Seguridad después del blockchain  

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Satélites con diseño avanzado cuyas funciones apuntan a nuevos objetivos económicos.

¿Será 2018 el año de la criptografía cuántica?

Ladiaria (Uruguay)

La seguridad en las comunicaciones –o su ausencia– siempre es un tema. Como la privacidad está permanentemente amenazada, todo posible mejor siempre tendrá apoyo económico. En 2017, presenciamos el crecimiento de las criptomonedas, el auge del bitcoin y su traslado a otras materias debido a una seguridad, basada en blockchains, casi imposible de quebrantar. Este año quizás sea el de la criptografía cuántica.

Su existencia no es una novedad, pero en 2017 se avanzó de una forma jamás vista: en setiembre se logró la primera videoconferencia por medio de criptografía cuántica, lo que resultó en un paso gigantesco que fue explicado la semana pasada en la publicación Physics Review Letters de la Asociación de Físicos de Estados Unidos.

Lejos de ser algo que pueda realizar cualquiera desde su casa, la infraestructura necesaria contó con grupos de científicos en China y en Austria –donde se realizó la comunicación–, liderados por el físico Jian-Wei Pan y un satélite chino llamado Micius, lanzado en 2016 con un costo de 100 millones de dólares y que fue específicamente diseñado para la criptografía cuántica. Ya se habían realizado intentos exitosos de enviar imágenes de un país al otro, pero el tamaño y el formato que implica una videoconferencia de 75 minutos muestra una capacidad “que es suficiente para las primeras etapas de un internet cuántico, similar al estado de los celulares en 1970”, dijo Pan a APS Physics.

La criptografía cuántica basa su seguridad en las propiedades de la mecánica cuántica, utiliza las capacidades de los átomos, de los fotones y de otras unidades de materia para lograr la máxima confidencialidad posible en la información. Para este experimento, se utilizó la polarización de los fotones, que permite describir con cierta exactitud su orientación; fotones en distintas polarizaciones representaban mensajes en unos y ceros. De esta manera, un rayo de luz es un buen vínculo por donde llevar un mensaje digital. Todo este proceso del envío de información mediante criptografía cuántica se lo conoce como distribución de llaves cuánticas.

Lo más interesante, desde el punto de vista de la seguridad, es que si un tercero intentase interrumpir la comunicación encriptada cuánticamente entre dos individuos, el procedimiento se vería alterado y, por ende, ambas partes estarían al tanto de ello antes de que el mensaje se enviara.

Como todos se imaginaban, Micius es sólo el principio. Este satélite es parte de un proyecto internacional liderado por los chinos llamado “Experimentos cuánticos a escala espacial” (Quantum Experiments at Space Scale). El plan es lanzar satélites a las órbitas más altas de la Tierra y construir una constelación en la que intervendrán Rusia, Italia, Alemania y Singapur.

No hace falta ser Nostradamus para proyectar que la importantísima inversión de China en esta materia atraerá a otros Estados y empresas privadas a seguir su camino. Aunque aún está en una etapa verde y es difícil verle el beneficio cuando los costos son tan altos, todo indica que será la forma ideal de resguardar la información. La mecánica cuántica parece ser el futuro de la seguridad digital, sienta sus bases en propiedades comprobadas y no en complejos algoritmos matemáticos. Las implicancias son inimaginables, pero es de esperarse que estos refugios cuánticos se vean más pronto que tarde en cualquier uso que refiera a la moneda virtual.

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