Sistemas planetarios multihabitables y la vida

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Sistemas planetarios multihabitables y la vida

Daniel Marín | Eureka

La Tierra es el único planeta del sistema solar que está dentro de la zona habitable del Sol, es decir, la región donde un mundo puede sostener de forma indefinida agua líquida en su superficie. Pero evidentemente en la Galaxia deben existir otros sistemas con varios planetas en la zona habitable. ¿Pero qué pasaría si las órbitas de estos planetas estuviesen muy próximas? A veces no es bueno tener demasiado cerca a los vecinos, ¿no?

El telescopio espacial Kepler ha descubierto numerosos sistemas denominados compactos donde los planetas orbitan muy cerca unos de otros a corta distancia de su estrella. Al mismo tiempo también ha descubierto sistemas como Kepler-36, donde dos planetas tienen órbitas muy próximas. Tanto, que Kepler-36b y Kepler-36c se aproximan cada 97 días a una distancia de 2,4 millones de kilómetros. Los mundos de Kepler-36 no son habitables, pero presentan un interesante ejemplo para otros sistemas parecidos más favorables para la vida, los llamados sistemas multihabitables.

¿Qué influencia pueden tener dos planetas tan próximos entre sí? Suponiendo que las órbitas son estables y se hallan en resonancia, el principal problema para la habitabilidad es la inclinación del eje de rotación (oblicuidad). Como sabemos, la Tierra tiene un eje inclinado 23,5º. Aunque en el pasado esta inclinación ha variado, hay evidencias de que los cambios no han sido extremos, con toda seguridad gracias a la influencia estabilizadora de la Luna. Marte no posee una luna masiva y por eso se cree que la inclinación de su eje puede variar entre 0º y 50º, provocando cambios climáticos extremos potencialmente fatales para un planeta habitable. Un sistema con varios planetas habitables muy próximos no podría tener lunas como la Tierra porque no serían estables, ¿pero esta proximidad sería positiva o negativa para la estabilidad del eje?

Pues tenemos la respuesta. Las simulaciones numéricas llevadas a cabo por Jason Steffen y Gongjie Li demuestran que la proximidad no tendría consecuencias graves en la inclinación del eje de ambos planetas habitables, que permanecería estable. Solo en determinados casos -en aquellos donde las frecuencias modales de la inclinación coinciden con la frecuencia de precesión planetaria- las consecuencias serían negativas. Buenas noticias, sin duda.

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