Disidencia deportiva

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Los Acereros y los Cafés, de Pittsburgh y Cleveland, respectivamente, decidieron arrodillarse durante la ejecución del Himno Nacional estadounidense. (Foto: AP/Ron Schwane).

Disidencia deportiva

Por David Brooks / La Jornada

Poner una rodilla en el suelo durante el himno nacional antes de un encuentro deportivo se ha vuelto una expresión de disidencia tan fuerte que el comandante en jefe del país más poderoso lo percibe como una ofensa intolerable a la patria, que amerita el despido o alguna sanción contra cualquier jugador. Con ello atletas profesionales (y de equipos de universidades y escuelas públicas y privadas) han detonado un gran debate sobre la violencia gubernamental contra comunidades de color y se han colocado entre los disidentes más efectivos en Estados Unidos.

La ola de protesta en las canchas empezó el año pasado, cuando el ahora ex mariscal de campo del equipo de futbol americano San Francisco 49ers Colin Kaepernick rehusó quedarse parado con una mano sobre el corazón viendo hacia la bandera estadunidense mientras se entonaba el himno nacional, y puso una rodilla sobre la cancha. Explicó poco después: “no me voy a poner de pie para mostrar orgullo ante la bandera de un país que oprime a la gente negra y la gente de color. Para mí esto es algo más grande que el futbol y sería egoísta de mi parte ver hacia otro lado. Hay cuerpos en las calles y hay gente (…) que queda impune”, comentó en agosto de 2016, en referencia a los incesantes casos de afroestadunidenses muertos a manos de la policía, lo cual detonó el movimiento de Black Lives Matter.

Poco a poco, otros jugadores de su equipo, y después de otros, empezaron a hacer lo mismo, hasta que llegaron a ser cientos en diversos equipos durante la temporada.

En septiembre, poco después de iniciar la temporada de la NFL, Trump declaró que cuando un jugador le falte el respeto a la bandera y al gran himno nacional, los dueños deberían decir: saquen del campo a ese hijo de perra. Está despedido.
El vicepresidente Mike Pence llegó a un partido de los Colts contra los 49ers a principios de este mes, e hizo todo un show al salirse –por órdenes de Trump– cuando unos 20 jugadores de San Francisco se arrodillaron durante el himno nacional. Declaró que él y el presidente no dignificaremos cualquier acto que le falte el respeto a nuestros soldados, nuestra bandera o nuestro himno nacional.

La respuesta de la NFL ha sido titubeante y ha culminado con una declaración de que los jugadores deberían permanecer de pie, pero que no les ordenarían hacerlo. Trump, la semana pasada, respondió por tuit: La NFL ha decidido que no obligará los jugadores a ponerse de pie durante el himno nacional. ¡Total falta de respeto hacia nuestro gran país!

Esto inicialmente tuvo el efecto opuesto, con más jugadores que nunca –incluidos casi todos los de tres equipos– que participaron en algún tipo de expresión de repudio al mensaje de intimidación del presidente. En un comunicado de los Seahawks antes de su partido en septiembre, declararon: no nos pondremos de pie para la injusticia que ha plagado a la gente de color en este país. Algunos buscaron alternativas a arrodillarse, como permanecer en los vestidores durante el himno o levantar un puño durante el rito patriota.

Pero también ha habido consecuencias. A Kaepernick no le han ofrecido un contrato esta temporada con ningún equipo desde que concluyó el suyo con San Francisco el año pasado; eso a pesar de que encabezó a su equipo cuando ganaron el Supertazón. Algunos jugadores han recibido amenazas de muerte o han perdido contratos publicitarios.

Mientras, esta ola de disidencia se está extendiendo a otros deportes, sobre todo el basquetbol profesional, cuya liga, la Asociación Nacional de Basquetbol (NBA), a diferencia de la de futbol, recientemente respaldó el derecho de los jugadores a expresarse sobre asuntos sociales.
En la NBA, las estrellas como LeBron James, de los Cavaliers de Cleveland (considerado el mejor jugador de la era actual), Stephen Curry y otros de su equipo campeón, Golden State Warriors –quienes fueron desinvitados a la Casa Blanca por Trump el mes pasado después de que criticaron al presidente–, entre otros, han abordado el tema de la injusticia racial y han denunciado políticas oficiales. El famoso técnico de los Spurs de San Antonio, Gregg Popovich, quien ha sido un crítico feroz de Trump desde el inicio, declaró recientemente en entrevista con Dave Zirin, el columnista deportivo progresista de The Nation, que el hombre en la Casa Blanca es un cobarde sin alma que cree que sólo puede ser grande al disminuir a otros.

Asombró cuando el primer acto de protesta con la rodilla llegó al hockey profesional, el deporte más blanco de todos. Y por primera vez en las Ligas Mayores de Beisbol, un jugador, el novato Bruce Maxwell, de los Atléticos de Oakland, puso la rodilla en el suelo durante el himno en un partido a finales de septiembre.

Una nueva organización de atletas comprometidos en iniciativas comunitarias y políticas: Atletas por Impacto, se fundó recientemente con la participación de estrellas como Michael Bennet, de los Seahawks de Seattle, y atletas profesionales de basquetbol como Maya Moore y Diana Taurase, y del futbol soccer como Megan Rapinoe.

Estas expresiones no son nuevas, pero sí sus dimensiones en las ligas profesionales. Héroes deportivos que se volvieron héroes en las luchas por la justicia social están presentes de nuevo, incluidos el boxeador Muhammad Alí, los atletas de pista Juan Carlos y Tommie Smith (la imagen de los puños en alto en las Olimpiadas de 1968 en México que dio la vuelta al mundo), la campeona de tenis Billie Jean King, los basquetbolistas legendarios Bill Russell y Kareem-Abdul Jabbar, entre otros.

Jabbar escribió hace unos días en The Hollywood Reporter: Nunca me he sentido tan orgulloso de ser parte de la comunidad atlética que cuando jugadores y dueños en futbol, basquetbol y beisbol expresaron unidad pública en su resistencia a las declaraciones racistas, antiveteranos y antiestadunidenses del presidente Donald Trump. Agregó que atletas, junto con otros en la comunidad del entretenimiento, se han convertido en voces confiadas en entregar las noticias (al pueblo) y podrían ser nuestra mejor esperanza para cambiar la dirección de este país.

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