Optamos por la patria antes que por la plata

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Optamos por la patria antes que por la plata

Por José Dídimo Escobar Samaniego

En 1970, estaba terminando mi educación primaria en la escuela de Chupá de Macaracas, en la central provincia de Los Santos. Por razones que mi padre me explicó después, nos enviaba a otro plantel, al que se podía acceder recorriendo el doble de la distancia de la que quedaba nuestro hogar, en la Colorada.

Llovía mucho entonces en nuestros campos y había una quebrada boyante –La Melona–, que muchas veces atajaba por horas a quienes la querían cruzar. Mi padre temía que algo pudiese sucedernos en esa quebrada y prefería que camináramos el doble de la distancia necesaria y evitar la angustia de un infausto suceso.

En ese año, conocí al general Torrijos y desde entonces mantuvimos una relación de mucho respeto y admiración por el desprendimiento hacia la patria, y por el compromiso para dignificar a los panameños desde nuestra condición de país a medias, con una jurisdicción extranjera en el corazón del territorio nacional

Un par de compañeros que venían de la ciudad de Panamá: el hoy ingeniero Rafael García Denvers y el periodista Fernando Martínez, me contactaron en La Villa de los Santos en 1972. A partir de entonces, asumí, junto a Sebastián Castro (QEPD), la responsabilidad de organizar a los estudiantes de Azuero en torno a la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP). Visité todas las escuelas de las provincias de Herrera y Los Santos, y se reorganizó la FEP. En ella, se enlistó lo mejor de la juventud para contribuir a la lucha por una patria digna, libre y soberana.

En el verano de 1973, fue organizado el primer encuentro entre el general Torrijos y los líderes de la FEP, quienes cumplimos las tareas del Trabajo Voluntario y de Alfabetización del pueblo que era afectado por una alta tasa de analfabetismo. En nosotros, resonaba la frase de Martí, de que “hay que ser cultos para ser libres”. Sabíamos que era necesario quitar las lagañas de la ignorancia, para que el pueblo acogiese la tarea de reivindicación nacional. Para alcanzar ese objetivo, teníamos que tener los ojos bien abiertos.

Ese encuentro se inició en enero de 1973 con una discusión profunda y sirvió para fundamentar una alianza estratégica de las fuerzas patrióticas para acometer la tarea de independencia, que culminó con la firma de los Tratados del Canal, de 1977, y su entrada en vigencia el 1 de abril de 1982. Esa fecha debiera ser rememorada como el día de nuestra Soberanía, porque desapareció la Zona del Canal y todas sus dependencias. Como secretario general de la gloriosa FEP, tuve el alto honor de ser el orador en ese acto, lo que agradezco a Dios. Luego, seguiría el levantamiento de la última estaca colonialista, el 31 de diciembre de 1999, día en que no pudimos evitar las lágrimas de alegría y del recuerdo imperecedero de todos lo que ofrendaron su sangre y sacrificio supremo, por ser lo que aspiramos como sueño de muchas generaciones.

Mientras militábamos en las filas de la lucha revolucionaria y patriótica, otros se dedicaron a hacer plata. Esa opción se las respetamos, empero, pasados los años, los que acumularon plata y abandonaron el celo por la patria, ahora nos dicen en la cara que para dirigir al Partido Revolucionario Democrático (PRD) y al país, hay que tener plata. Por tanto, personas como yo, no pueden acceder a la dirección política, porque no tenemos fortuna financiera.

Para los codiciosos, no tienen valor el decoro, la dignidad y la decencia, toda vez que como decía Honoré de Balzac: “detrás de cada gran fortuna, hay un gran crimen”.

Envilecieron todo, incluyendo la política para que los hombres dignos se tengan que someter al poder del dinero y entonces las direcciones de los partidos y del país son una mercancía que se compra, no con talento, sino con plata. Esos polvos purulentos nos han llevado a este lodo nauseabundo de la corrupción que hoy nos ahoga y tiene en jaque a la república y todas sus instituciones.

Pareciera que nada en la vida nos ha sido fácil. Esta es la otra batalla que hay que pelear. No podemos permitir que los adinerados pretendan descalificarnos en la política, cuando Torrijos pensó en el PRD como el vehículo de oportunidad de los sectores medios y los pobres, para que dignificáramos a la nación entera. Como el medio para compartir el esfuerzo humano, de hacer una casa de todos y para todos, donde nadie sea excluido por ninguna condición, excepto que establezcamos la gran diferencia entre maleantes y decentes.

Confieso que somos afortunados, pero nuestra riqueza son valores y principios, y el compromiso que mantenemos con la patria y con los que sufren los estragos de la pobreza y han sido víctimas de la crueldad de quienes pusieron sus ojos en el amor al dinero y abandonaron el temor a Dios y el amor por nuestros hermanos.

Así de sencilla es la cosa.

1 COMENTARIO

  1. Estimado José Dídimo: Excelente artículo. Una corrección importante: Los Tratados Torrijos-Carter entraron en vigencia el 1ro. de octubre de 1979.

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