La poesía de Mar Alzamora-Rivera

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La poesía de Mar Alzamora-Rivera

Mar Alzamora-Rivera es egresada del Bachelor of Arts in Music, de Arizona State University, donde se graduó con honores en 2005. Fue maestra de violoncello, contrabajo y asistente de orquesta en el Instituto Episcopal San Cristóbal (2009-2011). En 2009, ejerció como directora académica de Red Orquestal Aguas de El Chorrillo, programa de educación musical a niños en áreas vulnerables.

Actualmente, Mar participa en el colectivo musical Paisaxe; colabora como contrabajista y compositora en el laboratorio artístico Petri Dish. Dicta talleres de música para niños en el Festival de Arte y Literatura San Francisco de la Montaña, y es integrante activa de la Joven Orquesta de Centroamérica (JOCCA). Trabaja, además, en un proyecto de investigación independiente sobre el paisaje sonoro de la Ciudad de Panamá. En 2011, ganó la Mención de Honor del Concurso de Poesía Joven “Gustavo Batista Cedeño”.

El trabajo comunitario y colaborativo con grupos de diversidad cultural, social y artística llevó a Mar a ser seleccionada para recibir la beca Zora Neale Hurston Award para el taller de escritura creativa del Jack Kerouac School of Desembodied Poetics en Naropa University, en Estados Unidos.

Asimismo, ha colaborado en varios cortometrajes documentales y del género de ficción, y asesora a instituciones culturales.

Presentamos a los lectores de Bayano, algunos poemas de la artista y poetisa panameña.

El día que no tuvo noche

“No soy yo quien se pasa la lengua entre los labios,
al sentir que la boca se me llena de arena”.

Oliverio Girondo

No existió la noche.
Lo sabíamos desde hace tiempo.
Nuestras manos se fusionaron
locamente con la luna
en medio de la calle.

El silencio invadió la compañía,
pero hubo ruidos, gritos, frases,
gentes que cruzaban sobre nosotros.
Te cuadricularon.
Me espiralaron.
Pero siempre volvimos contracorriente.

Saboreamos un café,
quemando las palabras.
Compartimos caricias
y besos atemporales
con los ojos vacíos e infieles.

No existió la noche
pero el tiempo se detuvo
para mezclarse con nuestras
sombras.
Tú seguías palpando cuadriculadamente
las arañas que pasaban;
y yo me volví, nuevamente, caracol
en mi propio humo.

No existió la noche
porque perdimos los ojos.
Pasaron varias horas
sin saber en qué voces
habíamos danzado.
Por Redacción Bayano

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Mar Alzamora-Rivera.

Baúl

A veces esta lluvia trae consigo
imágenes, bajo llave,
olvidadas:

Un cielo de matices naranjas,
ojos alegres en la polaroid.

Trato de no ser eso engavetado que
no se comparte
y muere, aún,
intentando.

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