Tío Sam amenaza nuevamente a Panamá

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Tío Sam amenaza nuevamente a Panamá

Por Dalmiro Elías

El viernes 13 de mayo de 2016, no debe pasar como un día más que disminuye las hojas de un calendario ¡No! Este día debe ser causa de análisis obligatorio, para conducirnos a entender por qué Panamá sucumbe ante el estallido de escándalos políticos, de inseguridad, ingobernabilidad, narcotráfico y “lavado de dinero”.

La osadía del embajador norteamericano, John Feeley, al dar graves declaraciones y presentar exigencias inaceptables en el patio de Panamá, se traduce en una ofensa a la soberanía nacional.

El diplomático exige al gobierno panameño que haga lo que la Embajada ordene. Ese exabrupto revela que la desestabilización marcha a pasos agigantados en Sudamérica. Está claro que lo ocurrido responde a un proyecto del Departamento de Estados Unidos, que también apunta a Panamá.

El imperio norteamericano, a través de su no menos osado embajador, ha dejado claro que en Panamá las empresas pueden operar si sirven a los intereses de Estados Unidos. Para ello, sencillamente, se jactan de anunciar nuevas licencias y permitirles que sigan funcionando temporalmente. ¿Y el gobierno? ¡Calladito se ve mejor!, al menos así piensan algunos observadores.

La Lista Clinton es una advertencia para que empresas o personas estadounidenses no tengan relación comercial, laboral o de otra índole, con compañías que allí les señalen, so pena de consecuencias con la justicia. Pero, estar en esa lista no representa delito alguno, ni un cargo a nadie, para que en Panamá sea investigado un hecho punible. El sometimiento que se deriva de esa imposición foránea es grande, y Washington pretende poner a los panameños a “chupar medias gringas”, como lo hacían con los antiguos esclavos.

Antes de los años ochenta, el imperio dominó a los países latinoamericanos, salvo a Cuba, que resistió con dignidad esa embestida. La dominación fue ejecutada a través de sistemas de colonización. Después de los ochenta, han aplicado el modelo neocolonial, y a partir del año 2000, el neoliberalismo.

Sin duda, el neoliberalismo se hará más sanguinario, derrocando a gobiernos, quebrando a grupos económicos, plagando de inseguridad y violencia armada a países latinoamericanos (pronto lo verán en El Salvador), hasta llegar al control de todas las economías de Latinoamérica, para dar mayor fortaleza al impero yanqui.

Hoy, más que nunca, necesitamos una Latinoamérica unida.

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