EDITORIAL: Hay que fijar el rumbo del país

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Hay que fijar el rumbo del país

En Geografía, el rumbo es la dirección considerada en el plano del horizonte y, principalmente, cualquiera de las comprendidas en la rosa de los vientos. Rumbo es también la dirección en la que nos movemos o navegamos. Cuando se pierde el rumbo, no exponemos a la incertidumbre, al riesgo y al extravío, y es lo que parece haber ocurrido en el ámbito político panameño, donde la bruma y el aislamiento impiden ver con claridad el horizonte.

La falta de una dirección clara, se refleja en la notoria ausencia de fortalezas, coordenadas y un timonel con experiencia para navegar en aguas turbulentas. Las sacudidas de la nave del Estado no generan confianza ni en la tripulación, ni en los que son llevados en un viaje repleto de amenazas externas y desafíos.

Panamá ha enfrentado con escasos recursos imaginativos los ataques a su sistema financiero, convertido en blanco de los generadores de escándalos mediáticos que aumentan el riesgo reputacional del país, en circunstancias en que las potencias hegemónicas vuelven a disputar los mercados mundiales. La respuesta oficial, aunque bien intencionada, ha sido insuficiente y requiere un análisis exhaustivo del contexto internacional, para que sea efectiva y firme.

Los denominados “Papeles de Panamá” son sólo una muestra de lo que nos espera a todos en el futuro. Ello demuestra, además, que el diseño de una estrategia de país es vital y urgente para consolidar los objetivos nacionales, ante ataques que vulneren la economía de servicios e introduzcan elementos desestabilizadores. El país necesita corregir su rumbo, frenar la corrupción y empinarse para encarar los principales retos de gobernanza y estabilidad.

La fortaleza nacional pasa por el tamiz de la equidad, del respeto a los derechos humanos y la defensa de la soberanía. Claudicar en las conquistas sociales, haría más débil al gobierno y sus instituciones. El pueblo organizado y los frentes de masa tienen el deber de defender al Estado del expolio y la extorsión foránea, y a no dejarse avasallar nunca, ante la voracidad que se dibuja en el horizonte. En ese sentido, se necesita un rumbo para avanzar, y no para retroceder.

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