Las cutarras

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Las cutarras, el calzado predilecto elaborado por los campesinos panameños.

Por José Dídimo Escobar Samaniego
Cédula: 7-84-41

Tenía apenas tres años de edad cuando mi padre, en un domingo como hoy, precisó la fecha en que, elaboró a mi medida, un par de cutarras, cuya suela era de cuero de vaca y gargantilla, correas, que debí amansarlas con ponérmelas sostenidamente, a partir de esa fecha.

Sentí tremenda satisfacción, porque era, la cutarra, parte de la identidad del campesino trabajador y yo quería ser uno de ellos. Soñaba con crecer y ser productivo.

Un atuendo de lo más importante en el campo, junto a la cutarra y el sombrero de junco, tejido por nuestras madres, en medio de muchas necesidades y limitaciones, eran la franqueza y la humildad, pero destaco, mucha dignidad.

No estaban los campesinos esperanzados a los politiqueros de aquellos tiempos, que como los perversos de hoy, que se aparecían cada cuatro años a verter engaños, lubricados con pachas de seco y compadrazgos que eran las manifestaciones del clientelismo de la época. Compraban votos y se hacían con el poder y lo utilizaban para hacer Leyes que le fueran propicias para apuntalar sus fortunas y mantener en la indigencia y en la desgracia, a la población que estaba al margen del desarrollo social y económico, no se diga el cultural.

Me puse zapatos como a los 12 años de edad, cuando gané un concurso de redacción en Macaracas, y ya las cutarras no eran la presentación apropiada para llevar la bandera en ese desfile donde participaron 13 escuelas representando a los diferentes corregimientos en los que representé a la escuela de Chupá.

Al terminar el desfile, busqué un lugar y me quité los zapatos, me puse las cutarras y sentí una sensación dichosa, porque no sólo no estaba acostumbrado a los zapatos. ¡Es que me sentía con libertad cuando andaba en cutarras. Como que eran parte de mí!

Nada como la comodidad que genera la libertad. Nunca he olvidado mi origen, y no me avergüenzo de las limitaciones que tuve, sino que añoro entrañablemente la dedicación que mi padre tenía para hacerme mis calzados, las cutarras, para que anduviera en la mayor dignidad. Debemos calzar a todo nuestro pueblo con esas cutarras de dignidad, aunque anden en zapatos de marcas, porque no es el cuero, sino nuestro andar el que hace el camino decoroso, digno y decente que debemos andar.

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