Gato por liebre en Panamá

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Gato por liebre en la economía y la política.

Por Thomas Matthies

Mientras gran parte de la nación continúa en su “luto” sentimental por la derrota de “La Sele” en Orlando, leímos en la decana de la prensa nacional una extensa e interesante entrevista con Felipe Chapman, un economista de larga trayectoria. En la misma, mediante un cuestionario muy bien elaborado, se nos presenta a una posible “figura potable” para las próximas elecciones presidenciales, que desde una óptica “independiente” podría aglutinar a sectores de la oligarquía nacional tradicional y por medio de una buena campaña publicitaría, “hacerlo potable” para los electores descontentos.

No es nada nuevo ni original. Es la copia de lo que se ha practicado en muchos países del orbe para enfrentar la crisis del sistema capitalista. Chapman propone una mejor Educación para salir del subdesarrollo. El mal estado de la Educación nos preocupa a todos. Chapman menciona el problema sin darle contenidos. Sólo habla de una Educación del primer mundo. Sería bueno que la defina, ya que en el llamado primer mundo la Educación es tan deficiente como en otra parte del mundo. Lo digo como padre de dos jóvenes educados en un país del llamado primer mundo y, lamentablemente, puedo atestiguar que esos sistemas educativos no son mejores.

Los niños y jóvenes son formados para ser una pieza más, sin conciencia social o política, sólo orientados a ser exitosos en la vida, y aspirar a tener una vivienda con todos los lujos, un carro, vacaciones periódicas y oros beneficios, pero sin cuestionar al sistema. Es decir, hacen falta más tecnócratas desligados aparentemente del acontecer político social.

La entrevista es interesante, y deja ver las preocupaciones de la oligarquía sobre el futuro del país. Es su manera de contrarrestar la petición de los sectores populares y menos reaccionarios de la sociedad panameña, de una constituyente originaría que reorganice al Estado, de acuerdo con la realidad de la sociedad nacional. Él propone una reforma al estilo Macron, sin tocar la esencia del mismo y sin poner en peligro las posiciones de las clases dominantes de la economía nacional en lo político o económico. Chapman es un tipo muy inteligente, sin lugar a dudas. Por ello, evita en sus respuestas criticar o favorecer a ninguno de los bandos de la oligarquía tradicional, actualmente en pugna. Sólo menciona los problemas y nos da indicios de posibles soluciones.

Así lo hizo Macron, al recoger el descontento general de la sociedad en un movimiento electoral victorioso, por ahora, sin asustar, atrayendo a sectores conservadores de la sociedad, ya que sin bases políticas o electorales propias se nutre del descontento general del electorado tradicional para luego intentar convertir el mismo en una fuerza política real. Esa es la forma de operar de las derechas en tiempos de crisis para evitar los estallidos sociales. Aparentar o brindar soluciones temporales para poderse reorganizar, es la vía pacífica. La otra vía es el fascismo, como ocurrió con Hitler. Lo único que no funcionó, entonces, fue que perdieron el control sobre su “demonio” que habían saltado de la botella.

Pero veamos, ¿es todo esto casualidad? No lo creo. Hay creciente descontento mundial en la sociedad capitalista, mientras los unos siguen fieles a los planes del loco Trump, de buscar una confrontación directa con la República Popular China y la Federación Rusa. Otros, como los Macron, aspiran a un reparto en la mesa de negociaciones, con ambos. Por ello, asegura Chapman que ve positivamente las relaciones con China y dice en qué están interesados en ser parte de las exportaciones turísticas de la China, es decir, gozar. Obtener el 1 % de las mismas, implicaría una entrada adicional de por lo menos unos 1,4 mil millones anuales, con tendencias crecientes de la China.

Además, Chapman no rechaza las inversiones chinas. Es consciente de que para reanimar la economía nacional hace falta dinero fresco, que posee entre otros la República Popular China. Eso se llama pragmatismo tecnócrata. El fin justifica los medios y su fin es elevar el tiempo laboral de los habitantes, la edad de jubilación, mediante el aumento de la productividad y la eficiencia. Todo ello se traduce en menor presencia del Estado en los negocios, o sea desregulación más neoliberalismo. Eso lo dijo él en la entrevista.

¿Qué hacer? Hay que dejarse de pendejadas, como las que surgen alrededor de un partido de fútbol. Es necesario ponerse las pilas y no dejar que nos vendan gato por liebre, ya que blandos o chapados no pierden su esencia reaccionaria y neoliberal. Si las fuerzas honestas de Panamá no se unen, volveremos en cinco años a los mismos lamentos. Está claro que sin las fuerzas sanas de la sociedad, no saldremos de este enredo. Por ello, propongo volver a la senda de Omar: soluciones panameñas para los panameños, mediante la activa participación de las mayorías. Lo demás es cuento.

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