La carta de Ricardo Martinelli y la fábula de la pulga

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La carta de Ricardo Martinelli y la fábula de la pulga

Por Raymond Chandler

En el Popol Vuh, los dioses envían un mensaje a los hombres para anunciarles el cambio de época. Los fundadores del tiempo eligen a una pulga como su mensajera. Pero a la pulga se la come el sapo, y al sapo se lo come una serpiente, y a la serpiente se la come un gavilán que llega volando ante los hombres con el mensaje.

El gavilán vomita a la serpiente; la serpiente al sapo, pero el sapo no vomita la pulga y aduce no saber nada de ninguna pulga, para tergiversar el mensaje de los dioses. Pero los residentes del inframundo nacional, lo acusan de ladrón, lo atrapan, le abren la boca y oculta en su lengua amenazante estaba la pulga.

Y la pulga por fin puede entregar el mensaje a los habitantes del inframundo. El problema es que en el inframundo del lenguaje, el mensaje de la pulga está en lo no dicho, y el sapo quería apoderarse del mensaje de los dioses. El problema es que como en la fábula Martinelli, ya no es dios, aunque amenace con volver a serlo, y en el inframundo panameño, aunque quiera presentarse como el mensajero de los dioses, sus verdaderos enemigos no están en el gobierno de Varela, sino en el clan de los MOTTA, los verdaderos dueños de Panamá, que quieren darle sopa de su propia medicina.

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