EDITORIAL: Panamá ante la crisis migratoria

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Panamá ante la crisis migratoria

Sorprendido por una avalancha humana de migrantes cubanos y africanos, el gobierno de Panamá ha quedado en situación de abandono, respecto a una solución regional a este problema. La falta de una política migratoria clara, definida y consensuada, sobre los refugiados, y la pérdida gradual de imagen y de antiguos liderazgos, ha contribuido a aislar a este país en el ámbito hemisférico.

Este mes, en un abierto desafío a la Convención de Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados, de 1951, Costa Rica expulsó a territorio panameños a centenares de migrantes africanos que intentaban seguir viaje hacia Estados Unidos. El hecho ocurrió horas después de que más de 1.000 migrantes cubanos que habían cruzado el puesto fronterizo de Paso Canoas, fueron enviados de regreso a Panamá por agentes policiales costarricenses.

En ambos casos, Panamá tuvo una respuesta tibia hacia Costa Rica, país con el que en marzo de ese año acordó el traslado, por vía aérea, a México de 1.200 migrantes cubanos, para concluir oficialmente una operación con “excepcionales medidas” humanitarias. El gobierno costarricense ha sido descortés, inamistoso hacia Panamá, en el tratamiento de un asunto de importancia internacional, que no admite gestos hostiles, unilaterales y arbitrarios.

La Cancillería panameña debió advertir a los rectores de la política exterior costarricense que la protección internacional de refugiados comienza por garantizar su admisión en un país de asilo seguro, y que ello implica el reconocimiento del asilo y asegurar el respeto de sus derechos fundamentales, incluido el derecho a no ser regresado forzosamente a un país donde su seguridad o supervivencia estén amenazadas (principio de no devolución, o non refoulement).

La protección del migrante termina únicamente con la obtención de una solución duradera, como la repatriación voluntaria y en condiciones dignas y seguras al país de origen, la integración local en el país de acogida, o el reasentamiento a un tercer país de asilo. Aunque que este no es exactamente el caso ventilado, el principio de protección está inmerso en los acuerdos internacionales, que Costa Rica ha pasado por alto con una gran desfachatez.

Sin prueba alguna, de que los migrantes africanos hubiesen transitado por suelo panameño, los detuvo y envió a Panamá, para quitarse de encima lo que considera un “peso muerto” o una “carga” para sus nacionales. En cambio, ha abierto las puertas a ciudadanos europeos que llegan a ese país con el pretexto de invertir, aunque algunas veces terminan convirtiéndose en “indeseables”.

Además de enfrentar la crisis migratoria, Panamá requiere fortalecer su política exterior, ganar respeto y liberarse de los dictados de Washington que promueve migraciones masivas a través de la Ley de Ajuste Cubano y normas que estimulan la emigración de Cuba hacia Estados Unidos, incluida la política Pies secos-Pies mojados, y el Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos. Es hora de ponerse los pantalones largos en materia de política exterior y definir una política migratoria clara y sin dobleces.

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