Hacia un Panamá libre y soberano

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Hacia un Panamá libre y soberano

Rubén Darío Sousa Batista
Dirigente legendario del Partido del Pueblo
y del Movimiento Popular Panameño

El estallido popular panameño, el 9 de Enero de 1964, contra el ejército y Comando Sur norteamericano, así como contra la población colonialista llamada “zonian”, no fue un acto fortuito, aunque las apariencias así lo pinten. Este hecho fue la expresión más profunda de nuestro ser nacional, cincelada por el largo trayecto de los tiempos transcurridos desde hace cinco siglos, a partir de la conquista colonial española-esclavo-latifundista.

El pueblo panameño, cuya verdadera identidad, que dijo presente a 52 eneros transcurridos, se manifestó, no por un arranque de ira casual, sino como la gota que derramó el sentimiento y deseos generado y acumulado a través de hechos históricos sucesivos de origen externo, como el mercado de esclavos regional, el mercantilismo en base al camino de cruces de los conquistadores españoles, la actitud de la aristocracia colombiana que nos consideró un territorio periférico y negociable, con una población discriminada.

Sucesivamente, Panamá fue pieza indispensable para la integración del capitalismo norteamericano con el primer ferrocarril transcontinental del mundo. Por último, en este largo proceso conquistador de este istmo interoceánico y “cintura de América”, los norteamericanos encontraron la herramienta indispensable con el Canal, para pasar del capitalismo nacional al expansionismo imperialista, es decir, la imposición de sus monopolios al resto del mundo.

Esta realidad de la esencia panameña no fue borrada ni eliminada por la conquista esclavista y latifundista española. Tampoco lo pudo lograr, en su turno, la burocracia, oligárquica y latifundista de Colombia. Los norteamericanos, con todo su poder global imperialista, con uno de los ejércitos más poderosos del mundo, no pudieron evitar que esa legitimidad panameña originaria, le estallara trágicamente en la cara, en Enero del 64, poniendo en claro ante el mundo de que Panamá no era sólo un canal ni un “Canal Zone” como nos identificaban en el extranjero, ni un pedazo de tierra tomada por la potencia del norte, como lo declaró su presidente troglodita de comienzo del Siglo XX, de “yo me tomé a Panamá”.

En su estallido, el pueblo panameño demostró internacionalmente que no éramos canaleros, ni mucho menos “zonian”, sino un pueblo pisoteado por el imperialismo y traicionado por sectores locales oligárquicos, burocráticos, por oportunistas que gritaban que “la soberanía no se comía”, para justificar su papel vergonzoso de cipayos.

La actitud rastrera y antipatriótica de esos sectores con poder, a los pocos días del genocidio yanqui, fue coludirse con los matarifes armados con “balas para cazar patos”, para restablecer las relaciones diplomáticas rotas y comenzar unas negociaciones sobre una “nueva relación”.

En esas negociaciones no estuvieron representados los combatientes del 9 de Enero. La negociación la hicieron entre los imperialistas y representantes panameños de las posiciones revisionistas y mercantilistas, ajenas a nuestra larga y rica experiencia patriótica. De esta mezcla fraudulenta surgió un acuerdo llamado “3 en 1”, que por ser más inicuo que el Tratado Hay-Bunau Barilla, fue rechazado flagrantemente por la mayoría de los panameños.

Después de los sucesos del 9 de Enero, el pueblo panameño ya no sería el mismo bajo la mansedumbre impuesta desde arriba por imperialistas y lacayos panameños, y era obligatorio borrar la Zona del Canal y entregar el Canal al Estado panameño.

Esto lo entendió el general Torrijos, al recuperar el poder en diciembre del 69, convirtiendo esta demanda patriótica en una causa de Estado por la vía diplomática. Esta opción liberadora, que él llamó la “religión del pueblo panameño”, fue la tabla de salvación de su retorno.

Estos hechos históricos nos han enseñado que el desarrollo ulterior de la causa libertaria panameña, la que aún esta por completarse, no es obligatoriamente o fatalmente, por una vía catastrófica. Es necesario usar más la vía de la negociación en el marco de un mundo que cada día se hace más integral, racional e interdependiente y que los métodos de “si o si” de los poderosos, están en franca decadencia.

Lo que sembraron los héroes y mártires panameños del 9 de Enero, no es para archivarlo en las páginas envejecidas de la historia, sino para erguirlo como estandarte que guíe la apertura y el andar que hace falta en el presente y que nos conduzca por el porvenir que reclama nuestra Patria de 500 años hacia una vida más justa y libre.

¡Hemos avanzado, la lucha continua!

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