Semejanzas

Por José Dídimo Escobar Samaniego

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Banderas del PRD vuelven a ser enarboladas por los torrijistas.

(Especial para Bayano)

Corría el mes de julio del 1978 y, en el gimnasio del Colegio Manuel María Tejada Roca, de la ciudad de Las Tablas, en la región central de Panamá, se reunían líderes surgidos de la lucha de liberación, exactamente nueve meses y medio después de la firma de los Tratados del Canal, el 7 de septiembre de 1977. El objetivo era pasar revista a todo lo andado y proponer el camino que debíamos continuar los patriotas, para apuntalar estratégicamente los objetivos alcanzados en lo social, económico, político y cultural en el plano interno, y fortalecer la presencia internacional, en virtud de la lucha nacionalista, que floreció, entre otras cosas, debido a la solidaridad hacia la causa soberana panameña.

Definiríamos en ese lugar, qué hacer en las nuevas circunstancias, y plantearíamos la necesidad de acomodarnos a ella sin perder la capacidad de la ofensiva que llevábamos adelante.

El golpe militar de 1968 sacó del escenario a los partidos políticos ausentes de ideología y de vida democrática interna, que acudían en la vida nacional para realizar un parapeto de democracia en la que, como ahora, estaban hasta la coronilla de vicios e inhabilitados de poder ser instrumentos idóneos de la representación de los ciudadanos. En realidad, esos viejas corporaciones políticas no tenían capacidad de movilización, ni los argumentos para oponerse al golpe, Estaban raídas por la corrupción del Estado y la falta de legitimidad entre el pueblo. De modo que, suspendidos los partidos políticos, no hicieron falta durante los diez años en los que fueron cerrados para dolor y tristeza de la historia partidaria del país.

Ahora, 10 años después, nos reunimos en Las Tablas, justamente, los dirigentes sociales que éramos parte del proceso revolucionario, para plantear la tarea de construir un partido político y concurrir a la nueva etapa de reinauguración de la legalidad partidaria.

En ese período de 10 años, del 68 al 78, se crearon otras formas de participación política directa de los ciudadanos. Surgió el Poder Popular, con los 505 representantes de corregimientos, que devino en una Asamblea Constituyente en 1972, las juntas comunales, las juntas locales, los comités de salud, los comités de desarrollo en cada localidad, las juntas agrarias; los asentamientos campesinos. A su vez, los obreros desarrollaron organizaciones sindicales, la juventud y los estudiantes tenían sus expresiones gremiales. En fin, no se detuvo el ejercicio democrático por la falta de las expresiones formales de la democracia, sólo que eran otros actores no tradicionales los que tenían dominio del escenario.

En 1970, cinco meses después de su retorno ante la intentona de defenestrarlo el 16 de diciembre de 1969, Torrijos envía una carta al senador Edward Kennedy, en la que señala, entre otras cosas, que: “…él tuvo muchas veces que contribuir a preparar la escena del espectáculo de circo en Panamá, donde se efectuaban las elecciones, a través de las cuales un gobierno sucedía “democráticamente” a otro, por la fuerza del voto popular”. Era un espectáculo deprimente, creer que los electores serían redimidos en aquellos comicios, convertidos en una expresión bochornosa del clientelismo rancio. Esos torneos electorales contaminados por la corrupción, la compra de votos y el robo de urnas en los centros de sufragio, no eran más que un parapeto de democracia que nada tenía que ver con la dignidad y el decoro de las personas.

En Las Tablas, Torrijos designó al ingeniero Ascanio Villalaz Paz jefe del equipo que organizaría al Partido Revolucionario Democrático (PRD). Aquél, fue el mismo equipo que redactó los Estatutos, el Programa de Gobierno, la Declaración de Principios y la solicitud de inscripción del PRD que sería presentada al Tribunal Electoral en noviembre de 1978, para pedir la autorización de inscripción oficial del partido. Ese acto fue efectuado el 13 de marzo de 1979, ocho meses después de la reunión histórica realizada en esa ciudad santeña.

Hoy, a casi 37 años de la creación formal del PRD, quienes lo dirigen lo han desvirtuado de tal manera, que recuerdan de un modo cruel a los mismos de los que nos previno Torrijos. Sólo un denodado esfuerzo de los torrijistas verdaderos, puede sacar del marasmo en que se encuentra esa fuerza formidable de la sociedad panameña. Por la mano de gente decente, hay que confrontar a los maleantes y reconstruir para la sociedad un instrumento que reproduzca valores democráticos y contribuya decididamente a sacar de la agonía y la desilusión a la Patria y a nuestra gente.

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