EDITORIAL: Administración de la crisis sin tabla de salvación

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Administración de la crisis sin tabla de salvación

Los principales ideólogos coinciden en que para salir de una crisis, es necesario entender el entorno y la causas que la generan, y luego elaborar un plan de contingencia que revierta esa realidad, para pasar de la desventaja a una posición ventajosa. En otras palabras, se debe salir de un terreno movedizo y succionador, y alcanzar un suelo firme y elevado, para ponerse a resguardo.

En el caso de la crisis de Panamá, desencadenada por publicaciones filtradas a diversos medios extranjeros, en los que aparecen comprometidos estadistas y magnates alrededor del mundo, es más difícil encontrar una plataforma segura para escapar del alud volcado sobre la jurisdicción panameña, en lo que algunos analistas describen como una “guerra híbrida” no convencional.

Lo primero que hay que entender, en una búsqueda comprensiva del fenómeno, es que no es una crisis generada por la combinación aleatoria de hechos fortuitos, sino por una maquinaria articulada desde ejes de poder para obtener un resultado: el desplazamiento y control sobre el centro financiero internacional de Panamá y su red de negocios. Lo segundo que hay que colegir, son las debilidades del país frente a la presión directa y sofisticada de potencias mundiales, que impone nuevas reglas sistémicas.

Panamá luce más vulnerable y expuesta, debido a la ausencia de un gabinete ministerial de crisis, capaz de responder con coraje e inteligencia a actos que se traducen en una agresión planificada y deliberada al corazón de la economía, que no pueden ser derrotados con campañas publicitarias que muestran paisajes tropicales y exóticos. La raíz del problema es más profunda y parece que no todos advierten los riesgos de ser blanco de un escándalo financiero internacional mayúsculo, con repercusiones severas.

Tras el estallido de la crisis, debieron ser convocados los mejores talentos políticos e ideológicos, así como las organizaciones sociales y figuras con credibilidad nacional e internacional. En vez de ello, se ha recurrido a un grupo de notables, para que asesore y oriente reformas las normas que rigen al sistema financiero. La falta de una visión estratégica clara, sobre los conflictos y desafíos engendrados, puede tener un grave desenlace y consecuencias futuras.

Durante años expoliados por una clase rapaz, el pueblo panameño no debe “pagar los platos rotos” de un modelo de inequidad, de una cultura de “juega vivo” que ha raptado la soberanía del país y ahora, frente una crisis con ramificaciones internacionales, expone a la población al escarnio global y saca a flote los negocios turbios y perniciosos de un sistema de enriquecimiento desmedido, que conspira contra el diseño de un Estado nacional. Es el momento de pasar a un nuevo estadio de organización y lucha, ante la evidencia de que hay malos administradores de crisis.

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