Factores claves para la economía mundial en 2016 admiten dobles lecturas

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Factores claves para la economía mundial en 2016 admiten dobles lecturas

 La mayoría de los argumentos que se utilizan para justificar el turbulento comienzo del nuevo año podrían interpretarse en la dirección contraria, según explica este experto.

Por Marcelino L. Fernández Mallo
Economista. Coordina desde el Atlántico el área de Economía de MUNDIARIO

En una economía estabilizada, el cambio en la política monetaria de Estados Unidos decretado hace apenas un mes (véase artículo relacionado) no debería suponer un efecto perturbador. Más bien al contrario, serviría para ajustar el ritmo del crecimiento a la marcha de la inflación y a las necesidades del crédito. La economía de Estados Unidos ha cumplido en 2015 su sexto año de crecimiento continuado, a una media de 2,3% anual, y la subida de 0,25% de su tipo de interés de referencia no debería representar un deterioro del ritmo marcado durante los ejercicios anteriores.

Pero la economía mundial corre muy lejos de su estabilización. Un buen ejemplo son los precios del crudo, cuya evolución explora niveles impensables hace apenas unos meses. Sería una magnífica noticia sobre todo para los países con mayor dependencia energética; incluso podría interpretarse como un avance en el proceso de sustitución de fuentes fósiles por energías menos contaminantes. Sin embargo, la lectura que predomina es aquélla que relaciona la caída de los precios con la menor demanda de petróleo, lo que a su vez sería un signo de reducción futura de la actividad industrial.

La propia ralentización del crecimiento chino podría ser motivo de celebración. Cierto que ese 6,3% que se estima para 2016 supone una reducción desde el 9,5% de 2011; igualmente cierto, no obstante, es que tasas tan elevadas implicaban un riesgo obvio de sobrecalentamiento, que de hecho se puso de manifiesto en la evolución de las cotizaciones de la bolsa de Shanghai. Al mismo tiempo, tal aceleración propicia acometer proyectos industriales incompatibles con el estado de las infraestructuras del país y con el preceptivo cuidado del medio, además de favorecer un fuerte desequilibrio del comercio internacional. China seguirá creciendo aunque a partir de ahora lo hará, por fortuna, a ritmos asumibles para la economía de la región y mundial. Un dato relevante para entender el efecto de cualquier información procedente del inmenso país asiático: su peso en la economía mundial no llegaba al 4% en 1990; en 2014, se acercaba al 16%.

En las predicciones de las principales instituciones de previsión económica del planeta, suele colarse el riesgo político, el cual se localiza, sobre todo, en Europa. Se señala interesadamente el gobierno de Syriza en Grecia, el nuevo ejecutivo de izquierdas en Portugal y las opciones de un cambio en el poder en España. Parece ignorarse la pésima evolución de los tres países entre 2011 y 2014, años durante los cuales redujeron el tamaño de su economía como ningún otro país europeo al tiempo que alcanzaban cifras récord de deuda pública. Es hora de afirmarlo con claridad: las estrategias neoliberales en Europa han supuesto un contundente fracaso y para ello basta con repasar las cifras de PIB, empleo, deuda y desigualdad.

Riesgos ciertos

Más que China, el riesgo para el comercio internacional se centra en otros países BRIC, concretamente en Rusia y Brasil (India, por el contrario, marcha como un tiro). El PIB ruso decreció un 3,8% en 2015 como consecuencia del conflicto con Ucrania y las sanciones impuestas a su economía. Las previsiones para 2016 son de caída del 0,6%; factores geoestratégicos y la propia evolución del precio del crudo determinarán en buena parte su evolución futura.

Brasil se presenta como un elemento, quizás, con mayor capacidad de perturbación. Su PIB se ha reducido un 3% en 2015 y la previsión para 2016 es una nueva caída, en este caso del 1%. Hay fuerzas que juegan en contra de una posible reconversión de la situación, en especial la incerteza política y el alto nivel de deuda; una deuda, por cierto, denominada en dólares y que, por lo tanto, aumenta al fortalecerse la divisa norteamericana. El posible colapso de la economía brasileña implicaría un contagio más que probable a los países iberoamericanos, ya en una situación de estancamiento que no augura nada positivo al menos durante el año que comienza.

Por último, Europa. Las previsiones de crecimiento para la Eurozona son del 1,6% en 2016, prácticamente igual que en 2015. Y ello a pesar de un coste del petróleo en mínimos y un euro depreciado respecto al dólar. Europa representaba en 1990 el 28% del PIB mundial; hoy en día su peso no llega al 19%. La evolución durante los últimos años ha sido decepcionante en todos los aspectos. No vamos a repetir lo indicado en otras ocasiones (véase artículo de octubre 2014!). Tan solo diremos que, ante las dudas respecto a la mayoría de entidades y magnitudes representativas, la evolución de la Unión Europea inclinará posiblemente la balanza hacia un lado u otro de la economía mundial en 2016. Y en buena parte dictaminará asimismo su papel en el futuro del planeta.

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