Análisis de la criminalidad en Panamá 1990-2015

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Análisis de la criminalidad en Panamá 1990-2015

Por Luis Carlos Samudio Guerrero
Abogado-Docente-Mediador

El crimen y la violencia son un obstáculo para el desarrollo, a través de los años en Panamá. Los homicidios han ido en aumento como los presupuestos destinados a Seguridad Pública, y a pesar de los millones de dólares destinados a ese campo, la percepción de inseguridad que sienten los ciudadanos no ha disminuido. La única forma de afrontar el problema, es invertir en prevención, educación y desarrollar mejores políticas criminológicas, ya que esto ayudará a disminuir las tasas de homicidio, la violencia y delitos afines, con capacitaciones y conocimientos en el campo de la Criminología.

Al culminar la carrera de Licenciatura de Derecho, en la ULACIT, presentamos el trabajo de graduación “La criminalidad, la prevención del delito y tratamiento del delincuente” 1996, y acotamos lo siguiente: “la prevención del delito debe ser una estrategia para el desarrollo del país y de preocupación para los gobiernos, toda vez, que el clamor de la comunidad es alarmante por la frecuencia del aumento de la criminalidad”. El 28 de agosto 1995 indicábamos lo señalado por el jefe de gobierno al diario La Prensa: “No habrá tregua para la delincuencia”. El presidente Ernesto Pérez B., manifestó que su gobierno no tolera ni admitirá treguas a los delincuentes”. Y a pocos días, el 1 de septiembre, en su discurso a la Asamblea Legislativa, reconocía el alto índice de la criminalidad. Sin embargo, hoy, después de comparar las actuaciones presidenciales, queda plasmado su actuación como el mandatario con el menor índice de homicidios en un periodo presidencial

En el análisis comparativo de los períodos presidenciales, el que menos homicidios registró fue el de Ernesto Pérez Balladares González Revilla (1995-1999), con 1075 homicidios. Le siguen Mireya Elisa Moscoso Rodríguez (1999-2005), con 1.631 homicidios; Guillermo David Endara Galimani (1990-1994), con 1.705 homicidios, siendo los más altos los periodos de Martín Erasto Torrijos Espino (2005-2009), con 2.633 homicidio; Ricardo Alberto Martinelli Berrocal (2009-2014), con 3.388. En estos dos periodos, los presupuestos en materia de seguridad fueron considerables, contados en millones de dólares. Y podemos resaltar lo indicado en los medios en este período presidencial, de que la cifra va por los 400 homicidios por año, es decir, que al final del periodo estaríamos por los 2000 homicidios, aproximadamente.

Sin embargo, hoy como docente universitario en la UIP, en las áreas de la Criminología y Derecho, debo resaltar que el análisis comparativo de diferentes períodos presidenciales, arrojaría muchas contradicciones entre las diferentes políticas de seguridad aplicadas, toda vez, que las tasas de homicidios vs presupuestos invertidos no han neutralizado la eficacia delincuencial que cada día es mayor.

Juntos trabajemos a favor de la paz y la convivencia pacífica

Podemos destacar, que la política de seguridad parte de la base equivocada. Un gobierno que invierte millones para vigilar las fronteras, ganarle la lucha al narcotráfico y el terrorismo, pero no en programas a largo plazo para disminuir los niveles de pobreza de las miles de personas posesionados en los cinturones de miseria, presas fáciles del delito, difícilmente puede tener éxito. Un gobierno que manda a construir prisiones para solucionar el problema carcelario, pero no tiene observatorios de violencia adecuados al contexto, ni programas de rehabilitación para los privados de libertad, tampoco puede alcanzar grandes metas.

Sobre los esfuerzos realizados a nivel nacional, con asesoría internacional al Ministerio Publico, Poder Judicial, Policía Técnica Judicial (hoy DIJ) y sistemas penitenciarios, puntualizábamos que la delincuencia persiste y va en aumento, por la falta de integración y coordinación entre las entidades objeto de la atención del problema. Con ello se evitaría el despilfarro de los recursos humanos, logrando así las metas propuestas y estrategias para combatir o frenar la criminalidad. Por lo que nos abocamos a la creación y formación de grupos sociales comunitarios, regentados por una política criminológica al servicio de la comunidad, para que la convivencia sea el norte, conjuntamente con la paz social comunitaria

Señalábamos que las políticas criminales que se desarrollaban en esa época y hasta la fecha, siguen siendo de carácter represivo y no preventivo. Más bien están reforzando muros, barrotes, para crear espacios de control que no representan ninguna solución del conflicto social y la seguridad.

Y para finalizar, quiero resaltar a figura de un estadista inglés del siglo XIX, Sir Robert Peel, quien es considerado el padre de la vigilancia policíaca moderna. En su principio número nueve indica: “La prueba de la eficiencia de la policía es la ausencia del crimen y el desorden, no la evidencia visible de la acción de la policía contra la criminalidad”.

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