La crisis en la Corte Suprema de Justicia

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La crisis en la Corte Suprema de Justicia
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Po Ramiro Guerra

Los fenómenos que dan cuenta de una crisis en los niveles de la superestructura, no ocurren al azar o por combustión espontánea, sino que son resultado de una acumulación de contradicciones que van de lo simple a lo complejo o, como se señala en la dialéctica del conocimiento, de pequeños episodios en número de cantidad. Debido a su acumulación, terminan en saltos que generan crisis, que deben dar lugar a realidades y soluciones nuevas que aseguren un ambiente de paz y trasparencia, o de equilibrio en la sociedad.

Escrito lo anterior, la situación que se observa por los lados de la Corte Suprema de Justicia, expresa el desenlace de lo que venía ocurriendo: una legitimidad social sistemática y permanentemente diezmada por factores, por lo general fuera del control de ese órgano del Estado.

Dicho de otra manera, se trata de una corporación limitada por una estructura de poder que traduce un excesivo centralismo en la toma de decisiones, que limita la independencia y trasparencia en el manejo de la justicia en Panamá. En una ocasión, escuché a un ex magistrado decir cómo no iba a tomar una llamada telefónica al presidente del país, ya que él fue el quien lo nombró en el cargo.

No perdamos de vista lo señalado por Agustín Cueva: “el Estado en nuestra región, sigue siendo una palanca de acumulación capitalista”. Eso lo entienden muy bien los grupos dominantes, sobre todo los más atrasados que operan con mentalidad oligárquica. En grado de determinación, aquí radica una de las fuentes de la corrupción, el funcionamiento del Estado de derecho y sus instituciones político-jurídicas.

La situación descrita que alude al gobierno anterior, llegó a un nivel salvaje y perverso, al punto de que la institucionalidad democrática y sus instituciones fueron reducidas a su mínima expresión, pero su efecto persiste en la actualidad. Prueba al canto: las recientes y estremecedoras declaraciones del magistrado Harry Díaz. Más claro no canta el gallo, desde su gallinero.

En este marco, la justicia, en particular la Corte Suprema, reprodujo las veleidades de un sistema que a otro nivel, sólo sabía operar con un poder que rebasaba los límites que imponía el propio Estado. No se confundan: los gobernantes del período pasado lo llevaron a un nivel que raya en lo esquizofrénico.

Lo más seguro, es que esta crisis que enfrenta la justicia y en particular la Corte Suprema, tendrá incidencia en procesos que se surten en esa corporación y, en particular, los casos contra el ex presidente Ricardo Martinelli.

Las declaraciones del magistrado Díaz, abren una caja de Pandora de recusaciones, que inhabilitarán a integrantes de esa corporación. Varios de ellos tienen denuncias penales en su contra, en la Asamblea Nacional de Diputados.

En el medio social, sobre todo en la comunidad pensante, se conjetura, si esta crisis dentro la Corte Suprema de Justicia remite a meras contradicciones internas entre los actores de esa corporación o responde a contradicciones de factores de poder real, que atraviesan la estructura del Estado e inciden en el fenómeno descrito.

En una ocasión, escribí y señale, que sería un error pensar que el ex no tenía piso. Él fue el intérprete eficiente de una fracción derechista y oligárquica, que desde el poder hizo del Estado su Bingo Nacional. Sigamos la pista al fenómeno. Los grupos económicos atacan cínicamente la corrupción, pero ninguno ataca al ex presidente, salvo excepciones.

Por ello, la lucha contra la corrupción y la impunidad es un componente importante en la contienda democrática, al igual que lo es salvar la justicia o sacarla de su condición de rehén de los factores de poder que hacen de la corrupción su gran negocio.

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