El periodista no debe ser esclavo de su torpeza

Por Garritt Geneteau Periodista y docente universitario ggeneteau@yahoo.es

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El periodista no debe ser esclavo de su torpeza

El manejo y uso de la información, es un fenómeno bastante antiguo y nace con la vinculación la supremacía y la capacidad que se tiene, además de modificar la realidad, siempre enfrentando el poder económico y político.

En los siglos XVII y XVIII, ese poder los ejercieron países como Francia, Inglaterra, Alemania y Holanda, y esa fuerza lo constituía la iglesia, la monarquía y la burguesía, en contra de los intereses del pueblo. En pleno siglo XXI, la situación sigue igual, pero con la integración de influyentes medios tecnológicos de gran alcance.

La realidad revela que hay periodistas que son instrumentos del poder. Algunos se convierten en serviles de ocasión, sin saber que al final del camino su recompensa por esa actuación anti ética será su despido de la plaza de trabajo y el descrédito. “El periodista no debe ser esclavo de su torpeza”.

La profesión de periodista está íntimamente ligada a la jerarquización de la demanda social, de manera que la respuesta esté a la altura de los merecimientos y urgencias de ese receptor, que es la sociedad. Por ello, acudimos al llamado de una profesión que impone elevarnos, si es necesario, arriba muchas veces de nuestras propias posibilidades físicas o materiales, para garantizar el éxito del papel que se debe jugar como orientadores de la sociedad.

Se puede ser un buen profesional del periodismo o de cualquier profesión que hayamos escogido, cuando se ha tomado conciencia de que la solidaridad va más allá de lo coyuntural. Solidaridad significa sentir dentro y nos sintoniza con el otro, en su dolor, en su alegría, la adversidad, en sus fracasos y triunfos.

Es decir, empatía que no se forja en las aulas de clases, no se lee en ningún texto, no aparece, como por arte de magia en los pergaminos otorgados al final de una carrera académica. En realidad, se nutre del diario vivir respecto a los demás, porque vivir la profesión es un valor intrínseco y agregado para aquel que trata de aprenderla aprehendiéndola y, sobre todo, ejerciéndola con idoneidad y amor a su labor profesional en materia de comunicación.

Como diría el pensador de América “José Martí”: “La libertad es el derecho que tiene todo hombre honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”.

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