La Religión desde la perspectiva marxista

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Marxismo y su visión del mundo.

Por Mario Enrique De León
Estudiante de Sociología de la Universidad de Panamá

La idea de alienación religiosa en Marx

El sujeto alienado significa que está constituido por otro(s) sujeto(s), externo(s) a él, que lo define y decide sobre él. Es decir, el sujeto alienado no es capaz de definir sus propios deseos, sentimientos o pensamientos. En todo caso, es un sujeto que repite y es, sin darse cuenta, lo que otros necesitan que sea. Esencialmente, es un sujeto útil, controlado y manipulado para el status quo. El hombre alienado no es dueño de su vida, ni de los productos de su vida (esto incluye su propia felicidad); es decir, vive fuera de su propio ser, en otras palabras, vive permanentemente inconsciente.

La idea de alienación religiosa no es propia de Marx, sino de Feuerbach (discípulo de la izquierda hegeliana) y el término consiste en que las religiones han alienado la esencia humana para construir el concepto de Dios. Quiere decir, que las religiones han sabido separar al hombre de su propia esencia, o lo ha hecho un sujeto extraño a su propia naturaleza. Para Feuerbach, la esencia humana son todos los atributos o cualidades superiores del género humano como los son: la sabiduría, la bondad, la perfección, el amor, la solidaridad, entre otros.

Sin embargo, a juicio propio, sin categorizarlas como cualidades superiores, puedo agregar otras cualidades humanas como los son: la ira, la venganza, la discriminación que también son señalados y atribuidos ‒indirectamente‒ al concepto de Dios en los libros sagrados o religiosos, cuando describen la existencia de un infierno (la venganza), la idea de un pueblo ungido (discriminación), la destrucción de Sodoma, el diluvio y el día del juicio final (la ira). En ese sentido, esta sería mi crítica a la definición de esencia humana del autor, ya que éste parte de un ser noble, impoluto y no de un ser que esta contenido por atributos positivos y negativos. Por supuesto, ambos tipos de atributos o cualidades son obtenidos durante el proceso de socialización.

Pero retomando la definición de esencia humana de Feuerbach, que también se encuentra en Marx, las religiones la toman y la elevan al infinito para crear con esa proyección infinita de las cualidades humanas el concepto de Dios. Entonces, al ser una proyección infinita, por lo tanto universal y omnipresente, siendo el hombre finito, particular y restringido, automáticamente esa proyección se torna externa, del género humano, y se presenta como una nueva entidad en otra dimensión más allá de la vida material, que por la propia potencialización de la esencia humana, se hace divina, inalcanzable y trascendental.

Dicho esto, lo que quiere explicar el marxismo es que el sujeto creyente en Dios se está contemplando así mismo o a su género, pero no es capaz de reconocer que aquella deidad es su propio ser o género, porque está alienado. Es decir, sus cualidades superiores ya no le pertenecen, son ajenas y externas. En resumen, lo que trata de dilucidar el marxismo es que el concepto de Dios es una construcción social y no lo contrario, como señalan los libros religiosos. Pero no es una afirmación absoluta, sino de una verdad que es cierta hasta el momento en que el sujeto se haya emancipado mentalmente.

La pregunta seguida, entonces, es ¿por qué el género humano lo hace? Marx explica que lo hacemos como consuelo a nuestro sufrimiento, ya que no podemos encontrar tal consuelo en nuestra socialización con la naturaleza. En ese sentido, la causa de nuestro sufrimiento humano, para Marx, está relacionada con las condiciones socioeconómicas de la clase dominada o subyugada (es decir, la clase asalariada). Pero entonces, ¿Marx está suponiendo que sólo la clase oprimida puede ser creyente o que los individuos que pertenecen a la clase dominante al tener sus condiciones materiales resueltas no pueden ser creyentes en un ser supremo? La respuesta es negativa, Marx contempla que existen necesidades espirituales, pero el problema de la religión en Marx radica cuando esta es capaz de cegar a los individuos de la realidad material en la que se encuentran sumergidos, por ende de sus causantes.

Siguiendo con la pregunta de ¿por qué el género humano lo hace?, sostiene el marxismo que al presentársele al ser humano las condiciones materiales que generan las desigualdades como un orden natural, es decir incapaz de cambiar, se crea la necesidad de salvación o de un salvador divino. Es ahí donde el reino de los cielos se presenta como una promesa, ilusoria para Marx, de felicidad más allá de la vida, ya que en esta vida material y concreta es imposible encontrar la felicidad o igualdad esperada por los sujetos.

Dicho esto, ¿cuáles serían para Marx las consecuencias de la alienación religiosa? Primero, la religión, como institución de control y además conservadora del orden social, desvía la atención de los individuos o de la clase dominada sobre las causas reales que generan las desigualdades, entre ellas, las raíces de su situación de explotado. Segundo, incapacita a los seres para cambiar la realidad social y su situación de explotado, ya que le ofrece a cambio el reino de los cielos. Es decir, incuba en los seres humanos la idea de que la felicidad y la igualdad no es posible en el plano terrenal. Además, perpetúa el sufrimiento y la desigualdad, es decir, no hace nada para cambiarlos. Por tanto, esto se mantiene igual, porque es legitimadora del orden establecido. De allí, la frase célebre de Marx, de que la religión es el opio de los pueblos, plasmada en su “Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho”, de Hegel.

Para Marx, Dios no existe más que por la anulación de la humanidad del hombre. Por tanto, para el marxismo, en la praxis, es inútil luchar contra la religión como tal, si no se remonta al mundo real y a la configuración concreta que ha generado la necesidad de la religión. Marx no se opone a la religión como opción espiritual libre de la conciencia humana, sino a una religión que se adapta a las necesidades de la ideología dominante y se convierte en una religión de compensación que asume una doble función: por un lado, la de servir de consuelo a las almas atormentadas de este mundo que sufren día a día los rigores de la opresión y la explotación; por otro lado, la de legitimación del orden establecido, en tanto que se constituye como “aroma espiritual” de un mundo sin corazón, donde la miseria es más que real. En ese sentido, Marx se está oponiendo al rol que adquiere la religión en un contexto social de dominación y de frustración, y parece dejarlo en los textos donde aborda la crítica de la religión como ideología: “Abolir la religión en tanto que felicidad ilusoria del pueblo es exigir su felicidad real. Exigir que el pueblo renuncie a las ilusiones sobre su situación es exigir que renuncie a una configuración de la realidad que necesita de ilusiones” (Tejedor, 2015).

Así como la ciencia y la tecnología son utilizadas de manera instrumental en el sistema capitalista para acelerar la acumulación y circulación del capital, de igual manera es utilizada la religión con el propósito de legitimar el orden social y las relaciones de producción. En ese sentido, su crítica no tiene “ningún sentido epistemológico o teológico” (Tejedor, 2015). Marx no propone una sociedad atea o agnóstica, como sustituto de una sociedad religiosa. Nada más alejado de la realidad. Lo que Marx propone es una sociedad sin las miserias que conlleva toda sociedad clasista. Para ello, los marxistas reafirman su compromiso con toda injusticia social, por lo tanto se disponen a la lucha de clases.

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