Cómo explicar a los niños los escalofriantes ataques de animales

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Dos pequeños observan la estatua de una gorila y su bebé, en el Zoológico de Cincinnati. (Foto: John Sommers II, Getty Images).

Cómo explicar a los niños los escalofriantes ataques de animales

Por Jason Bittel | National Geographic

Si tienes hijos, es probable que los incidentes recientes entre niños y animales te hayan causado terror.

Hace una semana, un niño de dos años murió cuando un caimán lo arrastró a una laguna artificial cerca de un hotel Disney en las afueras de Orlando, Florida. Esa muerte ocurre pocas semanas después que otro niño cayera en un recinto del Zoológico de Cincinnati, obligando a los funcionarios a matar a un gorila occidental de llanura, temerosos por la seguridad del menor.

Si bien se ha escrito mucho atribuyendo culpas y proponiendo soluciones alternativas, tal vez debamos plantearnos otra pregunta: ¿Cómo explicar a nuestros hijos los encuentros escalofriantes, y a veces mortales, con la fauna salvaje?

“Fue una situación tan trágica, que jamás encontrarás las palabras para hacer que desaparezca por arte de magia –dice Melina Gerosa Bellows, directora ejecutiva de educación en National Geographic–. Pero algo que pueden hacer los progenitores, es asegurar a sus niños que mamá y papá hacen todo lo posible para mantenerlos seguros”.

Aunque a veces esos incidentes son espantosos y tristes, Bellows sugiere que los progenitores podrían aprovecharlos como oportunidades de enseñanza.

“Hablamos de respetar y cuidar del medio ambiente –agrega-. Pues bien, los animales son parte del medio ambiente, y nunca debes acercarte demasiado a un animal salvaje”.

Un sano respeto

Después de 40 años de estudiar y cuidar animales, Jack Hanna dice que todo se resume en una palabra: respeto.

Antes de entrar en un zoológico o cualquier área donde haya un animal salvaje, los progenitores deben hablar con sus hijos sobre las expectativas, prosigue Hanna, director emérito del Zoológico y Acuario de Columbus, Ohio, y anfitrión de numerosos programas de televisión enfocados en la vida salvaje.

“Este es el hogar del animal –dice–. No puedes gritar. No arrojes maní. Tienes que respetar su casa”.

Y ese ejemplo no se limita a elefantes y osos, porque lo más probable es que los niños encuentren perros con mucha más frecuencia que un animal exótico.

Razón por la cual, Hanna recomienda enseñar a los pequeños a pedir permiso, siempre, antes de acariciar a un perro, y enseñar al niño que, bajo ninguna circunstancia, acerque su cara al hocico del animal.

“No importa qué tipo de perro sea –insiste–. Tal vez el dueño diga, ‘Adelante, mi perro jamás ha mordido a alguien’. Pero ese no es el tema. El tema es que puede morder”.

Sinceridad: la mejor política

Además de asegurar a los niños que incidentes como estos son extraordinariamente raros, y enseñarlos a evitar el peligro, les serviría de mucho entender algo de la biología de un animal.

“Creo que no hay más alternativa que decir la verdad a los niños, de una manera tan amorosa y sensitiva como sea posible”, sugiere Gerry Bishop, ex editor de la revista infantil Ranger Rick, una publicación de la Federación Nacional de la Vida Silvestre de Estados Unidos.

“En el caso del caimán, la verdad es que es un depredador que caza por instinto, y captura y come lo que puede”.

Mas eso no significa que debamos enseñar a los niños que los caimanes y otros animales son máquinas asesinas implacables. Por el contrario, debemos ayudarles a entender que las conductas animales, como depredación o defensa, son naturales.

“Es lo que deben hacer para sobrevivir –señala Bishop–. (Un caimán) no puede distinguir entre un humano pequeño y un mapache”.

Por supuesto, los progenitores deben tomar las decisiones más convenientes para ellos y sus familias, y no todos estos consejos son adecuados para todos; en particular, tratándose de niños muy pequeños. No obstante, quizás los incidentes de Florida y Ohio tienen una moraleja para todos los progenitores.

Al menos, “son un recordatorio poderoso de que deben abrazar a sus hijos todos los días, y decirles que los aman –concluye Bellows–. Porque nunca se sabe”.

1 COMENTARIO

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