¿Qué hacer después del fracaso al intento de acabar con el Obamacare?

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Donald Trump frustrado.

 

Donald Trump asume el primer fracaso como presidente, y el destino de su administración dependerá en gran medida de lo que haga a continuación.

Por Armando Diéguez

Mundiario

El revés que ha sufrido Donald Trump al intentar cumplir una de sus principales promesas de campaña, aquella de derogar y reemplazar el Obamacare, ha dejado de momento a la Casa Blanca contra las cuerdas.

 

Trump y sus asesores ahora deben reagruparse y tratar de averiguar cómo evitar otra debacle legislativa en su próximo gran problema: la reforma tributaria. Lo harán sabiendo que un segundo fracaso podría estrangular su presidencia para lo que le resta de mandato. Un riesgo que llega muy temprano.

 

Los asesores de Trump visionaban la reforma del sistema de salud como una victoria rápida y  fácil, como la forma de dar impulso a su presidencia y fundamentar a partir de ese éxito los cambios más ambiciosos que tienen en mente.

 

Pero la derrota ignominiosa de este esfuerzo el viernes pasado ha debilitado severamente al presidente, fortaleció considerablemente a los demócratas, y dejó las declaraciones de Trump, aquellas que afirmaban que él es el “dealmaker” de Washington, como frases huecas y risibles.

 

Trump sorprendió a algunos de los que estaban cerca de él con su reacción al colapso del viernes. No se desahogó, ni se enfureció. En cambio, en la Oficina Oval, Trump fue “hosco y silencioso” mientras contemplaba su primer golpe, Trump se hallaba atascado en el pantano de Washington que había prometido desaguar.

 

¿Qué hacer?

A medida que la Casa Blanca se aferra a una estrategia que los resucite, su equipo debe revisar otra de las preguntas más importantes que Trump enfrentó cuando tomó el poder. Debe considerar si su signo político, el de ser un outsider, realmente funciona para la política norteamericana o fue sólo una llamarada atractiva en tiempo de campaña.

 

Irónicamente, fueron las mismas fuerzas de inercia y división en la capital que prendieron entre sus votantes a los votantes, las que se combinaron para derrotarlo en su primera aventura legislativa.

 

“Creo que lo que aprendimos esta semana es que Washington estaba mucho más roto de lo que el presidente Trump pensaba. El estatus quo gana y, lamentablemente, la gente vuelve a casa perdida”, dijo el director de presupuesto de Trump, Mick Mulvaney.

 

Dos tercios del camino a través de sus primeros 100 primeros días, Trump no está cerca de ninguna victoria legislativa significativa. Y el fracaso de la reforma de la salud no es su único problema. Su prohibición de viajar a los ciudadanos en una lista de naciones predominantemente musulmanas ha sido doblemente rechazada por los tribunales.

 

Su presupuesto, que incluye recortes pronunciados en el gasto diplomático para financiar un aumento para los militares, está enfrentando una fuerte resistencia en el Congreso. Por si fuera poco, una intriga ha llamado la atención sobre los lazos de su campaña con Rusia. Ahora parece que el éxito más tangible de los primeros meses de gobierno de Trump será la confirmación esperada de su selección de la Corte Suprema, el juez Neil Gorsuch, aunque incluso eso polarizará aún más a Washington.

 

Los demócratas, algunos de los cuales Trump necesitará para poder pasar una reforma tributaria, ya se sienten envalentonados por el fracaso de los republicanos para derogar el logro más orgulloso del ex presidente Barack Obama. Puede ser que el drama de los últimos días haya dado al partido a recuperar el sentido de propósito que ha estado faltando mientras intentan superar la derrota de Hillary Clinton el pasado noviembre.

 

Si Trump está preparado para analizar sobriamente lo que salió mal, y asumir su cuota de responsabilidad, quizá pueda recorrer el largo camino introspectivo para decidir si su tambaleante presidencia puede revivir o no.

 

 

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