¿Cómo influye la epidemia de drogas en Estados Unidos a la violencia en México?

0
4
Detenidos por narcotráfico. (AFP-Getty Images-Octavio Nava).

Por Joanna Shubich Green
Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México.

El 26 de octubre de 2017, el presidente Donald Trump declaró una “emergencia nacional de salud pública” por la crisis de opiáceos e instó a tomar medidas para abordar esta epidemia de uso de drogas en rápida expansión. Especialistas manifestaron que, desde hace 5 años, el consumo de heroína alcanzaba cifras alarmantes.

De acuerdo con el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, el abuso de drogas en Estados Unidos sumó alrededor de 59 000 muertes en 2016. Dos tercios de estas muertes están relacionadas con el consumo de opioides sintéticos y semisintéticos, sobrepasando las causadas por armas de fuego (alrededor de 33 000 en el mismo periodo) y casi las mismas ocasionadas por accidentes de tránsito (alrededor de 40 000). Entre 2007 y 2012 el número de usuarios de esa sustancia aumentó 80%, pasando de 373 000 a 669 000; entre 2000 y 2010, las muertes por sobredosis se incrementaron 55%.

Según informes de la Administración para el Control de Drogas (DEA), en el período entre 2008 y 2012, los decomisos de heroína en la frontera entre Estados Unidos y México se multiplicaron por cuatro. En 2015, se incautaron 6.733 kilogramos de heroína contra 2.763 kilos en 2010, lo que pone de manifiesto la epidemia de droga que sufre el país.

Causas

Muchas causas interconectadas han llevado a esta crisis. Algunos especialistas creen que los médicos, así como las empresas farmacéuticas tienen parte de la responsabilidad por el incremento en el consumo de heroína en Estados Unidos, ya que en década de 1990 las farmacéuticas realizaron campañas agresivas para que los médicos prescribieran opiáceos contra dolores crónicos, argumentando que estos no generaban problemas de adicción.

Aparecieron medicinas como el Oxycodone o el Hydrocodone, que fueron promocionadas por los laboratorios como la panacea para el tratamiento de enfermedades terminales y dolencias comunes. Sin embargo, con el paso del tiempo, después de observar las consecuencias de la sobreprescripción y su adicción, se introdujeron más restricciones para conseguir de forma legal los medicamentos contra el dolor, pero quienes padecen de una dependencia optan por consumir heroína, ya que su efecto es más potente y su precio es más económico. Adquirir medicamentos opiáceos como la oxicodona en el mercado negro tiene un costo de 80 dólares, mientras que una papelina de heroína se puede conseguir en la calle por 10 dólares.

Otra causa es el aumento del desempleo que estimula el uso de opiáceos recetados, las farmacias en línea juegan un papel cada vez más importante porque suministran opioides recetados a los pacientes de forma ilegal. Por otro lado, se indica que las salas de emergencia juegan un papel importante en la crisis de opiáceos, ya que son una fuente notable de prescripción excesiva de opiáceos, a menudo con consecuencias mortales. La sobredosis de narcóticos es la octava causa de muerte en una semana después de una visita a la sala de emergencias. En la actualidad, hay más de 300 000 visitas anuales estimadas por el departamento de emergencia por sobredosis de opioides.

Perfil del consumidor

Theodore J. Cicero, profesor de neurofarmacología de la Universidad de Washington, en Saint Louis, Missouri, indica que este fenómeno afecta mayoritariamente a ciudadanos blancos (90%) de clase media o media alta a quienes les prescribieron analgésicos opiáceos. Los consumidores de heroína pueden presentar una baja autoestima y padecen problemas de ansiedad o depresión. Al tomar heroína se sienten mejor consigo mismos y son más capaces de socializar. Se señala que, las personas de entre 45 y 64 años representan 40% de todas las muertes por sobredosis de drogas, y la mayoría de estos casos involucraron a personas que recibieron recetas legítimas de proveedores médicos. Muchas veces, los que trafican son jóvenes blancos que venden la droga a sus propios amigos para ganar un dinero extra.

The Daily Caller

La analista Carol Graham, del Instituto Brookings advierte que los blancos sin educación de mediana edad en áreas rurales tienen los niveles más altos de estrés, preocupación y desesperación reportados y han experimentado el aumento más severo de mortalidad prematura debido a muertes prevenibles como suicidio, opiáceos y otras sobredosis de drogas, y enfermedades cardíacas, hepáticas y pulmonares. Estas muertes ocurren con mayor frecuencia en los estados del “cinturón de opiáceos” del centro: Dakota del Norte, Dakota del Sur, Idaho, Kentucky, Missouri, Montana, Virginia Occidental, Wisconsin y Wyoming.

Papel de México como proveedor de heroína.

Los productores combinan la heroína con opioides sintéticos (fentanilo, cartentanil y la oxicodona) para que la dosis sea más adictiva y barata de producir. Por ello, la demanda de estas sustancias se ha incrementado y los beneficios son muy altos, lo que es extremadamente rentable para el tráfico de heroína y fentanilo hacia Estados Unidos.

Actualmente, 90 % de la heroína que entra a Estados Unidos proviene de México. Este país enfrenta a una lucha contra el auge de la producción de amapola (planta de la que sale la goma de opio), base para crear heroína. Cada vez más bandas criminales se disputan el control de tierras donde se cultiva esta planta. Así, los narcotraficantes han invadido Guerrero, ya que el clima proporciona buenas plantaciones de dicha planta, lo que desata una lucha para controlar los campos de plantación. Por ello, la violencia en esta zona ha aumentado en los últimos años, con el propósito de controlar la producción.

La violencia en México va de la mano con la demanda de la droga en Estados Unidos. Además, México es uno de los principales proveedores y productores de opiáceos y heroína debido a varios factores: la inexistencia de Estado de derecho que favorece la corrupción, un Estado débil, la alta pobreza y desempleo, la mala calidad educativa y falta de oportunidades laborales, la falta de preparación y profesionalización de los cuerpos policiacos, las redes de complicidades entre autoridades y narcotraficantes y las grandes ganancias obtenidas por la producción y venta de estupefacientes.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas, el aumento del consumo de heroína en Estados Unidos, ha disparado el cultivo de amapola en México hasta convertirlo en el tercer mayor productor del mundo, después de Afganistán y Myanmar. Por ello, ha amentado la violencia en México, especialmente en Guerrero. Los cultivos de esta planta en nuestro país alcanzaron las 32 000 hectáreas en 2016, equivalente a alrededor de 81 toneladas. En México, las plantaciones y producción de amapola han crecido 800% en una década.

La DEA apunta que las organizaciones criminales mexicanas están expandiendo sus actividades al este y el medio oeste de Estados Unidos. En su visita a México, el Secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, y el Secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, reconocieron que la culpabilidad de la violencia en México es producto del consumo de drogas en su país. Mientras exista demanda por parte de estadounidenses adictos, la oferta en México seguirá creciendo, así como la violencia.

Propuestas ante la crisis

No hay soluciones sencillas para esta problemática, mientras la producción de narcóticos siga siendo tan rentable y tan demandada, habrá estímulos para su producción. Estados Unidos y México tienen responsabilidades compartidas en este problema y eso requiere de soluciones compartidas y mucha cooperación.
Asimismo, son necesarias soluciones integrales para que esta crisis abarque a toda la cadena: desde la producción, restricción del tráfico, educar a distintos actores, e informe a médicos, pacientes, sociedad, jóvenes, sobre el peligro de las drogas para disminuir la demanda de estas sustancias. Incluso, el presidente Trump propuso que el gobierno produciría “publicidad realmente dura, realmente grande” para persuadir a los estadounidenses a no usar opiáceos.

Es esencial ofrecer acceso a tratamientos efectivos de adicción a los opioides y apoyos para los adictos. Para ello, la Casa Blanca creó la Comisión de Combate a la Drogadicción, que liberó fondos para poner en marcha medidas para combatir la epidemia. Los fondos se destinaron al seguro médico de las personas, Medicaid, para que cubra la adicción de los estadounidenses que lo necesiten, debido a que actualmente existe una regla que impide que Medicaid financie muchos servicios de rehabilitación de drogas.

La designación de una crisis de salud pública permitirá que se destine parte del dinero de la subvención para combatir el abuso de opioides, aumentar la contratación de especialistas y que se extienda el uso de servicios de telemedicina para tratar a las personas en áreas rurales arrasadas por el uso de opiáceos, donde hay escasez de médicos. El presidente Trump dijo que se debe capacitar a los médicos, así como a los prescriptores con empleo federal para que puedan recetar de forma segura los opioides. Asimismo, propondrá una nueva iniciativa federal para desarrollar analgésicos no adictivos, así como intensificar los esfuerzos para frenar los envíos de fentanilo de China y México, así como su producción en Estados Unidos.

Retos

Sin embrago, Trump aún no ha nombrado a los jugadores centrales que deben concretar dichas medidas tales como: el “zar antidrogas” para dirigir una estrategia más amplia sobre los opiáceos y un secretario de Salud y Servicios Humanos que debe diseñar políticas e identificar fuentes de financiación. El Departamento de Salud y Servicios Humanos debe negociar precios más bajos para la naloxona, un medicamento que contrarresta rápidamente los efectos de las sobredosis de opiáceos. Los legisladores y las organizaciones de salud pública y antiadicción han argumentado que tal medida es crucial para ampliar el acceso a la droga.

En conclusión, no es un tema de fácil solución y debe tener una visión multidisciplinaria. Se deben proponer distintas estrategias y enfoques para su disminución, dependiendo del enfoque, corresponde una estrategia de acción.

Yoanna Shubich Green es licenciada en Relaciones Internacionales y maestra en Estudios Internacionales y Diplomacia. Trabajó en la Embajada de México en Estados Unidos, en la Cámara de Diputados, en la Procuraduría General de la República y en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es columnista de la sección Foro Internacional Anáhuac de la sección Global del Excélsior y en la Revista Consultoría, Industria del Conocimiento. Además, es comentarista en programas de análisis de actualidad internacional en radio y televisión. Es conferencista en el Museo Memoria y Tolerancia y Coordinadora Académica de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México. Sígala en Twitter en @yoannashubich.

No hay comentarios

Deja un comentario