Identidad nacional y la marca Panamá

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Panama Papers

Identidad nacional y la marca Panamá

Redacción Bayano

Omar Torrijos en el Consejo de Seguridad. "Estados Unidos vetó a Panamá, pero el mundo vetó a los Estados Unidos".
Omar Torrijos en el Consejo de Seguridad.
“Estados Unidos vetó a Panamá, pero el mundo vetó a los Estados Unidos”. Video Omar Torrijos en el Consejo de Seguridad
  • La construcción de la nueva democracia en Panamá; aquella que surge después de la invasión de diciembre de 1989, más que una suerte de normas amparadas en la larga tradición democrática de las naciones desde la Grecia antigua hasta nuestros días, ha ido asumiendo connotaciones tan lesseferistas que resulta difícil discriminar entre las buenas intenciones o la maldad premeditada.

La lucha por nuestra identidad, por consolidarnos como nación implicó ante todo presentarnos ante el mundo de manera distinta a la que habíamos sido expuestos desde el famoso “I took Panamá de Teddy Roosevelt. Todavía en fecha tan reciente como 1968, éramos conocidos en el mundo como “canaleros”, y algunos hasta pensábamos que integrábamos el mapa de las barras y las Estrella.

Cuando en marzo 1973, el general Omar Torrijos decía ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que “no somos, que nunca hemos sido, ni nunca seremos estado, colonia o protectorado, ni añadiremos una estrella más a la bandera de os Estados Unidos”, no solo resumía una larga batalla por nuestra soberanía, sino que presentaba ante el mundo, una identidad, un sello, una marca: la marca Panamá.

Después, en ese conjunto de esfuerzos fueron apareciendo una pléyade de intelectuales de todas las tendencias y corrientes, para aportar unidos en torno a la propuesta que lideraba Torrijos sin importar sus diferencias, y se creó un caldo de posibilidades, un escenario de estímulos y creatividades desde donde Panamá proyectó una personalidad. Fueron apareciendo, internamente, los combos nacionales, incluidos los provenientes de la ex zona del canal; Gladys de La Lastra y sus tamboreras egregias, Yin Carrizo y Osvaldo Ayala, y en la cumbre los puños sagrados de nuestros boxeadores: Ismael Laguna, Ñato Marcel, Enrique Pinder, Eusebio y Rafael Pedroza, entre otros, guiados por el coraje de nuestro Mano de Piedra Durán, en tanto Rubén Blades iba haciendo presente en tierras extranjeras el canto y la voz de la marca Panamá.

No se trataba solo de la lucha aislada por el rescate de nuestra soberanía, era nuestra personalidad como Estado Independiente la que afloraba rompiendo el molde colonial que nos había impuesto Estados Unidos y del que había muchos cómplices locales; se fueron rompiendo paradigmas con los aportes de figuras como Reyna Torres de Arauz; de José Franco recuperamos nuestra “Panamá Defendida”, y la negra Alejandrina se convirtió en la alondra del olvidado folklore de los Congos; nuevas plumas se sumaron a la tradición bella de Gil Blas Tejeira y Demetrio Korsi, de Ricardo Miró y Gaspar Octavio Hernández, y aparecieron los Manuel Orestes Nieto, los “Panamá yo si te quiero”, y voces dando un tono popular, porque el proceso que comenzó en 1968 rompió abruptamente con aquellos que veían en el país solo un negocio, y dio continuidad a las mejores tradiciones del pueblo panameño, aunque hay quienes solo vieron en ese periodo la dictadura, como si el aporte de las mayoría panameñas solo fuera un retazo incómodo de aportes de cholos, de indios y de negros sin patria. Era en realidad la marca Panamá que se abría paso, y que Torrijos había decidido abanderar. De eso nadie habla a la hora de referirse a esta etapa de nuestra historia. Parafraseando a Martí; los hombres grandes son como el sol, que dan luz aunque tengan manchas. Los agradecidos ven la luz, los necios solo las manchas.

Así llegamos hasta 1989 con la cruenta invasión que nadie olvida, y con ella la nueva democracia. Una nueva democracia donde el factor corrupción y el latrocinio ha sido el denominador común; donde partidos populares y nacionalistas como el PRD fueron sometidos al clientelismo y la venta de conciencias, y donde los partidos tradicionales se aprestaron como lobos hambrientos, a devorar la riqueza construida y conquistada durante el periodo de la “dictadura”.

¿Y qué ha pasado? Que aquellos que cuestionaron a la dictadura ahora se han convertido en la principal amenaza a la marca Panamá heredada del proceso. Hace semana y media más de 100 periódicos del mundo dieron a conocer los llamados “Panama Papers”, en un intento por darle otra marca a Panamá, con el aval de una firma de abogados que, inmersa en la legalidad tramposa del sistema, nos ha convertido en el hazme reír de la comunidad internacional, como si la gran mayoría de panameños tuviéramos que ver con sus falacias.

Este país no es ningún “Panamá Papers”; es el Panamá de Amelia Denis de Icaza, de Jaime Heart y Damián Cabrera, de José Manuel Arauz Victoriano Lorenzo; de Dora P. de Zárate y de Ofelia Rodríguez; de Ascanio Arosemena y Dorindo Cárdenas; de Aileen Coparropa y de la lucha por los tratados Torrijos Carter de 1977. De los Juan Antonio Tack y de esas nuevas generaciones que, estudiosa y creativa le dice al mundo: somos la marca Panamá…los papeles sonde otros que siguen viendo en el país el negocio, la trampa y el juega vivo.

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