Las cifras ilusorias del PIB panameño

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La pobreza es la cara oculta del PIB panameño. (Foto: Capital Financiero).

Por Alberto Velásquez
Periodista

Las cifras sobre el crecimiento económico de Panamá, que han divulgado el gobierno nacional y algunos organismos internacionales son ilusorias, engañosas y hasta perversas.

Son ilusorias, en primer lugar, porque si Panamá es uno de los países que marca un alto crecimiento económico, según lo señalan, es a la vez de los países de mayor índice de desigualdad económica y social. Las cifras sobre la desigualdad no mienten. Además, se experimentan en el ámbito social con resultados palpables.

El panameño inteligente no concibe el hecho de que mientras un grupo disputa las mieles de dicho crecimiento, un alto porcentaje ‒más del 40 por ciento‒, no le alcanza el dinero para atender sus mínimas y apremiantes necesidades.

No sólo a través de grandes negociados, un pequeño grupo, que hoy está señalado, pública y judicialmente, ha producido el mayor atraco al erario público, sino que comerciantes e industriales inescrupulosos arrinconan a las mayorías contra los altos precios de sus productos, nacionales e importados, y la canasta básica, provocando esta desigualdad.

El latrocinio cometido en este país no es registrado en los informes económicos del gobierno y los organismos internacionales, al momento de maquillar sus guarismos.

Quizás, si hubieran sumado las coimas de Odebrecht y de otras empresas, que totalizan cientos de millones de dólares, pudiéramos decir que nuestro Producto Interno Bruto (PIB) es el más alto de la región.

Quizás, si esas coimas y una administración gubernamental transparente, como se quiere vender ahora a menos de la mitad de su gestión, no se hubieran totalizado más de mil escuelas rancho, que la mitad de la población no tenga agua ni letrinas, que los productores pudieran contar con carreteras de producción, y los hospitales tuvieran sus implementos y suficientes medicinas.

Quizás, en parte, sea cierto que tenemos un PIB envidiable, aunque está en descenso. No obstante, la realidad es que las comparaciones, siempre odiosas, nos favorecen, porque toda la América sufre de gobiernos inescrupulosos, pletóricos de funcionarios corruptos, desesperados por convertirse en millonarios a costa de la miseria de sus conciudadanos. El PIB de Panamá pudiera ser mayor, si las riquezas fueran distribuidas con equidad y, en consecuencia, gozáramos de un óptimo desarrollo, que es lo que necesitamos.

La gente inteligente en Panamá, recalcamos, no confía en las cifras oficiales, ni en el gobierno, ni en los refrigerados técnicos internacionales, porque los pueblos sufren a diario necesidades que pudieran ser solventadas a tiempo con administradores públicos mejor intencionados.

Nuestro PIB está calculado en cifras, que como el Carnaval, es una farsa. Y lo que es peor, una farsa calculada, porque la alegría desbordada es efímera, pues pagaron a los empleados la quincena a tiempo, y millones de dólares estatales fueron invertidos en circo.

La interrogante, entonces, es: ¿Qué nos espera? Los actuales gobernantes llegaron al poder en un ambiente de gran expectación. Han desilusionado tanto, que la desconfianza, y no la esperanza, es la que prevalece en la caja de Pandora.

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