Un documento para la historia

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Benjamín Colamarco, en 1989, junto a combatientes panameños.

Un documento para la historia

Tras la invasión de Estados Unidos a Panamá, iniciada el 20 de diciembre de 1989, muchos panameños y panameñas fueron encarcelados o llevados a campos de concentración, por tropas invasoras. Benjamín Colamarco Patiño, jefe de la fuerza de milicianos que integraban el Batallón de la Dignidad, fue detenido y sometido a un proceso judicial espurio. En un intento dirigido a la recuperación de la memoria colectiva, Bayano digital presenta a sus lectores la respuesta del acusado ante sus acusadores.

Honorable Señora Juez
Señores Abogados
Distinguidos Periodistas Nacionales y Extranjeros
Honorables observadores de organismos internacionales
Familiares, compañeros y amigos leales
Damas y Caballeros
Compatriotas todos:

Quiero llevar al criterio de ustedes, la convicción de nuestra inocencia, pese a que algunos poderosos quieren que seamos los “Chivos Expiatorios” sacrificados a las “divinidades airadas” de los intereses extranjeros.

Yo tengo una conciencia histórica que no puedo ni quiero acallar; sé que muchos escucharán, pero no oirán: sus prejuicios los hacen sordos.

También sé que no seremos juzgados en derecho sino en rencor, pero estamos en este recinto, preparados para presentarnos, con la frente en alto, con dignidad y con nuestra conciencia tranquila, ante quienes han de ser nuestros “verdugos”, no nuestros jueces… y no me refiero, en este caso, a quien coyunturalmente preside esta audiencia, que es una Dama a quien guardamos respeto, me refiero a aquellos que no se atreven a estar aquí y dar la cara frente a nosotros, pero sí ejercen y ejercerán presión desde lo alto y utilizarán todos los medios a su alcance, para que se emita concepto condenatorio, aunque no haya un solo elemento probatorio en nuestra contra, porque no hemos cometido delito alguno… son ellos, los de arriba, quienes no nos perdonarán jamás nuestro sincero nacionalismo y el que hayamos denunciado al imperio… son ellos, los de arriba, con sus prejuicios políticos y su revanchismo enfermizo, los verdugos.

Deseo que mis palabras de hoy, sirvan de estímulo para la búsqueda de la verdad, que ha de ser nuestra reivindicación y la dignidad de los nombres de quienes lo dieron todo, por cumplir con la obligación de preservar la tierra patria de la intervención extranjera: Ángel Benítez; Manuel Carol; Alejandro Hubbard; Gustavo Torreglosa; Sydney Lyons… y otros cientos y cientos de panameños que ofrendaron sus vidas, no por defender a un hombre, sino por defender la integridad territorial del Estado; no por defender a un hombre, sino por defender la independencia Nacional; no por defender a un hombre, sino por defender un ideal. Ellos no son panameños de “tercera Categoría” como algunos oligarcas han querido hacer ver, ellos son panameños patriotas que merecen todo el respeto.

Sucede que ahora, se han trastocado los valores, y nuestro mayor “crimen” es haber sido invadidos: tras de nosotros se lanzaron en persecución como fieros lebreles los “soldados extranjeros” y sus “cipayos”, y todo ha venido a parar aquí (a esta audiencia infame).

Dijo una vez el Libertador Simón Bolívar que: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia, para plagar la América de miseria, a nombre de la libertad”.

Los gobiernos norteamericanos, especialmente los del Partido Republicano, desde la época del “Destino Manifiesto”, de la “Doctrina Monroe” y de la “Política del gran garrote”, han manipulado las cosas a su favor en América Latina y con prepotencia, han impuesto sus intereses con la fuerza de su ejército. Panamá ha sido víctima de esas políticas hegemónicas, desde el “Incidente de la Tajada de Sandía”, a mediados del siglo pasado, pasando por alrededor de veinte intervenciones armadas sobre nuestro territorio… hasta la gesta heroica del 9 de Enero de 1964 y llegar al genocidio perpetrado el 20 de diciembre de 1989, cuando ellos (el ejército norteamericano) cometieron el crimen más grande y terrible de toda nuestra historia.

En todas esas ocasiones, de una forma u otra, el pueblo panameño se organizó para defender la soberanía nacional y denunciar la intervención extranjera; como también hubo quienes, por otro lado, les sirvieron a los intereses de Washington e incluso, quienes, aún peores, los llamaron para que intervinieran.

El Derecho Internacional consagra el principio de “no intervención”, y la carta de la O.E.A. señala taxativamente que: “Ningún Estado, tiene derecho a intervenir ni directa, ni indirectamente, ni por la razón o pretexto que sea, en los asuntos internos y externos de otro Estado”. Los gobiernos de Reagan y Bush, utilizando pretextos, violan el Derecho Internacional, pisotean esta norma, e invaden nuestra Patria ¿A cuántos inocentes mataron a nombre de lo que algunos llaman “Causa Justa”? Ciertamente, fueron demasiados. No existe ninguna justificación para tan deleznable hecho. Ellos vinieron del norte, en una noche oscura, como los ladrones, a masacrar a tres mil panameños.

La invasión fue el corolario de un plan de intervención urdido en Washington, puesto en ejecución desde 1981, pero desarrollado con mayor énfasis a partir de 1987, cuando deciden incrementar toda una escalda injerencista y una campaña de agresión política, psicológica, económica, y militar, en contra de nuestro país, con el propósito de lograr la materialización de sus particulares intereses y de sus objetivos geo-estratégicos y políticos.

El gobierno del Señor Reagan, primero, y el del Señor Bush, después, utilizando su Embajada en Panamá, y al Comando Sur, casi a diario durante 1987, desarrollaron actividades y emprendieron acciones sin cumplir con lo que está establecido en los Tratados Torrijos-Carter. Entre 1987 y 1988, el gobierno de los Estados Unidos cometió casi cien violaciones a los tratados canaleros. Además, aumentaron arbitrariamente el pie de fuerza de su ejército acantonado en nuestro país, intervienen las comunicaciones; hacen demostraciones de fuerza con sus tropas y activan ejercicios militares fuera de sus bases, para desembocar, en febrero de 1988, en un férreo bloqueo económico y en el congelamiento de fondos panameños.

Es ante estos hechos, que lesionan la soberanía nacional y como consecuencia de los mismos, que, amparados por el artículo 306 de nuestra Constitución, que señala claramente que: “Todos los panameños están obligados a tomar las armas para defender la independencia nacional y la integridad territorial del Estado”, en abril de 1988, en forma espontánea y voluntaria, cientos de hombres y mujeres patriotas, de todos los estratos sociales, frente a la realidad evidente de la patria agredida y la independencia amenazada, le solicitan al gobierno nacional, instrucción para colaborar, en lo posible, en las tareas relativas a la defensa de la integridad territorial.

Con estos nobles propósitos y no otros, Honorable Señora Juez, impulsados por sublimes ideales de independencia y dignidad, amalgamados por el nacionalismo; el patriotismo; el anticolonialismo; el antifascismo y el Torrijismo, surgen los heroicos Batallones de la Dignidad, conscientes de que por encima de los personalismos y de las individualidades; por encima del secretismo y de los intereses particulares, está la defensa del Estado, la identidad y la dignidad nacionales, a toda costa, y esto es así porque no hay unidad nacional sin Nación y no hay Estado sin independencia.

Hoy, quienes disminuyen nuestra independencia, nos han traído aquí para enjuiciarnos ¡qué ironía! Panameños enjuiciando a panameños por sus ideas y convicciones. Panameños enjuiciando a panameños por defender a la Patria!

Estamos asistiendo a un paralelismo histórico que se está dando en este recinto: lo mismo hicieron con Pedro Prestán y con Victoriano Lorenzo, casi las mismas absurdas acusaciones se esgrimieron contra ellos: que “atentaron contra la personalidad jurídica del Estado”, “que eran bandoleros”, “que eran ciudadanos de tercera categoría”, etc, etc.

Pero como a ellos, en realidad no nos enjuician a nosotros, nosotros somos insignificantes, la cosa es más grave, se enjuicia a todos los que pretenden defender la integridad territorial de la Patria; se enjuicia la acumulación histórica del “alpinismo generacional” desarrollado por nuestro pueblo.

La verdad sea dicha, son otros los que debieran estar aquí, el mundo entero lo sabe: es el señor George Walker Bush, quien debería estar en este estrado!

Nosotros estamos tranquilos, porque la historia está de nuestro lado.

Con legítimo orgullo patriótico, Honorable Señora Juez, damas y caballeros, podemos asegurarle que obramos en cumplimiento de un deber constitucional y siempre hemos actuado con honestidad y buena fe.

Nadie podrá decir nunca que me ha visto “ponerle la mano encima a otro panameño”, ni mucho menos podrá declarar que me han escuchado diciendo que había que golpear a un coterráneo nuestro, quien así me acuse, miente descaradamente.

Quiero hacer oportuna la ocasión, para expresar desde esta tribuna, que, con humildad, le he pedido perdón a Dios, por los pecados que como hombre pudiese haber cometido (“quien esté libre de pecados, que tire la primera piedra”), pero también he de decir, alto y claro, que jamás podré arrepentirme de haber sido portavoz de una posición nacionalista básica y de haber luchado por defender la independencia nacional y la integridad territorial del Estado, esos principios son inclaudicables.

Como tampoco me arrepiento de ser Torrijista.

A nuestro pueblo le digo, que tenemos que construir la unidad nacional patriótica y popular, y que somos los panameños, por nosotros mismos, sin injerencias foráneas, quienes debemos encontrar nuestro destino; en estas ideas hay esperanzas de que sobrevivamos como Nación.

Honorable Señora Juez:

Por Dios, por la Patria y por la verdad, declaro que ¡Soy inocente!

Ruego a Dios por el bien de la Patria.

Dr. Benjamín Colamarco Patiño
Prisionero Político y de Guerra
Miembro del Directorio Nacional del
Partido Revolucionario Democrático (PRD)

(Declaración Ante el Tribunal. Panamá, Territorio ocupado, 19 de mayo de 1993).

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