Sector agropecuario panameño atrapado sin salida

Por Yanis Rodríguez

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Sector agropecuario panameño atrapado sin salida

Por su posición geográfica, Panamá ha sido desde el período prehispánico un territorio de tránsito. Ese hecho ha determinado en gran medida el modelo de crecimiento económico de este país.

El sector productivo nacional nunca tuvo un peso importante en la formación del Producto Interno Bruto (PIB), debido a la constante de imponer un sistema productivo en torno a la vía canalera, Pese a ese ello, hay una realidad: cerca del 40% de la población del país vive en el área rural, vinculada a la actividad agropecuaria, aunque la producción nacional no abastece los requerimientos nacionales.

El Estado asigna anualmente más de 1.500 millones de dólares a la importación de alimentos, para cubrir ese déficit, que aumenta con el crecimiento demográfico y el abandono de áreas de producción. Esa realidad, ha llevado a algunos productores a resignarse, mientras que otros elevan su voz de protesta para ser escuchados.

Por vía de las Comisiones de Cadenas Agroalimentarias, fueron creados los mecanismos en los que los gremios coordinan con el Estado las fechas de importación y las cantidades a importar, por rubro, considerando las condiciones de la producción. El proceso se realiza cada año o ciclo agrícola, dependiendo del rubro.

Los acuerdos en ese ámbito económico son sagrados para los productores, porque representan la base de la programación de siembra, cosecha y producción en todo el país, y en el caso de legumbres, en Tierras Altas, es su norte, debido a que son cultivos perecederos de elevado costos de producción.

Sin embargo, poderosos sectores económicos y políticos siempre rompen los acuerdos, bajo el conocimiento de la escasa capacidad de maniobra de los gremios. En esas circunstancias, los productores de papa, cebolla y otros rubros son afectados cuando en forma inconsulta el Estado autoriza importaciones, al margen de los pactos concretados en la mesa de las cadenas agroalimentarias.

Es necesario saber, que las importaciones inconsultas de productos dislocan o rompen los acuerdos alcanzados, y provocan grandes pérdidas a la producción nacional. Este hecho ha sido repetido en forma reiterada, año tras año, en los últimos cinco lustros.

Ante esta situación desventajosa e injusta, la única alternativa del productor nacional es recurrir a los medios para manifestar su indignación y ejercer medidas duras, a causa de la violación de acuerdos y la falta de respeto del sector oficial.

Mientras el modelo de crecimiento en Panamá este determinado por una plataforma de servicios dependientes de la actividad canalera, y se mantenga desarticulado al sector productivo del país, la vía de la protesta dura en las calles será la única herramienta de denuncia eficaz para ser visibilizados por la sociedad y el Estado.

Los llamados “cabezas calientes” que surgen con cada ola de descontento nacional, no existirían si hubiese respeto y consulta hacia los afectados directos: los productores agropecuarios,

Sin duda, hay una tarea pendiente e inaplazable, que es romper paradigmas, educando y organizando al productor nacional, brindando posibilidades para que los gremios respondan a intereses del sector y no sean utilizados para mediatizar y controlar a las voces independientes de los gremios. Es necesario escuchar y resolver a tiempo los cuellos de botella en la asignación de recursos financieros y tecnológicos y garantizar mercados seguros.

La transformación y democratización de Panamá pasa por un eje transversal, que es la justicia al Panamá rural, mejorando su calidad de vida De no ser así, persistirá un proyecto de nación subordinado al capital financiero y de servicios, olvidando al campo. ¡Cruda realidad para los panameños!

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