Premio Beethoven al compromiso social

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Wolfgang Niedecken, cantante de la banda alemana BAP.

El cantante de la banda alemana BAP, Wolfgang Niedecken, trabaja desde hace años a favor de los derechos humanos. Por su compromiso social recibió el Premio Beethoven.

Por Rick Fulker (RMR/ERS)

El Premio Beethoven, que se entrega por tercera vez, se concedió este año al compositor y cantante Wolfgang Niedecken. El galardón está dotado de 10.000 euros. Después del pianista sirio Aeham Ahmad, y el pianista y compositor turco Fazil Say, por primera vez un alemán recibe esta distinción: Wolfgang Niedecken, cantante de la banda de rock BAP y único miembro que sigue en el grupo desde su formación en 1976.

En sus canciones, Niedecken habla sobre temas sociales relevantes. Desde hace 25 años, participa en la iniciativa “Arsch huh, Zäng ussenander” o “Levántate y abre la boca” en contra de la xenofobia. Con la organización evangélica “World Vision” y la empresa para equipamiento al aire libre Jack Wolfskin creó el proyecto “Rebound” con el fin de ofrecer perspectivas de futuro a niños traumatizados por la guerra y niños exsoldados en África.

DW: Señor Niedecken, recibe el “Premio Beethoven por los derechos humanos, la paz, la libertad, la lucha contra la pobreza y la inclusión”, inspirado en las palabras del compositor: “Hacer el bien, donde se pueda, amar ante todo la libertad”. ¿Qué significa para usted este premio?

Wolfgang Niedecken: Es un honor. Intento con mis canciones y textos cumplir con lo que usted acaba de mencionar. Si eso se nota, es una alegría. Más aún si se honra.

¿Qué relación tiene usted con la música de Beethoven?

Más bien soy un diletante. He visitado la casa de Beethoven y asistido a conciertos. Tengo más conocimientos sobre la música de Bob Dylan, los Rolling Stones y los Beatles, pero nunca diría que podría hablar con propiedad sobre Beethoven.

¿Ha pensado qué va a hacer con el premio?

Lo donaré a mi proyecto “Rebound”. El término procede del baloncesto y significa tener una segunda oportunidad. Se trata de la socialización de niños que fueron soldados. Comenzamos en Uganda cuando había allí una guerra civil. Desde hace años también en el este del Congo. En un curso de nueve meses, aprenden a leer, escribir, sumar, además de una actividad manual con la que puedan ganarse la vida. La mayoría de esos menores fue expulsada de la familia y tiene, de alguna manera, que reintegrarse en la sociedad.

Su proyecto en Uganda es ejemplar en términos de política de integración.

Volé con nuestro Ministro de Exteriores hace dos o tres meses al norte de Uganda, a donde huye la gente de Sudán del Sur. Y aunque suene cínico, es increíble que la gente de Uganda, por su guerra civil, se haya ha vuelto más empática con el sufrimiento de las personas que huyen de sus países.

Hace 25 años, miles de personas acudieron al concierto contra el racismo celebrado en Colonia, en el que usted participó. En la actualidad, parece que la xenofobia ha aumentado no solo en Alemania. ¿Está dando la sociedad un paso hacia atrás?

Han cambiado muchas cosas en este cuarto de siglo: los medios de comunicación, el paisaje político. Entonces los ciudadanos apoyaban a los refugiados yugoslavos que huían de la guerra civil, mientras cada día ardía un centro de asilados. Fue vergonzoso, horrible. Ahora es otra cosa. En muchos países, los populistas han tomado el poder, un desarrollo muy, muy peligroso. Lo único que puedo hacer en concreto con mis canciones es velar porque la empatía de la gente no desaparezca. Si la gente sólo piensa en sí misma, será el fin de nuestra civilización.

¿Ha comprobado usted alguna vez que a través de su música haya podido cambiar la opinión de alguien?

Sería fantástico si me dijeran: Señor Niedecken, sus canciones son fabulosas. ¡Lo hemos pensado de otra manera! Pero no funciona así.

Yo hablo con mucha gente, pero no soy realmente un demagogo. Quien quiera oír y ver mis cosas, que las oiga y saque sus propias conclusiones. Es lo bonito. La gente es la que tiene que pensar.

¿Usted también ha sido atacado por su música?

Sí, naturalmente, pero es lo que hay. El mundo es duro y contradictorio.

BAP fue uno de los primeros grupos que cantó en el dialecto de la ciudad de Colonia, el Koelsch, sin que sonara a folclore o a música popular. ¿Le sorprendió el éxito de BAP?

Nunca hemos perseguido tener éxito con lo que hacemos. En principio fue una banda de música de aficionados a la música. En algún momento, hubo más gente que quería escucharnos. Pero nadie podía imaginarse que seguiría funcionando cuarenta años después.

Canto en colonés porque es mi lengua materna. En los años 60 había también bandas de pop británicas, que cantaban más o menos en un dialecto. Para mí siempre ha sido una forma de autenticidad.

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