Tras la última morada de Jorge Luis Borges

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Parte frontal de la lápida de la tumba de Jorge Luis Borges, escritor y políglota argentino. (Foto Bayano).

Tras la última morada de Jorge Luis Borges

Por David Carrasco
Enviado Especial a Ginebra

Una lápida gris y rústica, con símbolos e inscripciones enigmáticas, marcan la morada final del célebre escritor y erudito argentino Jorge Luis Borges. Artistas, novelistas e intelectuales de todo el mundo visitan su tumba, en el cementerio de notables de Plainpalais, en la ciudad suiza de Ginebra. El camposanto es un prado silencioso sembrado de árboles de hojas verdes y donde algunos estudiosos aseguran que reposan, además, los restos del reformista Calvino.

El sitio es apacible y apto para la meditación. Está rodeado de flores y bellos monumentos funerarios. Al lugar suelen llegar las avecillas silvestres que cortan con sus trinos el silencio cotidiano, mientras que los dolientes recorren los senderos como si fuese un ritual de homenaje póstumo a mentes preclaras. Algunos visitantes hacen gestos de reverencia y toman fotos a la lápida de Borges, quien falleció en 1986 a los 86 años de edad, luego de dar instrucciones a su mujer, María Kodama, sobre el funeral en suelo helvético.

En alusión a la lápida, el filólogo Martín Hadis advirtió que “en el frente, tiene tallada la imagen de siete guerreros que blanden sus armas. Y, debajo, una frase en inglés antiguo que pertenece a un antiguo poema que conmemora la batalla de Maldon, ocurrida en el año 991, en el que un ejército sajón debió enfrentar a una horda de vikingos”. La frase es “and ne forthedon na”, parte de la arenga que el líder sajón da a sus hombres antes de la batalla para que no teman ante la muerte, y que tengan coraje” frente a los invasores.

Hadis remarcó que el reverso de la lápida tiene tallada una frase: “Hann tekr sverðit Gram ok leggr í meðal þeira bert”, que proviene de la Völsunga saga, una serie de relatos que fue escrita en el siglo XIII y significa: “Él toma la espada Gram y la coloca entre ellos desenvainada”. Ese es, a su vez, el epígrafe de un cuento borgiano, “Ulrica”, que alude al amor. Y debajo hay una talla de un barco que, fue –muy acertadamente– tomado de una piedra vikinga. Ese barco simboliza la eternidad y el viaje final del hombre.

Reverso de las inscripciones en la lápida de Jorge Luis Borges. (Foto Bayano).

Borges, quien terminó sus días ciego, descendía de una pléyade de intelectuales. Cautivó a los lectores con un lenguaje impecable. Poseía una gran cultura y utilizó en sus obras literarias una prosa precisa y austera. Sus relatos toman la forma de acertijos y recurren con frecuencia a las metáforas. Descolló como guionista de cine y asumió una considerable cantidad de crítica literaria y prólogos. Editó antologías y fue un traductor de inglés, francés y alemán. Asimismo, tradujo obras del anglosajón y del escandinavo antiguo.

Al cumplirse 30 años del fallecimiento del autor argentino, la Real Academia Española (RAE) conjuntamente con la Asociación de Academias de la Lengua Española y la editorial Alfaguara lanzaron la antología Borges esencial. La colección fue descrita por Pilar Reyes, responsable de Alfaguara, como “una puerta abierta”, para penetrar en los laberintos imaginarios. Tres décadas después de su deceso, puede decirse que el emblemático escritor, cuyas tendencias derechistas fueron un obstáculo para ganar el Premio Nobel de Literatura, perdura en los lectores enganchados con sus obras fantásticas. Una modesta y lejana lápida así lo recuerda.

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