Panamá y Filipinas comparten herencia anticolonial

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Panamá y Filipinas comparten herencia anticolonial

(Redacción de Bayano)
Panamá y Filipinas tienen una historia en común: ambos territorios fueron dominados por fuerzas extranjeras que explotaron su posición geográfica y a su gente. Primero, el colonialismo español, y luego fuerzas de Estados Unidos, que encontraron una resistencia popular inspirada en los objetivos de independencia.

Al igual que Panamá, Filipinas albergó en su suelo bases estadounidenses, que en el siglo XX fueron convertidas en centros industriales, comerciales, tecnológicos y de servicios marítimos.

Sin embargo, en 2014, Washington presionó al gobierno filipino para concretar un acuerdo de 10 años de duración, con el objetivo de que los militares estadounidenses puedan avituallar, reparar sus naves, así como garantizar el “descanso” de las tripulaciones de aeronaves o buques de guerra en ese país.

El régimen de Manila propuso que Japón (invasor del territorio filipino en la Segunda Guerra Mundial) utilice antiguas bases en Filipinas, en forma rotativa, en medio de una presencia innegable del gobierno de Pekín, que demanda derechos históricos sobre el mar de China Meridional, y gana autoridad y aliados en Asia.

Con bravura, el movimiento Hukbalahap revolucionario luchó contra la ocupación del Imperio del Japón durante la II Guerra Mundial. También luchó, de 1946-1954, contra pro occidentales filipinos, tras la independencia del país. El grupo es conocido comúnmente como los Huks.

Historia común de filipinos y panameños

En el siglo XIX, y en plena crisis colonial española, España miró hacia el Pacífico para aliviar las pérdidas provocadas por las gestas independentistas en suelo americano, al concluir la Guerra de los Diez Años en Cuba (1868-1878). Antes del inicio de la guerra en Cuba, en Panamá había estallado, 12 años antes, el incidente de la Tajada de Sandía, lo que reafirmaría el sentimiento patriótico de los panameños contra el intervencionismo de Washington.

En 1896, los independentistas tagalos de Filipinas se sublevaron y hostigaron a las tropas españolas a través de una guerra de guerrillas. La respuesta del ejército colonial, al mando del general Polavieja, fue severa y desgarradora. Entre sus víctimas figuró José Rizal, un joven reformista señalado, sin pruebas, de ser un presunto cómplice con el movimiento independentista Katipunan.

Rizal fue arrestado, acusado de rebelión y ejecutado el 30 de diciembre de 1896. Previamente, en 1892 Andrés Bonifacio fundó una sociedad secreta llamada Katipunan, relacionada con grupos de masones que buscaban la independencia del gobierno español, a través de la lucha armada. Bonifacio y Katipunan comenzaron la Revolución filipina en 1896, que tomó diversos caminos.

Finalmente, el 23 de diciembre de 1897, luego de una lucha de desgaste, el general Primo de Rivera y los rebeldes filipinos firmaron el Pacto de Biak-na-Bato. Líderes independentistas como Emilio Aguinaldo, partieron al exilio, previa indemnización. Cuando parecía que nacería la paz en esas tierras lejanas, entró en escena Estados Unidos, que también lo haría con fuerza en Panamá.

Aspiraciones soberanas siguen vigentes

Hoy, Estados Unidos busca la recuperación de antiguos centros de operaciones en el mundo, en un giro de timón ante las crisis internacionales que le han restado hegemonía en el manejo de conflictos políticos, militares y financieros. A ello se debe, que Panamá y Filipinas figuren, nuevamente, en la mira geopolítica.

Héroes inspiran lucha contra el neocolonialismo

Los líderes de las luchas de liberación nacional perduran en la memoria colectiva, aunque en Panamá, la figura del general Omar Torrijos haya sido ocultada de la vista de las nuevas generaciones, en contra de la voluntad de cadetes del abolido Instituto Militar Tomás Herrera, quienes propusieron construir un monumento a la dignidad soberana. En Filipinas, la gente aún se enorgullece por los héroes de la independencia, y los que hacen Patria cada día, como se muestra en este video promocional, de 2013, que invitamos a ver.

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