Pushkin en La Habana: José Martí y su diálogo con el alma rusa

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Pushkin en La Habana: José Martí y su diálogo con el alma rusa

  • El 19 de mayo se cumplieron 121 años de la muerte de José Martí, político, ensayista, poeta y pensador, organizador de la Guerra de Independencia de Cuba contra el dominio español. Al prócer cubano le pertenece la revelación sobre la afinidad entre los pueblos de Rusia y Cuba en su vocación de renovar el mundo. 

    Sputnik

“Cuando pienso sobre José Martí, me parece que se trata de algo más que de una personalidad concreta. América Latina es una región muy especial de la Tierra, una región en la que una personalidad histórica significa mucho más que en cualquier otra parte del globo. En nuestro país se dice “En Rusia un poeta significa más que un poeta”. Lo mismo es posible decir de América latina, sobre todo de Cuba”, destacó Yuri Guirin, autor del libro “Poesía de José Martí” publicado en La Habana en 2010.

Según el investigador ruso, más allá de su actividad política, el héroe cubano fue el creador de la imagen cultural del país caribeño y, hasta cierto punto, del continente latinoamericano, en general.

En toda su obra, José Martí sostenía que la predestinación de Cuba era la de un nido, o un puente entre diferentes civilizaciones. En cambio, según su visión, Rusia era una tierra sufrida, desgarrada por las controversias culturales entre Asia y Occidente, sin embargo, era también la tierra de futuro, que poseía el espíritu reformador, y más aún, por su “impaciencia” y “generosidad”.

“Son los rusos el látigo de la reforma. Ellos son la espuela, y vienen a punto, como la voz de la conciencia, que pudiera dormirse”, resaltó en su Carta al Director de La Nación en 1883.

Aunque desconocía la lengua rusa, apuntaba las palabras eslavas en un pequeño vocabulario. En sus escritos, en múltiples ocasiones hacía referencias a la lejana nación. Abogaba por el movimiento literario progresista de la época, enfrentado a la opresión de la monarquía absoluta rusa y representado en el exterior por el publicista Alexandr Herzen, exiliado en Europa desde 1847.

Apreciaba como precursor de las ideas liberales de Rusia a su máxima figura literaria, el poeta y escritor Alexandr Pushkin, quien a lo largo de su vida sufrió de la persecución de censores del régimen zarista y que falleció prematuramente en 1837 en un duelo, defendiendo, como era común en la época, la dignidad de su cónyuge.

En su artículo titulado “Un monumento al hombre que abrió el camino hacia la libertad rusa’ le rinde homenaje a Pushkin como un nuevo tipo de literato, totalmente abierto a todas las corrientes de la cultura universal: “Un hombre de todos los tiempos y de todos los países, el universo en un solo pecho… no es conocido universalmente porque escribió en ruso, pero una vez conocido, no puede ser olvidado”.

Tanto América Latina como Rusia están constituidas por una mezcla de diferentes naciones. Por ende, lo que las une históricamente es una búsqueda incesante de identidad. Precisamente en esa inquietud espiritual, en la opinión de Martí, radica el potencial renovador de Cuba y el país eslavo.

Pese a que jamás visitó Rusia, a través de su literatura y arte logró captar la esencia del alma rusa, según se pone de manifiesto en el artículo “La exhibición de pinturas del ruso Vereschaguin”, elaborado tras asistir en 1889 a la exhibición de Vasili Vereshaguin en Nueva York.

“El ruso renovará. Es niño patriarcal, piedra con sangre, ingenuo, sublime. Trae alas de sangre y garras de piedra. Sabe amar y matar. Es un castillo, con barbas en las almenas y sierpes en los tajos, que tiene adentro una paloma. Debajo del frac, lleva la armadura. (…)

Da luces al ojo ruso, un ojo que tiene algo de llama y de oriente, tierno como la codorniz, cambiante como el gato, turbio como la hiena. Es el hombre con pasión y color, con gruñidos y arrullos, con sinceridad y fuerza. Se mueve con pesadez, bajo su capa francesa, como Hércules barbudo con ropas de niño. Se sienta de guante blanco a la mesa donde humea un oso”.

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