Palestinos en El Líbano, sin tierra ni derechos

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Una manifestación de apoyo a los palestinos en Beirut. (Foto: EFE).

Por Armando Reyes

Beirut (PL)  – El Líbano con unos seis millones de residentes, alberga una considerable población de palestinos, 175.000 según cifras oficiales, incluso de nacidos en este país pero sin derecho a propiedades, votar u ocupar cargos públicos.

Para reparar eso de alguna manera Manal Kortam, ciudadana libanesa, ejecuta una campaña electoral por un escaño inexistente en el parlamento libanés.

Apoyada en las redes sociales y el lema “Existimos” (Mawjoudin, en árabe), Kortam aspira a que haya una mayor visibilidad de la difícil situación de varias generaciones de palestinos que enfrentan una realidad impuesta por el colonialismo británico (hasta 1948) y la ocupación israelí contemporánea.

Los orígenes del éxodo se sitúan en la formulación hecha en 1917 por el canciller británico lord Arthur James Balfour, quien en una declaración de intención aceptaba dar tierra en Palestina para el pueblo judío.

Pasaron 31 años de la llamada Declaración de Balfour y el 14 de mayo de 1948, judíos procedentes de diversas partes fundaron el Estado ocupante y comenzaron a desalojar a los originarios.

Con ayuda de Estados Unidos y otros aliados occidentales, la entidad sionista fue ocupando territorios al punto que hoy día de la antigua Palestina solo quedan dos fragmentos, la Franja de Gaza y la Cisjordania.

También pretende usurpar la ciudad de Jerusalén o Al Quds, en especial después del espaldarazo del presidente Donald Trump, quien a contrapelo de resoluciones internacionales, la reconoció como capital israelí.

Y he que aquí, los palestinos residentes en Jerusalén andan en un limbo, en tanto que debían declararlos ciudadanos israelíes pero el régimen de Tel Aviv no lo hace y, por el contrario, edifica mayores asentamientos judíos y margina a sus contrapartes.

La situación de los refugiados palestinos poco se diferencia del trato que reciben en lo que son sus tierras.

En El Líbano o Jordania, con las mayores cantidades de asentamientos, carecen de derecho a poseer propiedades, a desempeñarse en cargos públicos o a tener representantes en los Parlamentos.

De ahí que la idea sugerida por la libanesa Manal Kortam cobre una importancia singular dentro de este contexto.

Un estudio de 2016 del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente y la Universidad Americana de Beirut descubrió que casi dos tercios de la población palestina viven en la pobreza.

Más de 63 por ciento vive en campamentos con infraestructura en descomposición, escasez de espacios recreativos, acceso insuficiente a carreteras, carencia de sistemas de tratamiento de agua y alcantarillado y agua contaminada, según la investigación.

Es hora de que la sociedad palestina en El Líbano tenga cierta visibilidad, para decir: “Nosotros existimos, tenemos voz, somos como ustedes, estamos con ustedes”, dijo Kortam al canal televisivo Al Jazeera.

La historia de los palestinos en El Líbano es de larga data: la mayoría llegó tras la guerra de 1948, que condujo a la creación del Estado de Israel, una fecha conmemorada anualmente como la Nakba (catástrofe, en árabe).

A medida que se acerca el aniversario 70 de la Nakba, perciben que de bienvenidos están pasando a ser despreciados. Lo que se suponía una ayuda temporal se transformó en negligencia sistémica y prejuicio.

Los refugiados tienen prohibido poseer o heredar bienes inmuebles y los excluyen de más de 30 profesiones calificadas, padecen dificultades para la educación pública y atención sanitaria.

También se les impide organizarse por la creencia de algunas facciones libanesas de que los movimientos políticos palestinos catalizaron la guerra civil (1975-1990).

Sólo en 2005 se estableció un mecanismo oficial, el Comité de Diálogo Líbano-Palestino dirigido por el Gobierno.

“Los palestinos quieren sus derechos. Quieren que los vean. Quieren vivir en dignidad. Quieren poder casarse con una chica libanesa sin tener que escuchar a sus padres, es palestino, no tiene nada”, acotó Kortam.

La ley libanesa no concede ciudadanía a la mujer que tiene hijos de extranjeros. Ese derecho solo lo ofrece el hombre.

El inexistente escaño por el que Manal Kortam lucha como parte de la campaña electoral solo incluye la defensa por los derechos civiles palestinos, los políticos son otra cosa.

Se evita ese término ante la posibilidad de asentamiento permanente o naturalización de los refugiados que, de aceptarse, causará un desbalance en el equilibrio sectario ya polémico y frágil que preconiza el sistema político multiconfesional del país.

Mientras que, para los palestinos, el asentamiento permanente socavaría su demanda central por el derecho al retorno, algo que Israel impide, rechaza y niega desde 1948.

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