Juventud

0
19
Jóvenes panameños defendiendo la soberanía de Panamá en la antigua Zona del Canal.

Por Rogelio Antonio Mata Grau
Docente

La pregunta que todos nos debemos formular es: ¿qué juventud queremos? ¿Una juventud que simplemente se concrete a oír y a repetir? ¿Una juventud sin criterio y sin libertad? Esa no es la juventud a la que aspiramos ni creemos. Queremos una juventud pensante, creativa, capaz de enfrentar y resolver sus propios problemas, una juventud que aprenda por sí misma a ser revolucionaria, emprendedora, una juventud que se convenza a sí misma, una juventud que desarrolle plenamente su pensamiento crítico.

La responsabilidad de los adultos es creer en los jóvenes. Nosotros estamos ante la necesidad imperiosa de creer en la juventud, creer en ellos. No es solamente ver la parte juvenil, alegre, distractora e irreflexiva. No es verlos como seres llenos de energías pero incapaces, inexpertos. No es verlos con ese desdén al cual muchos adultos solemos, en algún momento, contemplarlos. Creer en los jóvenes es reconocer en ellos, además de entusiasmo, su capacidad, su intelecto, responsabilidad, carácter, voluntad, amor a su comunidad, amor a la patria, fe en la patria, confianza en sí mismo, respeto a sus ideas y la defensa de las suyas. Creer en los jóvenes es tener la convicción de su gran capacidad para cumplir las tareas que sobre sus hombros a ellos entreguemos.

La juventud es el principal recurso humano de la sociedad, creer en ella es convencernos de todo  lo que nuestros jóvenes pueden hacer, es ver en esa juventud los dignos continuadores de la obra de construcción del país emprendida por generaciones anteriores; es ver en la juventud a mejores continuadores o constructores de la obra social, mejores todavía que nosotros mismos. A partir del inicio del nuevo milenio, los tiempos han estado signados por el proceso de globalización, que aunque avance preñado de síntomas de deterioro predominan aún la aplicación de las políticas neoliberales, el crecimiento de la pobreza, el desempleo y la exclusión los cuales parecen indetenibles. En medio de este escenario, el tema de la participación democrática es un tema ineludible y de tratamiento obligado.   

La juventud se define como una categoría histórica concreta que designa un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social de la sociedad, en particular a las distintas clases y  capas que la componen, a la vez que constituye su segmento más dinámico y móvil. En ese contexto entra la Juventud Panameña. En las gestas por la liberación nacional, desde 1925, 1958, 9 de Enero de 1964, 1977, 20 de Diciembre de 1989, los jóvenes han sido dignos protagonistas de las batallas por la soberanía nacional. A lo largo de la historia, en las formaciones socioeconómicas de las sociedades, los jóvenes son  herederos del pasado, actores del presente y protagonistas del futuro. La etapa actual de la humanidad presenta una elevada y creciente complejidad, caracterizada por la influencia de crisis globales simultáneas de diversa naturaleza: financiera, ambiental, energética y poblacional. Todas originadas por el efecto acumulativo de formaciones socioeconómicas basadas en la explotación de la naturaleza de unos seres humanos por otros.  

Por su carácter progresivo estos elementos implican un reto para la especie humana, pero, especialmente, para las generaciones jóvenes por su carácter de protagonistas del futuro.  

Por ello, las temáticas vinculadas a la juventud se encuentran entre las de mayor importancia estratégica para todas las naciones. Con fuertes particularidades, la sociedad panameña forma parte de esa realidad global y por ello recibe sus impactos, su carácter de sociedad democrática  le otorga fuertes potencialidades ‒no siempre bien aprovechadas‒ para enfrentarlos. Su carácter democrático no hace de Panamá una sociedad perfecta, pero sí perfectible, de manera progresiva, especialmente por estar basado en la ética y la razón, y por su capacidad de integración institucional e inclusión social.

El país, en la etapa actual, padece los efectos e impactos de las crisis globales, unido a las transformaciones de carácter nacional, como el envejecimiento demográfico y la sucesión generacional. La confluencia de dichos elementos imprime en este período de elevada complejidad a la sociedad panameña. Su enfrentamiento y asimilación se encuentra entre los principales factores que han dado inicio al proceso de cambios del modelo socioeconómico. A ello podría añadirse que la juventud está llamada a ser fuerza motriz y protagonista de una nueva época. En carta dirigida al Senador Edward Kennedy el 7 de mayo de 1970, el General Omar Torrijos le señala: “Cuando era Capitán, sofoqué un levantamiento guerrillero dirigido por jóvenes estudiantes y orientado por una causa justa. Fui herido. El más herido de mi grupo y también el más convencido de que esos jóvenes guerrilleros caídos no representaban ni el cadáver ni el entierro de las causas de descontento que los había llevado a protestar mediante una insurrección armada”. Sí podemos creer en la juventud.

 

No hay comentarios

Deja un comentario