Ciudadanos en pie de lucha en defensa de la cuenca del río Juan Díaz

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Ricardo Vega.

Ciudadanos en pie de lucha en defensa de la cuenca del río Juan Díaz

  •  Ciudadanos cuyas vidas y propiedades están amenazadas por la expansión irracional de la urbe y la destrucción de humedales en la costa del Pacífico, se han declarado en pie de lucha en la comunidad de Juan Díaz, en las afueras de la capital panameña.
  •  La consigna es defender los derechos sociales, la seguridad colectiva y proteger los deteriorados ecosistemas de la voracidad del sector inmobiliario y de multinacionales que usurpan tierras inadjudicables.

Por David Carrasco

Las inundaciones en 2015 dieron la voz de alarma cuando los habitantes de la comunidad de Juan Díaz sintieron que el agua desbordada les llegaba al cuello. Todos se percataron de que era el resultado de una crónica de una inundación anunciada, a causa de la destrucción de humedales y la apropiación de la franja marino costera que protege las zonas bajas de la Ciudad de Panamá.

Ricardo Vega, integrante del Comité de Moradores de la Cuenca del Río Juan Díaz lo recuerda perfectamente. Megáfono en mano ha recorrido las localidades, denunciado que los abusos del sector inmobiliario anticipan desastres. Este año, la calamidad ocurrió de acuerdo a lo previsto, y muchas personas vieron esfumarse bajo las aguas el esfuerzo de toda una vida.

Vega resaltó que las actividades del Comité han recibido el respaldo popular y los moradores están más decididos que nunca a luchar a favor de un ambiente sano y seguro, y proteger los manglares de la devastación emprendida por compañías sin escrúpulos que buscan el lucro por encima de las necesidades de la población.

Indicó que uno de los detonantes del desastre son las edificaciones y rellenos realizados a desnivel, sin ningún tipo de criterio técnico, a un costado del Corredor Sur, lo que ha transformado a Juan Díaz en un “corregimiento inundable”, con zonas de alto riesgo, cuando coinciden las mareas altas en el Pacífico y fuertes precipitaciones.

“Ha sido demostrado, por parte de diversos especialistas, que esas construcciones no tienen un diseño adecuado para que las aguas desemboquen donde tienen que llegar. Por el contrario, hacen que se regresen e inunden zonas habitables. Hoy, se pueden contar en miles a las personas afectadas en una veintena de comunidades”, acotó.

En 2013, el Centro de Incidencia Ambiental (CIAM), llamó a las comunidades de Juan Díaz a no permitir la reducción del patrimonio del país a beneficio de unos cuantos, disminuyendo de 85.652 hectáreas a 75.332 hectáreas de la superficie de la actual área protegida de la Bahía de Panamá. La convocatoria fue un claro rechazo a un proyecto del presidente Ricardo Martinelli.

Sin embargo, Vega aduce que los desafíos de la población de Juan Díaz siguen planteados, porque hay un ambicioso proyecto para ocupar extensas zonas de humedales para la expansión aeroportuaria en el sector Este de la capital panameña y la instalación de multinacionales y operadores del sector logístico. A ello se deben las repetidas y persistentes marchas organizadas por el Comité.

Vega indico que la madera extraída del manglar es utilizada en la industria de la construcción, lo que revela la magnitud del problema ecológico. Una inspección a una de las áreas costeras confirmó la tala de unas 20 hectáreas de manglar. “En ese sentido, instamos al gobierno a que cumplan el compromiso asumido por Panamá en la COP 21, de proteger a los manglares en Panamá”.

Añadió que prosigue la práctica de otorgar permisos de construcción en esas áreas, incluidas Tocumen y Pacora, lo que revela la falta de criterios serios en materia ambiental. “Expresamos, con mucho pesar, de que aunque ha sido demostrado el daño causado por las construcciones, no ha habido manera legal de paralizarlas”, precisó el dirigente comunitario,

Agentes oficiales recomendaron la creación de tinas para captar el agua fluvial antes de que inunde las comunidades, pero Vega estimó que ello no resolverá el desastre provocado por el crecimiento estimulado por empresas constructoras e inmobiliarias. Asimismo, cuestionó a grupos que intentan convencer a moradores de que vendan sus lotes y propiedades, y abandonen el área.

La tala de manglares ha tenido otro efecto pernicioso: una debilidad en la capacidad del país para enfrentar el Cambio Climático y proteger a la pesca artesanal y la industria camaronera, al privarla de los territorios más productivos para sus actividades. Muchas especies playeras y acuáticas se reproducen en los manglares.

El dirigente comunitario aseguró que no es un enemigo del desarrollo, sino del crecimiento absurdo y desordenado. Sostuvo que la realidad ha llegado a un punto crítico, en el que no se puede tolerar la impunidad de los que dañan a la población y le restriegan en el rostro cómo se enriquecen destruyendo los manglares. Por ello, ha emprendido una campaña de docencia ecológica.

Los río Tapia, Juan Díaz y Matasnillo se desbordan ahora con frecuencia. Las aguas fluviales no tienen una salida natural al Pacífico, porque los rellenos taponan las salidas al mar. “Ese hecho deprecia las propiedades en barriadas enteras, y los moradores deberían saber que son considerados sujetos de venta, lo que para el Comité en pie de lucha es inaceptable”, recalcó Vega.

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