Se derrumba el mito de la “chispa de la vida”

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Bebidas de Cola cada vez más en la mira de los investigadores.
  • El consumo de refrescos de Cola aumenta los riesgos de cáncer, revela estudio científico realizado en Estados Unidos.

 

  • En Panamá, muchos apuestan a la limonada con raspadura (panela), como una bebida más sana y refrescante.

 

Análisis hecho por Consumer Reports y la Escuela de Salud Pública de John Hopkins Bloomberg, sobre el consumo en Estados Unidos de refrescos, concluye que el 4-MeI que contiene el caramelo que da color a las bebidas de Cola puede aumentar los casos de cáncer. Por ello, aconseja tener cuidado con los refrescos y alimentos con colorante color caramelo en sus listas de ingredientes.

A continuación, Bayano digital reproduce el artículo de Consumer Reports sobre el estudio mencionado.

Cada día, más de la mitad de los estadounidense entre los seis y los 64 años de edad consumen bebidas gaseosas en cantidades que podrían incrementar su riesgo de padecer cáncer.

Esto de acuerdo a un análisis sobre el consumo nacional de refrescos hecho por Consumer Reports y la Escuela de Salud Pública de John Hopkins Bloomberg. ¿Por qué? Las bebidas gaseosas de cola y otras de color café a menudo se hacen con colorante color caramelo y algunas contienen 4-metilimidazol (4-MeI), un cancerígeno potencial.

El análisis viene después de unas pruebas que hicimos en 2013, para medir el 4-MeI en los refrescos. Tomamos 110 muestras de diferentes marcas de refrescos de cola y otras compradas en California y la región metropolitana de New York.

Excluyendo un refresco transparente utilizado como control, los niveles promedio de 4-MeI en las muestras fueron de 3.4 a 352.5 microgramos (mcg) por 12 onzas. No hay un límite federal para la cantidad que puede haber en bebidas y alimentos pero California requiere a los productores  que etiqueten los productos que se venden en el estado con una advertencia sobre el cáncer si exponen a los consumidores a más de 29 mcg de 4-Mel por día.

Nuestras pruebas proporcionaron una imagen del mercado y aumentaron las preocupaciones entre nuestros expertos. Entregamos esos hallazgos a la oficina del fiscal general en California y solicitamos al gobierno federal que estableciera límites para el 4-MeI en los alimentos.

En nuestro estudio reciente, estimamos que el consumo de refrescos en un periodo típico de 24 horas, analizando siete años de información del National Health and Nutrition Examination Survey, una encuesta nacional sobre salud y nutrición. Combinamos la información con nuestros descubrimientos del 4-MeI del 2013 para estimar el riesgo potencial de cáncer.

Para aquellos que beben refrescos en cantidades importantes, la ingesta promedio va de 1 a casi 2.5 latas de 12 onzas. Nuestro análisis mostró que a estos niveles de consumo, podríamos esperar ver de 76 a 5,000 casos de cáncer en EE.UU. a lo largo de los próximos 70 años, por exposición al 4-MeI.

“Pensamos que ningún aditivo alimenticio, particularmente aquel cuyo único propósito es agregar el color café a los alimentos, debería aumentar el riesgo de las personas de contraer cáncer,” dice Urvashi Rangan, Ph.D., directora ejecutiva del Centro de Sustentabilidad y Seguridad de los Alimentos de Consumer Reports.

Las bebidas carbonatadas con color caramelo contribuyen al 25% del 4-MeI en la dieta de las personas de más de 2 años, más que cualquier otra fuente. El aditivo se encuentra en una variedad de alimentos también, incluyendo productos horneados, salsas obscuras (como salsa de barbacoa y de soya, por ejemplo), miel de maple para panqueques y sopas. No sabemos qué tipo de color caramelo se utiliza en estos alimentos o cuánto 4-MeI contienen, pero es evidente que muchas personas ya están ingiriendo cierta cantidad sólo de los refrescos que es lo suficientemente significativo como para causar alarma.

CONSULTORES Contactamos a autoridades de salubridad e investigadores médicos por todo el país. Aquí aparecen algunos de los expertos consultados este mes:

MARIE A. BERNARD, M.D., Directora Adjunta, experta en envejecimiento; National Institute on Aging, Bethesda, Md.

NEIL M. BRESSLER, M.D., Profesor de oftalmología; gerente de la división de retina, Wilmer Eye Institute, John Hopkins University School of Medicine, Bethesda, Md.

EMILY Y. CHEW, M.D., Directora Adjunta, división de epidemiología y aplicaciones clínicas, National Eye Institute, Bethesda, Md.

R. LINSY FARRIS, M.D., Profesora de epidemiología clínica, Columbia University College of Physicians and Surgeons, New York City.

ANDREW G. IWACH, M.D., Profesor clínico asociado de oftalmología, University of California, San Francisco; director, Glaucoma Center de San Francisco.

ROGER S. NASCI, PH.D., director, rama de enfermedades arbovirales, Centers for Disease Control and Prevention, Fort Collins, Colo.

THOMAS T. PERLS, M.D., profesor asociado de medicina, Boston University School of Medicine; director, New England Centenarian Study.

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