Despilfarros en la Caja de Seguro Social

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Despilfarros en la Caja de Seguro Social

Por Alberto Velásquez

La irrespetuosa intención del director general de la Caja de Seguro Social (CSS), de querer comprarse un automóvil lujoso con los fondos de esta institución, constituyó un acto a todas luces censurable y aberrante, frente a los cientos de asegurados que a diario reclaman medicinas y servicios en esta institución.

Durante los últimos años, la CSS ha estado en manos de funcionarios irresponsables, quienes se burlan de los cotizantes y utilizan sus fondos con fines aviesos, comprobados gracias a las auditorías realizadas por profesionales idóneos en la materia.

La extensa acumulación de hechos que reposan en las fiscalías anticorrupción, más otros expedientes en proceso, demuestran el uso corrupto que se le ha dado a los fondos de la CSS. Ello acuerpado por una directiva cuyos miembros parecen más borregos que defensores de la principal entidad de seguridad social del país.

Los sobornos confesados, igual que la contratación de servicios con sobrecostos o sin uso alguno, solo por el prurito de esquilmar los aportes de los asegurados, se repiten sin el sonrojo de sus administradores, quienes ahora pretenden solucionar los problemas actuarios aumentando las cuotas y la edad de jubilación, a pesar de los millones de dólares despilfarrados en compras exóticas y en el financiamiento de construcciones elefantes sin realizar la planificación correspondiente.

Menos mal que el contralor general de la República parece haberle puesto un freno a la compra suntuaria del actual director general, ya advertida antes en otros artículos. Pero no aprendió la lección. Tampoco ha logrado aprender de los escándalos financieros que están aflorando en la investigaciones sobre corrupción, y que son un espejo en el que se debe mirar y no despilfarrar los dineros de la institución que maneja de forma mediocre, frente a un Ejecutivo que mira para otro lado, con miedo a los graves problemas que rodean el mal manejo de esa entidad.

La situación en la CSS da vergüenza. Varios sectores, empresariales, políticos y de la llamada sociedad civil, se aprestan a diagnosticar la situación, mientras que la gran masa de asegurados sólo sabe quejarse a sus puertas, sin desarrollar acción alguna que ante tanto latrocinio y decisiones descaradas e irrespetuosas, como la compra de vehículos de lujo y el alquiler de ambulancias, como si el pueblo panameño estuviera compuesto sólo por convidados de piedra, que no se atreven a llamarles la atención.

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