La alegría del Evangelio: Un mundo mejor es posible

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El Papa Francisco junto a los creyentes, a quienes propone un mundo con equidad.

La alegría del Evangelio: Un mundo mejor es posible

Por Luis Prescott

El Papa Francisco en la carta que envía a la Cumbre de las Américas dice: “El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia… Hasta que no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad”.

Tres meses después, el Papa Francisco, reunido con los Movimientos Populares de Bolivia, afirma: “Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan los pueblos. Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Tierra como decía San Francisco”.

¿Qué está pasando en la Iglesia Católica?

Desde el inicio de su pontificado, los discursos y las actuaciones del Papa Francisco produjeron expectativas que aumentan con el pasar del tiempo. La mayor de esas expectativas es que la Iglesia como institución y la comunidad de los fieles tengan un mayor protagonismo en la transformación de la sociedad para que todo se haga por el bien común.

Para comprender al Papa Francisco, tenemos como referencia el testimonio de Jesucristo y el Magisterio de la Iglesia.

En el Evangelio según San Mateo, en el pasaje sobre juicio final, el rey (Jesús) dice a los que están a su izquierda (sin connotación ideológica): “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron”. Y con respecto al dinero Jesús nos dice: “Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero”.

Esta es la disyuntiva de la Iglesia Católica: servir a Dios y al prójimo o a los poderes terrenales. El catolicismo, con sus luces y sombras, ha sido una institución que ha impulsado la transformación de la sociedad (luz que ilumina la oscuridad, sal que le da buen sabor a la vida y levadura que fermenta la masa). Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), que puso a la Iglesia en consonancia con la realidad que vivía la humanidad, los Papas han exhortado y conducido a la Iglesia a un mayor compromiso con la justicia social y el bien común.

El primer documento del Papa Francisco dirigido a los obispos, a los presbíteros, a los diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos; es la exhortación apostólica Evangelii Gaudium o La Alegría del Evangelio. Este documento se reconoce como la hoja de ruta y programa del pontificado del Papa Francisco.

La Alegría del Evangelio tiene el objetivo fundamental de hacer una reflexión profunda sobre la evangelización en el mundo de hoy, para lo cual, propone dar un nuevo impulso a la conversión y la renovación de la acción de la Iglesia en la sociedad a la luz del Evangelio, y llama a todos los cristianos a reencontrarnos con Jesucristo y “… salir al encuentro con los demás…con el deseo inagotable de brindar misericordia.” Y es tajante cuando afirma que prefiere “… una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”.

El Papa nos recuerda a los católicos que la Iglesia es el pueblo de Dios y que como proyecto de amor es “… el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio. “Pero, la nueva evangelización que propone el Papa Francisco se va a realizar en una sociedad donde rige un sistema económico y político que genera pobreza, corrupción y, por lo tanto, la injusticia; donde los débiles son cada vez más excluidos y los poderosos se hacen cada vez más fuertes.

Al criticar al sistema económico, el Papa hace una denuncia radical: “Así como el mandamiento de <no matar> pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir <no a una economía de la exclusión y la iniquidad>. Esa economía mata”. También, nos hace un llamado a todos y en particular a los ricos: “¡El dinero debe servir y no gobernar! … los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética a favor del ser humano”.

Para el Papa Francisco, Amar a Dios y creer en su propuesta de amor eterno “… siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra”. Y sigue diciendo el Papa: “… nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional…”.

La Alegría del Evangelio o Evangelii Gaudium es una exhortación, en el nombre de Jesucristo, a la Iglesia Católica y a todas las personas de buena voluntad para que nos comprometamos con la transformación de la sociedad. Nos dice el Papa Francisco: “En la medida en que Él (Dios) logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos”.

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