El espejismo de la ampliación

Por Alberto Velásquez Periodista. Idoneidad No. 209

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El espejismo de la ampliación

Recientemente, tuvimos oportunidad de presenciar uno de los espectáculos que durante el verano ofrece la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) a miles de panameños, desde las escalinatas del edificio de su centenaria administración.

Uno de los más importantes segmentos del espectáculo estaba vinculado a nuestra historia, desde la época precolombina hasta la presente, relacionada con la ampliación de la vía, en imaginación de muchos, el pozo de petróleo de nuestro país.

La relación histórica fue muy bien lograda, en cuanto a su cronología. Constituyó un gran esfuerzo por transmitir los principales hechos que dieron origen a nuestra nación. Es necesario resaltar el esfuerzo de los talentosos y jóvenes artistas, quienes dramatizaron como era todo antes que decidiéramos involucráramos en la ampliación.

No obstante, creemos que es necesario llamar la atención a los productores de la presentación, que las citas históricas, por su trascendencia, unas tienen mayor importancia que otras.

Le dedicaron mucho tiempo a los períodos del descubrimiento de las américas y la composición de las etnias. Quizás las consideraban más importantes frente a hechos como la separación de Panamá de Colombia, la confección de la bandera, y la trascendencia que tuvo el Incidente de la tajada de la sandía, en 1856.

Sucesos como el 9 de enero de 1964 y el logro del Tratado Torrijos Carter, fueron destacados muy a la ligera, sin resaltar su valor tan especial. Los autores de la producción, quizás orientados por quienes hoy manejan la ACP, no le dieron suficiente importancia.

Percibimos los lineamientos políticos y criterios egoístas de los actuales administradores de la vía interoceánica. Están siendo cuestionados principalmente por confabularse con los administradores anteriores, quienes deliberadamente rebajaron el carácter serio de los asuntos del Canal, cuando comenzaron a reducir el nivel de competencia de sus dependencias.

El Canal siempre tuvo suficiente capacidad para desarrollar sus propias tareas de administración y producción. Desde el momento en que comenzaron a tercerizar sus actividades, brindándole oportunidad a empresas particulares y amigas para hacer negocios en sus instalaciones, se abrió la ventana de la corrupción y ya el Canal de Panamá no sería el mismo sino una cueva para mercaderes que jamás habían apoyado su devolución a manos panameñas.

La Administración del Canal está sesgada hacia intereses que no responden a la lucha generacional que impulsó Omar Torrijos. Olvidan que si no es por su protagonismo hoy no comieran y se llenaran los bolsillos vorazmente, a pesar de que decían que no se comía con soberanía.

Pasaran a la historia como administradores corruptos, que permitieron darle a una empresa en quiebra la licitación para la ampliación. No solo olvidan la verdadera historia sino que han convertido el Canal en un negocio, cuyas mieles jamás han llegado a manos de aquellos panameños de a pie, verdaderos héroes de la historia que lucharon por su soberanía.

Forzadamente, inauguraran las obras, pero a mediano plazo, lo decimos desde ahora, estas serán todo un fracaso, cuyos costos cargaran nuevas generaciones.

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