500,000 viviendas a nivel nacional en pocos años. Único en la historia.

El gobierno entrega gratuitamente medicinas a la población para atenuar el bloqueo de medicinas, cosa que no se dice en los medios de comunicación. El cerco farmacéutico desde Estados Unidos es un crimen contra la Humanidad, que pretende configurar la crisis humanitaria como fórmula de intervención militar. Las empresas petroleras y las grandes empresas farmacéuticas tienen a los mismos dueños: el grupo Vanguard. El más millonario del planeta. No aparecen en Forbes.

En Caracas no te asaltan apenas bajarte del avión como piensan algunos producto de la campaña de estigmas. La inseguridad no es la dueña de la calle. No es paraíso pero tampoco campo de guerra. La inseguridad es un problema estructural y cultural que padecen ciudades de América Latina. No es exclusivo de Venezuela. Y es falso que sea la verdadera cara del país. Nada más distinto a la verdad. Hay una esencia.

En el marco del capitalismo imperialista, todo esfuerzo de las naciones dependientes por rebasar el atraso conlleva consecuencias críticas en diversos planos, pues existe una estructura de la dependencia, con clases dominantes a lo interno y con Estados Unidos como poder mundial y gendarme del sistema. El pueblo venezolano, que antes de Chávez no solo era explotado en tanto clase, sino que era discriminado debido a su piel y origen tanto de la política y del mundo cultural por las elites burguesas “mantuanas” herederas de la colonia; ahora, este pueblo empoderado como nunca, trabaja con una fe consciente en la fuerza del país para superar las adversidades que impone el cerco de Estados Unidos y el sabotaje de derecha: el petro como nueva cripto moneda, las alianzas estratégicas con otras potencias del mundo multipolar cuyo arquitecto fue Chávez, como China, Rusia, India, entre otras, y los planes en curso de diversificación de la base productiva del país, son factores que sustentan la esperanza razonada del pueblo.

Venezuela no es una amenaza a la seguridad de ningún pueblo de América Latina ni de Estados Unidos o latitud alguna. Es un pueblo que desea crecer en paz y amistad con todos. La Revolución Bolivariana más bien libera fuerzas productivas y las pone al servicio de los demás, como Petrocaribe. Su apuesta por el desarrollo justo y soberano, su desafío a la dominación y a la explotación, su llamado al socialismo en reemplazo del capitalismo, genera pánico en las clases sociales dominantes responsables de la pobreza, las guerras, el hambre y la corrupción. La respuesta del poder mundial contra la experiencia venezolana es el asedio, la ofensa, la injuria. No es la primera vez, sucedió con todos los procesos revolucionarios, progresistas y socialistas, de la historia. Pero nosotros, los pueblos, los trabajadores, no debemos sentirnos aludidos con preocupación, muy por el contrario, Venezuela Bolivariana es esperanza de un mundo de equidad, amistad, intercambio económico justo y solidario, la convicción de que un mundo mejor es necesario y posible.

11 de Marzo de 2018

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