La valla ilegal

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Funcionario del MOP, colocando un anunció prohibitivo.

La valla ilegal

Por Griselda López
Docente universitaria

El progreso en la ciudad de Panamá (llámese construcción desordenada de edificios, improvisaciones en la sostenibilidad de los servicios, voracidad para sacarle a cada centímetro del espacio público una ganancia desorbitada) tiene secuestrados a sus habitantes que ya no la habitan: sobreviven en ella.

He vivido el crecimiento de la ciudad desde una atalaya privilegiada en uno de los edificios altos de San Francisco. Como buena interiorana, creo mucho en el paisajismo como un elemento armónico para la vida de los seres humanos, concepto que para la mayoría de los urbanistas panameños no existe. Con resignación he contemplado el crecimiento de la muralla de cemento, piedra y vidrio que se ha venido edificando a orillas del mar Pacífico. No me he sumado al coro de los que dicen que somos la moderna Dubái (con fachada de progreso, porque encubre la pobreza y las calamidades que soportan sus hombres y mujeres cotidianamente) aunque creo que la ciudad tiene que crecer ordenada y creativamente como un ser vivo.

Entre esta hecatombe de edificios desordenados se ha mantenido un espacio que considero único que es la comunidad de Villa Lilla, en San Francisco. Las construcciones no rebasan los tres pisos, hay un área refrescante de árboles, las calles conservan su dimensión y todavía no sabemos qué extraño milagro hace que permanezca así, y a quién se le ocurrirá que este espacio desaparezca, gracias a la avaricia del capitalismo salvaje.

Surgen estas reflexiones ante las constantes barreras, que además de las construcciones se añaden cotidianamente para fastidiarnos y arruinar nuestra calidad de vida. En un perímetro de menos de cien metros se han elevado, por obra y gracia de los permisos municipales, tres gigantescas luminarias con anuncios dirigidos a los que transitan por la Vía Porras y residen en San Francisco, cerca de Villa Lilla. En la presente semana, sigilosamente, amparados en la sombra de la noche construyeron el tercero en terrenos del Restaurante El Jade.

No existen regulaciones en Panamá, no hay respeto hacia los residentes que cada día, además de la contaminación de los ruidos que produce el tráfico en la vía, tienen que someterse a la contaminación visual, mermando su calidad de vida, erosionando sus derechos, obligándolos a encerrarse en habitaciones refrigeradas, añadiendo cortinas negras a sus recámaras y sumiéndolos en la impotencia, en la indignación y a otros en la resignación, que es lo que al final, esperan.

El actual Ministro de Obras Públicas, marcó como VALLA ILEGAL a una serie de anuncios que se habían construido a lo largo de las carreteras obstruyendo la vista de los conductores. Pensé que está campaña se extendería a todas las áreas en donde se colocaran vallas que no solo obstruyen si no que afean la ciudad y que realmente la campaña iba en serio.

¿Nos resignamos en esta ciudad o tenemos derecho a vivir en ella con plenitud, participando y construyéndola, pero respetándonos los unos a los otros; nos resignamos a que impere la anarquía, y que el comercio desproporcionado prive sobre la vida, la salud, la alegría y la convivencia armónica de las personas? Es inevitable el progreso como también lo es la estupidez humana. ¡Vaya, con la VALLA ILEGAL!

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