La lección Golcher en la CSS

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Periodista Ileana Golcher.

Por Alberto Velásquez
Periodista

Es inaceptable lo que le ha ocurrido a la profesora Ileana Golcher, formadora de periodistas panameños. Independientemente de que se trate de una distinguida personalidad del profesorado nacional, especialista en investigación del proceso educativo, es un hecho patético de lo que está ocurriendo en nuestra más importante institución de salud: la Caja de Seguro Social (CSS).

Como hemos señalado anteriormente, en la CSS se manifiesta el desgreño administrativo más perverso de los últimos años. Escándalos públicos que señalan a una mafia de patronos jugando con los dineros que deducen a sus empleados, pagando una parte y la otra echándosela al bolsillo en contubernio con funcionarios de esa institución. Por supuesto, no son todos los patronos. Es un grupo que sin vergüenza roba dineros, afectando los beneficios de atención médica y, a la larga, la jubilación, el jubileo, de miles de empobrecidos panameños.

La lección que nos plantea el caso Ileana Golcher ha permitido, una vez más, conocer los efectos que tiene la deuda de más de 230 millones que mantienen los patronos con la CSS. La han esquilmado tanto, que no compran a tiempo o con tiempo, no sólo los medicamentos, sino los implementos de medicina y las prótesis. Son deplorables las condiciones en los centros de salud y, por supuesto, el mantenimiento de edificios que se caen a pedazos.  

Además, no hay que soslayar que un grupo de médicos se beneficia cada vez que en la CSS no pude suministrar un servicio adecuado, como en el caso de la profesora Golcher. Mandan a los pacientes a una clínica o a un hospital privado, aumentando los gastos en ese renglón, que al mes de septiembre del año pasado superaba los 377 millones de balboas.

Es una ventana que hace más pobre a los enfermos y más ricos a los galenos. Mientras, se desconoce qué piensan hacer los sindicatos obreros frente a esa situación. Tienen a cuatro representantes en la Junta Directiva Nacional, con sus respectivos suplentes, y no está claro qué harán después de que sean descubiertas las dádivas que reciben por agachar la cabeza. Ojalá uno de ellos responda con valentía, sobre lo que hacen para defender una institución en la que, supuestamente, los verdaderos dueños son los asalariados.

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