La crisis de los migrantes cubanos en Panamá

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La crisis de los migrantes cubanos en Panamá

Por José de la Rosa Castillo

Un nuevo incidente, provocado hace una semana, luego de que un centenar de cubanos recorrió casi dos kilómetros bajo un calor sofocante entre el refugio de San Isidro, en Panamá, y el lado costarricense de la frontera para reclamar el derecho de continuar su ruta, ha reabierto el debate sobre el tema de los migrantes.

En una entrega anterior para el semanario Bayano digital, titulada: Cuba: el drama migratorio “claves para entender el conflicto”, advertíamos sobre la situación que atraviesan 2.450 cubanos (la cifra aumenta casi diariamente porque llegan otros que lograron entrar a Panamá por la frontera con Colombia), cuando decíamos: “… forma parte de un problema migratorio más grande y complejo, por lo que, al menos deberíamos darle la atención debida como país”.

En efecto, si bien el gobierno nacional ha reiterado su preocupación por la actual crisis y anda en búsqueda de una solución sostenible y conjunta en la región, no se augura una solución que involucre a países que enfrentaron la ola migratoria, la cual resolvieron con el puente aéreo acordado a finales del 2015, que permitió que 8.000 cubanos varados en Costa Rica siguieran ruta a Estados Unidos, entrando por pasos fronterizos desde México.

Los tres países que hicieron posible el puente aéreo (México, El Salvador y Guatemala) no están dispuestos, en esta ocasión, a reactivar ese mecanismo de salida.

No se comprende, hasta hoy, cuál es el compromiso de la Cancillería panameña, al mantener como “migrantes en tránsito” al grupo de cubanos y luego quedar fuera del mecanismo y con un problema de la magnitud humanitaria que adquiría a través del sostenimiento de ese grupo en territorio panameño.

En cuanto a los acontecimientos suscitados recientemente, la Cancillería panameña estuvo en contacto con la Cancillería de Costa y autoridades migratorias, e hizo un llamado a los migrantes radicados en Panamá a “respetar la paz y las normas de ambos países, especialmente en tan difícil situación”.

Desde el momento en que Panamá aceptó el ingreso de este grupo de migrantes en tránsito, asumió la responsabilidad de respetar la dignidad y los Derechos Humanos de esos individuos, pero debió dejar claro el mecanismo en torno a la ruta que les permitiría llegar a Estados Unidos, la “tierra de sus sueños”.

Hoy, lo que Panamá tiene en manos, es un problema, visto desde una perspectiva de interés humanitario. Asimismo, debe garantizar los Derechos Humanos de los migrantes en tránsito en este país, quienes están irritados por la falta de agua y electricidad en albergues improvisados en bodegas y edificios viejos, a la espera de seguir su camino, ante la negativa de Costa Rica de permitirles el paso. Nicaragua les niega ingreso a su territorio.

El aumento del número de cubanos dispuestos a llegar a EE.UU. por terceros países se produjo especialmente después de que Washington y La Habana anunciaron el comienzo del proceso de normalización de relaciones diplomáticas el 17 de diciembre de 2014. Esos migrantes temen perder los privilegios que les concede la Ley de Ajuste y la política de “pie seco, pie mojado”, que ofrece la residencia a quienes pisan territorio estadounidense, pero permite deportar a quienes son arrestados en el mar.

Los cubanos viajan por vía aérea desde la isla caribeña hasta Ecuador (un país que no pedía visado hasta el 1 de diciembre) y desde ahí ponen rumbo, de manera irregular, hacia EE.UU., atravesando mares, selvas y territorios extranjeros. El gobierno de Cuba ha explicado que los inmigrantes “son víctimas de la politización del tema migratorio por parte del gobierno de los Estados Unidos, de la Ley de Ajuste Cubano”.

La violación de las leyes de terceros países no es responsabilidad directa del gobierno cubano, sino de las mafias que lucran con el negocio de la entrada a Estados Unidos.

Ileana Bordonado, médica de 60 años, quien tiene dos meses de estar en Panamá como migrante irregular, recordó a la prensa extranjera el camino sacrificado que realizó hasta llegar a un puesto fronterizo plagado de camiones de carga y comercios populares con prendas de vestir colgadas frente a los negocios.

Bordonado relató que “en Colombia, acabaron con nuestros ahorros. En cada puesto policial nos pedían dinero. Dejamos todas nuestras pertenencias en el camino, y no tenemos nada. Nos urge llegar a nuestro destino”. La migrante inició su periplo en Ecuador y espera encontrarse con su hijo en Tampa, Florida.

Como indicábamos en la entrega anterior a Bayano digital, la solución a la crisis de los migrantes cubanos, necesariamente, tiene que ser el resultado de un diálogo serio, respetuoso y profundo entre todas las naciones implicadas.

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