El desastre del sistema educativo

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Educadores panameños protestan para exigir derechos.

Por Alberto Velásquez
Periodista

A la actual ministra de Educación, Marcela Paredes, la conocimos al principio de su gestión, cuando un grupo de egresados institutores la visitamos para apoyarla, especialmente motivados por el desastre educativo promovido por su antecesora en el cargo.

La anterior ministra, Lucy Molinar, no sólo impidió y censuró libros, y permitió la invasión policiaca en el Nido de Águilas, sino que además inventó programas y desarrolló una gestión que todavía es objeto de investigaciones judiciales. Y como colofón, le dejó al actual gobierno una bomba de tiempo, con los aumentos de sueldo previstos para los educadores.

Esperábamos, como muchos panameños, que con el nuevo gobierno y especialmente en el tema educativo, muchos problemas de arrastre serían solucionados. A la fecha, y seguramente hasta los últimos días de la actual administración, este importante sector de la sociedad finalizará peor que el anterior.

Es reprochable que a tres años de gestión, todavía se registren tantas “escuelas rancho”, en un país cuyos administradores se jactan de ser el de mayor crecimiento de la región. Y engañando a la ciudadanía, pagan cuñas en radio y televisión, señalando que están resolviendo este angustioso problema.

Las complicaciones en Educación no sólo se dan respecto a las condiciones de las escuelas, por cuyo motivo diariamente salen a protestar, conjuntamente, maestros y padres de familia. Es un bochorno y resulta vergonzosa la poca o ninguna atención que se le presta a este problema. Para resolverlo en primera instancia, son los policías quienes reprimen y vejan a educadores que se atreven a reclamar sus derechos en las calles.

La falta de apoyo a la seguridad de los maestros que laboran en áreas de difícil acceso, tanto con el pago de sus sobresueldos, como facilidades de traslado, son elementos a los cuales les dan muy poca importancia oficial. No les incomoda ni siquiera los accidentes que sufren algunos maestros.

La gestión de la actual ministra de Educación ha desilusionado, al igual que el gobierno al que pertenece, que lo único que ha conseguido es bajar aún más la calidad de la Educación Pública, que se enfrenta a corto plazo con el reto de atender a miles de nuevos estudiantes que tendrán que abandonar la Educación Particular y trasladarse a las escuelas públicas, cuyos costos subirán sin control.

El proceso educativo atraviesa uno de los peores momentos. Frente a la serie interminable de problemas sociales y políticos que actualmente dominan el escenario público, no se esperan alternativas que puedan contribuir a darnos la calidad de Educación que tanto necesita ese país.

A través de una nueva comisión de estudio, otra más de las tantas nombradas, se diluye la necesidad de hacer mejoras en el proceso educativo. Se producirá un documento más, quizás el número 30, cuya aplicación será trasladada seguramente al próximo gobierno. Esta es la nueva tónica: dejar tareas para la siguiente administración ‒que siempre es de oposición‒, el desarrollo de lo acordado.

Los fracasos en Educación, no solamente son de los alumnos, sino también de quienes la regentan. Como cada ministro tiene su librito, esta última gestión de las escuelas extendidas, implementada con muy poca planificación, les ha explotado en la cara. Y así, sucesivamente, mientras no se logre un empeño genuino, los programas que intenten implementar naufragarán, lamentablemente, en el sector más importante para el desarrollo del país.

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