Lucy Cristina Chau, la voz de la poesía joven

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Lucy Cristina Chau (Foto Bayano).

Lucy Cristina Chau, la voz de la poesía joven

Lucy Cristina Chau es una de las poetisas jóvenes representativas de Panamá y Centroamérica. Sus versos son elaborados con gran tino y comprensivo leguaje poético, que transmite pasión e invita a la actitud reflexiva del ser humano.

En 1971, conquistó el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán (2009-2010), en la categoría Cuento. Obtuvo, además, el Premio Ricardo Miró 2008 en la sección Poesía y Premio Nacional de Poesía Joven Gustavo Batista Cedeño en 2006.

En su fase de cantante formó parte del grupo musical Clavo y Canela en el 2000. Luego, en 2004, fue corista y solista del Trópico de Cáncer, agrupación dirigida por el cantautor panameño Káncer Ortega Santirzo. Juntos grabaron el disco “Vida de Perros”.

Es egresada de la Universidad de Panamá como Licenciada en Humanidades, con especialización en el idioma inglés y tiene un post-grado en Docencia Superior en la Universidad de las Américas. Desde 1993, pertenece al Colectivo de Escritores José Martí, y desde el 2010 co-organiza el Festival Internacional de Poesía Ars Amandi,

Entre sus publicaciones individuales figura el poemario Mujeres o diosas, de la Colección Casa. de Poesía en Costa Rica, el libro de cuentos De la puerta hacia adentro, de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), el poemario La Casa Rota, de la Editorial Mariano Arosemena del Instituto Nacional de Cultura de Panamá, el poema IndiGentes, de edición independiente; y el poemario La Virgen de la Cueva, de la Editorial Mariano Arosemena

Cuando la polifacética autora describió el compromiso de los poetas con la gente, no titubeó al describir ese camino de tareas: “habrá que difundir la poesía, difundir su líquido amniótico y la savia que de ella emerge para retornar a la palabra. Habrá que devolver la poesía a los parques, a las plazas, a lo cotidiano. Habrá que implantarla en la academia, como una base para entender todo conocimiento. Habrá que humanizar con ella todo cuanto exista, de modo que en ella la tierra se pronuncie libre y primigenia”.

A continuación, Bayano comparte con sus lectores algunos poemas de la sobresaliente poetisa, quien sigue escribiendo cada día mejor, para Panamá y el mundo.

La Negra

Hay una negra detrás de mis años
que mueve mis caderas cuando bailo.
Hay un hechizo que sucumbe a mis ojos:
la magia de la isla y el continente.

Me rindo con mi pelo rizado,
no le doy vueltas a mis labios carnosos.
Cualquier clase de tambor me pone el toque
yo le contesto con aromas diferentes.

Diosa, cumbia, samba, mambo,
no tiene nombre todo el ashé que enciende.
Acá llegó mi mama diciendo que era blanca,
y nadie le creyó cuando nació la negra.

Llovizna

Ahora que ha parado de llover,
que las tormentas duermen
y los mares no se derraman,
el cielo vuelve a descansar
sobre las montañas.

Ahora que se escurren los miedos,
con este sol que no parece invierno,
la ciudad,
aún dormida,
camina entre el café colado
y la indiferencia.

La llegada

Yo no sabía,
adentro me iba creciendo un camino
y un pueblo entero se detuvo a descansar.
No sé si lo inventaron,
pero las estrellas también pasaron con ellos
la primera noche.

A la hora del fuego
el calor estaba ya servido,
“y vio Dios que todo cuanto hizo era bueno”,
así que la primera piedra
fue colocada en el laberinto de la diosa.

Era la quinta luna escrita,
cuando la primera tempestad sacudió las ventanas
y los gritos ahuyentaron a la muerte
del manto rojo.

Después,
empezaron a llegar los tambores,
con ellos, los pasos,
una mantilla bordada en hilos del resguardo;
y un día
el sitio empezó a poblarse de cantos.

Allí fue que los rituales se inventaron,
y yo para grabarlos
derribé piedras para hacerlas
depósito de la heredad
en donde buscar los arraigos.

Aquel camino se llenó de pasajeros
y no hubo manera de saber
hacia dónde querían llegar con tanto apremio,
sólo se pudo reconocer
a quienes olvidaron calzarse los zapatos
y escribir su nombre en el silencio.

Anoche recordé
que de tanto reír
saliéron desde adentro parques,
y una legión entera de inventores
se dispuso a crear soluciones para dormir la noche entera.

De todos lados emergían
millones de “lindas manitas que tengo yo”
y lloraban a carcajadas
los cementerios sedientos de ojos
que nunca llegaron a ver más allá
del inicio de nuestro largo camino.

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