De residente a invasor

Por Rafael García Denvers

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De residente a invasor

Y, además de las gracias…No sea mal agradecido

A veces, las aparentes buenas intenciones sirven para ocultar siniestros deseos. Si se hurga en el pasado, en una ciudad caribeña como Colón, es posible recordar que no todo lo nuevo es necesariamente beneficioso, y que “lo bueno” también se puede teñir de oscuridad y tener un toque de desencanto para sus habitantes.

Durante varias décadas, el capital depredador ha intentado desalojar a las familias de las 16 calles de la ciudad de Colón, con el propósito de establecer negocios que lucren del turismo y sirvan a los grandes capitales a través de la instalación de almacenes, cantinas, hoteles, prostíbulos y cualquier otra instalación vinculada a un puerto turístico y mercantil.

Para alcanzar esas metas, se requieren servicios básicos y una infraestructura cónsona con la proyección económica. Ello también es aplicable a los residentes y visitantes. A partir de esa idea, se entiende que la renovación urbana de Colón es necesaria.

Colón Puerto Libre ha sido propuesto como programa de desarrollo lógico y natural en esa ciudad de gran importancia comercial, pero para ello no es necesario desalojar a los antiguos habitantes, muchos de los cuales ocupan vetustos y desvencijados caserones.

El remozamiento y reconstrucción de Colón debe incluir al colonense. Reconstruir la ciudad para beneficio del gran capital, desplazando al nativo, es trasladar la miseria a nuevos escenarios y robarle a la misma su contenido urbano e histórico.

Un proyecto de desarrollo mal concebido puede borrar el escenario donde el pueblo constantemente ha ratificado su sentir de patria.

En el debate del futuro de Colón, hay una versión descarada del despojo: la acción mediática que coloca al gobierno como gestor del bienestar colectivo. Algo similar ocurre, a menor escala, en el barrio de San Felipe, en el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, donde los residentes originarios son una especie en extinción.

Por la envergadura del proyecto, los viejos residentes se convertirán en invasores de grandes y costosas propiedades al servicio de la acumulación de bienes y, por ello, representantes del sector privado sugieren que den gracias al gobierno que los desaloja, según la visión estrecha de los desarrolladores de la iniciativa.

Algunos portavoces oficialistas insinúan que los moradores no deberían ser malagradecidos, ya que tendrán casas nuevas fuera de Colón y podrán ocultar su miseria de la vista de los visitantes, sin afectar el orden establecido del emporio emergente.

Renovación Urbana de Colón y el surgimiento de un Puerto Libre no representan un problema per se. El nudo gordiano está en cómo se integra la respuesta social y son ventiladas las necesidades de la población excluida del usufructo de las riquezas de Panamá.

Los panameños no pueden ver con buenos ojos la rapiña del patrimonio colectivo, que debería ser utilizado con sentido social, en procura de verdaderos objetivos de desarrollo.

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