¿Salvará la tecnología financiera a la banca privada?

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La novedosa tecnología digital podría transformar la manera de hacer banca y de realizar negocios. (Keystone).

Por Matthew Allen
Swissinfo.ch

¿Ya ha llegado la banca del futuro? Cada vez más empresas emergentes especializadas en tecnología financiera (fintech) sacuden los cimientos del sector bancario suizo. Sin embargo, muchos “jugadores” tradicionales se oponen.

“La tecnología financiera no es una solución milagrosa para el sector bancario, pero la transformación digital es una ruta que todos los bancos deberán irremediablemente comenzar a transitar”, dice a swissinfo.ch Matthias Bossardt, jefe de ciberseguridad de KPMG Suiza.

En un reciente informe, KPMG predijo que muchos bancos privados suizos desaparecerán en el mediano plazo porque los costos de operación aumentan, los márgenes de intermediación se reducen y los clientes esperan cada vez más de las instituciones financieras.

La banca privada ya no puede apoyarse en el viejo modelo comercial que la hizo famosa, consistente en ocultar el dinero de sus clientes. La realidad se ha transformado y los bancos deben enfrentar mayores costos regulatorios y reglas, lo cual se suma al desplazamiento de la creación de riqueza hacia las economías emergentes y a un ritmo de operación de los mercados financieros menos dinámico.

swissinfo.ch revisó algunos de los nuevos modelos de tecnología financiera suizos para descubrir cómo podrán ayudar a la banca tradicional a salir del pozo, o podrían aniquilarla.

Costos de regulación y cumplimiento

La banca suiza debe cumplir con niveles de capitalización fijados por los acuerdos internacionales de Basilea. Pero hay más, la autoridad supervisora del sistema financiero suizo (FINMA) impuso a los bancos helvéticos de importancia sistémica [cuya quiebra podría comprometer la estabilidad de toda la plaza financiera suiza] requisitos de capital aún más altos. Esta decisión se conoce como el “acabado suizo” (swiss finish). Todo esto, sumado a reglas cada vez más severas para combatir el blanqueo de dinero y la evasión fiscal, así como a una política de mayor protección a los clientes, se está traduciendo en costos cada vez más altos para los bancos.

“La explosión de los costes es algo que enfrentan las instituciones de crédito, no los clientes. Hoy, los gerentes de relaciones con la clientela dedican mucho más tiempo al trabajo administrativo que a la búsqueda y atención de su propia clientela”, explica a swissinfo.ch el jefe de transformación digital y externalización de KPMG, Prafull Sharma.

En junio pasado, durante un discurso ante el Foro de Finanzas Internacionales celebrado en Berna, el especialista de PwC Hong Kong, Henry Arslanian, aseguró que el 80% del presupuesto para la prevención del lavado de dinero se destina actualmente a pagar a los empleados dedicados a ello.

De ahí que surjan nuevas soluciones tecnológicas para reducir los gastos en los que incurren los bancos. Diversas empresas emergentes, como Qumram, NetGuardians y SwissMetrics, están desarrollado algoritmos de “regtech” (tecnología dedicada a facilitar el cumplimiento de nuevas regulaciones) para automatizar procesos relacionados con la gestión de información bancaria. Son herramientas que convierten grandes bases de datos en información útil y manejable para las instituciones. La “regtech” permite, por ejemplo, una selección preliminar de clientes, identificando aquellos que serían potencialmente peligrosos para un banco; detecta de forma temprana posibles fraudes cibernéticos; o revisa el historial crediticio de los clientes para tener una idea real de su solvencia.

Plataformas de conexión simple

Dado el coste y la complejidad que suponen las actualizaciones de los sistemas tecnológicos, los bancos tienden a subcontratar esta tarea y echan mano de compañías especializadas. “En el pasado, cuando el negocio bancario estaba en auge y los márgenes de intermediación eran altos, los bancos no estaban sometidos a tanta presión como hoy para innovar”, afirma Matthias Bossardt, de KPMG. “Pero hoy necesitan realizar este esfuerzo porque es el único camino que tienen para sobrevivir”.

La empresa pública Swisscom, por ejemplo, opera plataformas que ayudan a la operación de más de 80 bancos. Pero compañías como Avaloq, Temenos y Additiv también fueron fundadas para ofrecer a las instituciones de crédito “softwares” específicos que permiten a los bancos gastar menos que si ellos intentaran desarrollar estos sistemas por su cuenta.

De acuerdo con KPMG, la subcontratación se vislumbra como el camino más factible para fortalecer la seguridad cibernética de los bancos, ya que estas empresas cuentan con personal especializado del más alto nivel. Y la materialización de acuerdos de cooperación internacional –para que los bancos se apoyen en plataformas digitales de terceros– permitirá de forma creciente a las entidades financieras concentrarse en sus productos y en las necesidades de sus clientes, que es su prioridad.

Antirrobos y gestión de fortunas

Sin embargo, hay también empresas de tecnología financiera que desarrollan modelos disruptivos que compiten con la banca. Por ejemplo, Swissquote ha llevado la batuta durante algunos años, seguida de cerca por empresas como Descartes Finance, al especializarse en la lucha contra el robo bancario digital y en la elaboración de herramientas para que los clientes gestionen sus propios patrimonios.

Esta nueva corriente representa un peligro para los bancos tradicionales, pues se trata de plataformas digitales que conceden al cliente más control sobre la administración de sus activos y le ofrecen más información sobre sus inversiones. Pero como el cliente raramente posee el conocimiento y la experiencia de un banquero privado, los resultados no siempre son los más rentables. Esto explica que tanto Descartes como True Wealth estén buscando alianzas con los bancos para asegurar un mejor desempeño de las inversiones de sus clientes.

Brossardt, de KPMG, ve el lado positivo y estima que esta tecnología es una poderosa herramienta para facilitar la expansión de los bancos privados el dinámico mercado asiático. “Los clientes de Asia son líderes en el consumo de tecnología y dispositivos para la gestión de operaciones bancarias. Aceptar de lleno la llegada de la tecnología financiera podría abrir nuevos mercados a los pequeños bancos privados [suizos]”, dice.

“Blockchain” y criptodivisas

En general, los bancos helvéticos rechazan el uso de criptomonedas por considerarlas propicias para la comisión de actos delictivos (el anonimato que ofrecen puede ser utilizado fácilmente para blanquear dinero o financiar el terrorismo). Los inversores, en cambio, les han concedido una inusitada confianza que multiplica su valor de forma irracional y provocan una burbuja que podría ser riesgosa. En este momento, son pocas las instituciones financieras convencionales –como Falcon, Swissquote, Cornèr y Vontobel- que aceptan la utilización de este nuevo tipo de activos. Pero lo hacen con ciertas reservas.

En contrapartida, entidades como Smart Valor y Melonport se han volcado en la utilización intensiva del sistema cadena de bloques (blockchain), que permite a la gente almacenar y transferir activos entre un usuario y otro fuera del circuito financiero tradicional gracias a las monedas digitales. Estos activos no son acuñados por ningún banco central, pero sí poseen un valor de intercambio.
La fundadora de Smart Valor, Olga Feldmeier, asegura que la inflación desenfrenada que vivió Ucrania en los años 90 –erosionando los ahorros de miles de personas y provocando cierres de empresas y desempleo– le inspiraron para crear una entidad financiera alternativa.

“Todas las personas deberían gozar del derecho de proteger su riqueza si los gobiernos deciden comenzar a imprimir dinero. Asegurar los ahorros propios tendría que ser un derecho humano”, expresa a swissinfo.ch. Smart Valor promete ser el primer banco criptográfico suizo que permita a sus clientes realizar inversiones alternativas vía un mercado descentralizado que no será elitista.

Lykke también está alentando a los inversores a tomar un mayor control sobre sus activos gracias a la cadena de bloques y promete ofrecer también, en breve, operaciones denominadas en fichas criptográficas (estas pueden ser monedas, puntos, certificados, etcétera, pero siempre en el universo digital). Y, en lugar de esconderse en la sombra, Lykke busca que otras empresas se conecten a su sistema de código abierto y aspira a operar en las grandes ligas financieras consiguiendo licencias bancarias en distintos lugares del mundo.

Todas estas son ideas que rompen con lo tradicional y que se enfrentan a la resistencia del sector financiero tradicional aún dominante. Para los desarrolladores del sistema de cadenas de bloques el panorama es claro: todo es cuestión de paciencia. No pasará mucho tiempo hasta que empresas tradicionales queden impresionadas por el éxito de estos modelos operativos y se vean obligadas a copiarlos.

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