Cinco años después, Fukushima permanece rodeada de historias no contadas

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Cinco años después, Fukushima permanece rodeada de historias no contadas

Por Fei Liena, Feng Wuyong, Yang Jun

Beijing, may (Xinhua) – Frente al gobierno local de la aldea de Iidate, en la prefectura japonesa de Fukushima, hay un gran dispositivo de medición de radiación. En su inmaculado panel parpadea un número en color rojo: 0,38 microsieverts por hora.

El lugar se encuentra a unos 40 kilómetros de la planta nuclear Fukushima Daiichi, paralizada a consecuencia del monstruoso tsunami causado por el terremoto de marzo de 2011.

Mirando a la pantalla, el voluntario Yoichi Tao, físico especializado en gestión de riesgos, sonrió de forma burlona. “La cifra es demasiado baja”, dijo Tao mientras apuntaba a otro dispositivo de medición más humilde ubicado no muy lejos.

“Es un dispositivo de medición que montamos nosotros mismos… La medición de la radiación es 8-10 veces la cifra oficial”, precisó.

Existe un gran contraste entre el sentimiento de Tao y las declaraciones oficiales del gobierno japonés, que afirmó que la crisis estaba “totalmente bajo control”, y que “cualquier impacto negativo del agua radioactiva para el medio ambiente estaba completamente bloqueado”.

Tao se mostró desconfiado y enojado, y las personas que piensan como él son muchas. Algunos sufrieron enfermedades relacionadas con la radiación nuclear, y otros buscan apoyo pero no tiene a quien recurrir.

Este año se conmemora el quinto aniversario del accidente nuclear de Fukushima, así como el 30º aniversario del desastre nuclear de Chernóbil. En el caso de este último, numerosas investigaciones y conmemoraciones no han cesado durante las últimas tres décadas.

Pero, respecto al desastre nuclear de Fukushima, las indagaciones han estado siempre ocultas bajo una capa ominosa durante los últimos cinco años.

¿Cuántos años se necesitan para gestionar las secuelas del accidente nuclear de Fukushima? ¿Cuáles son exactamente los impactos ecológicos para el medio ambiente? ¿Cómo ha avanzado el proceso de descontaminación? ¿Cómo se deben eliminar los residuos nucleares?

A estas preguntas, muchos expertos alrededor del mundo tienen una misma respuesta: “Es difícil de definir, ya que no tenemos suficiente información”.

Exposición a la radiación

Una encuesta de opinión realizada conjuntamente por el diario nacional Asahi Shimbun y el servicio de prensa del gobierno local de Fukushima, en 2015, mostró que más del 70 por ciento de los residentes de Fukushima estaban insatisfechos con la respuesta gubernamental.

Un punto importante eran los problemas de salud de los niños locales, especialmente el cáncer de tiroides, posiblemente provocado por la radiación nuclear.

Toshihide Tsuda, profesor de epidemiología ambiental de la Universidad de Okayama, descubrió que la tasa de niños que sufría de cáncer de tiroides en la prefectura de Fukushima era hasta 20-50 veces más alta que el promedio nacional en 2014, tres años después de la tragedia nuclear.

No obstante, su descubrimiento no despertó la preocupación del gobierno nacional ni local, sino que fue rechazado por el gobierno de la prefectura de Fukushima, que atribuyó el fenómeno a un auge del “sobrediagnóstico”. El gobierno local insistió en que los casos de cáncer y la radiación nuclear no estaban relacionados.

La Sociedad Internacional de Epidemiología Ambiental envió un mensaje al gobierno japonés en enero pasado, manifestando su preocupación por la alta tasa de cáncer de tiroides entre los niños en la región de Fukushima, y ofreciendo como una organización profesional apoyar la investigación en este sentido. Sin embargo, dicho ofrecimiento ha sido elegantemente rechazado por el gobierno nipón.

Inclinación al olvido

En un editorial publicado con motivo del quinto aniversario del accidente nuclear de Fukushima, el diario francés “Le Monde” comentó que el gobierno del primer ministro Shinzo Abe está “deseoso de pasar página sobre Fukushima” y ha mostrado una “inclinación al olvido”.

El gobierno japonés admitió en agosto de 2013 que al menos 300 toneladas de agua altamente contaminada fluían libremente al océano Pacífico diariamente, y que el problema continuaría durante años.

Sin embargo, en septiembre del mismo año, cuando Japón defendía la candidatura para la sede de los Juegos Olímpicos 2020, Abe dijo a la comunidad internacional que la crisis estaba “totalmente bajo control”.

También se reveló en febrero pasado que la Tokio Electric Power Company (TEPCO), operador de la planta de energía nuclear de Fukushima, sabía de múltiples fallos en los reactores de la planta tras el tsunami, pero decidió ocultar intencionalmente la información hasta varios meses después.

Yuko Yoshida, secretaria general del Sistema de la Mujer Japonesa para la Investigación sobre la Salud y la Asistencia Médica a las Víctimas de Chernóbil, se refirió a las diferentes actitudes de los medios japoneses a la hora de reportar los accidentes nucleares de Chernóbil y Fukushima.

Apuntó que durante las pasadas tres décadas, los principales medios japoneses han fijado constantemente sus ojos en Chernóbil. Pero después de Fukushima, se han retractado de investigar con profundidad e informar sobre los daños para la salud causados por el desastre nuclear de Fukushima.

Actitudes similares existen en la comunidad de la investigación. El profesor Valery Stepanenko, destacado especialista ruso en dosimetría médica y ambiental y seguridad de radiación, dijo a Xinhua que preguntó a sus colegas japoneses porqué Japón no ha efectuado un análisis retrospectivo de la dosis de radiación recibida por la población, y que los estudiosos japoneses permanecían callados o se mostraban imprecisos al respecto.

Temor al daño de imagen

Según Ken Buesseler, destacado investigador del Institución Oceanográfica de Woods Hole, organización privada de Estados Unidos, el gobierno japonés no ha hecho un buen trabajo en la comunicación con el público.

El experto, quien ha estudiado el impacto del accidente nuclear de Fukushima sobre el ambiente marítimo desde 2011, dijo a Xinhua que el impacto no tiene precedentes, dado que un 80 por ciento de las sustancias radioactivas vertidas ha fluido al mar.

Sin embargo, el gobierno nipón ha venido declarando que todo está “totalmente bajo control” y que cualquier impacto negativo sobre el medio ambiente “está completamente bloqueado”.

Observadores de todo el mundo han apuntado que Japón ha suavizado deliberadamente el impacto a largo plazo del accidente nuclear para la salud, la seguridad alimentaria y el medio ambiente. Al temor de Japón se suman las preocupaciones de que la imagen japonesa sea manchada y se cuestione la seguridad de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

De acuerdo con Chen Xiaoqiu, ingeniero subjefe del Centro de Seguridad Radioactiva del Ministerio de Protección Medioambiental chino, los esfuerzos de recuperación incluyen la restauración del medio ambiente, la limpieza de la contaminación nuclear y el procesamiento de residuos nucleares, así como el estudio de la supervivencia biológica y el impacto de la radiación sobre los humanos.

Dada la forma en que Japón ha tratado el incidente, resulta necesaria una investigación independiente de expertos internacionales para revelar la verdad del desastre, cuyas secuelas sobrepasan la frontera japonesa, dijo Buesseler.

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