Submarino “Explorer” muere como el “Nautilus”

Por David Carrasco

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Submarino “Explorer” muere como el “Nautilus”

Los restos del “Explorer”, un antiguo aparato para la navegación submarina, mueren lentamente en la isla de San Telmo, una reserva natural en el archipiélago de Las Perlas, en aguas del Pacífico panameño. Su diseño evoca a la imaginaria nave “Nautilus”, creada por la mente fecunda del escritor francés Julio Verne, que se convierte en la sepultura del capitán Nemo.

El casco corroído del artefacto sumergible guarda una historia fascinante en el idílico ambiente marino de San Telmo, a donde los navegantes llegan, en ocasiones, para ver el llamado “destello verde” o “rayo verde”, un fugaz y raro fenómeno óptico atmosférico en el que el sol adquiere en el horizonte una tonalidad de jade.

La nave fue construida en Estados Unidos, en 1864, por el inmigrante alemán Julius Kroehl, para las tropas de la Unión durante la Guerra Civil, pero jamás entró en combate, debido a la finalización del conflicto bélico. Luego, pasó a otras manos y fue destinada a la extracción comercial de ostras perlíferas en Panamá.

El 8 de diciembre de 1866, el diario local Panama Star & Herald regisraba en sus páginas que “un nuevo aparato submarino, destinado para la pesca de perlas en esta bahía, ha sido recientemente traído desde Nueva York, y se encuentra en proceso de ensamblaje en la estación del ferrocarril”. La nota publicada hizo alusión al submarino que debía cumplir tareas bajo el agua.

Unos 137 años después, la abandonada nave se volvió parte del paisaje, pero fue reconocida y estudiada por el arqueólogo subacuático James Delgado, cuando viajaba en un pequeño crucero por Centroamérica, durante sus vacaciones Aquella nave, de apariencia ruinosa, es, sin duda, la precursora de los actuales submarinos y marca el comienzo del uso de vehículos tripulados para explorar el fondo marino centroamericano.

En aguas panameñas, el “Explorer” recorrió un escenario marino costero en el que prevalecía la leyenda de perlas que esperaban ser descubiertas. De hecho, en el siglo XVI, fue extraída en el archipiélago la famosa perla “La Peregrima”, que pasó a manos del rey Felipe II de España, para formar parte de las joyas de la Corona.

Esa rarísima perla fue subastada en 1969. El actor Richard Burton la adquirió por la simbólica cantidad de 37.000 dólares, como regalo para su amada Elizabeth Taylor. Sin embargo, el mito de que perlas más grandes yacían a mayor profundidad, alimentó el sueño de los buscadores de riquezas, como los tripulantes del “Explorer”, quienes se enfrentaron a lo desconocido.

Intrépidos buscadores de ostras perlíferas enfermaron al desafiar el límite del descenso acuático. Otros fallecieron en la inmersión a causa del síndrome de descompresión, enfermedad aguda conocida como embolia gaseosa, causada por el descenso brusco de la presión atmosférica, que desorienta a los buzos. En aquellos días, no había cámaras hiperbáricas parar tratar esos casos.

La historia del “Explorer” está ligada a los relatos de los cronistas españoles. En 1513, Vasco Núñez de Balboa, escribió una carta al rey Fernando de España y se refirió a aguas “muy mansa para navegar con muchas islas y dicen que hay muchas perlas en mucha cantidad, muy gordas y que tienen cestas dellas los caciques”. Aseguró haber recibido de indígenas unas 200 perlas con tamaños considerables, en las incursiones al Golfo de Panamá.

Cerca de San Telmo, figura la isla Contadora, cuyo nombre alude al inventario efectuado por contadores designados antes de enviar las gemas a la Corte real. En el archipiélago abundan las tortugas marinas, las ballenas jorobadas y los delfines, y el afloramiento (desplazamiento vertical de aguas profundas, más frías y densas, que llevan fitoplancton a la superficie) y atraen a los cardúmenes.

Una reminiscencia de los tiempos de abundancia se percibe en la Catedral Basílica Santa María la Antigua de Panamá, consagrada en 1796. La imponente estructura religiosa posee dos torres revocadas, alguna vez pintadas de rojo en su parte superior, con incrustaciones de madreperla, que se consideraron las más altas de Latinoamérica. Esas madreperlas provenían de áreas de extracción de ostras, que recorrió el “Explorer” antes de encallar en una playa.

A mediados de la década de 1920, la búsqueda de ostras declinó debido a la sobrepesca y a enfermedades de los moluscos. Para la década de 1940, la actividad se extinguió. Las ostras comenzaron a repoblar los substratos en la década de 1970, pero fueron escasas. La pesca ha vuelto a pequeña escala con buceadores improvisados, quienes utilizan mascaras. Pero, esa actividad no compite con las perlas cultivadas en Japón desde 1913 por Kokichi Mikimoto.

Al respecto, el arqueólogo Carlos Fitzgerald, ex director de Patrimonio Histórico, declaró a Bayano que Panamá posee una riqueza subacuática comparable a la de Turquía, aunque no dispone de Museos adecuados para la exhibición de pecios de antiguos naufragios, que son objeto del expolio. Añadió que esa carencia atenta contra la preservación de los valores que ayudan a cimentar la historia y forjar la identidad cultural de los panameños.

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