La educación como acción poética

Por Stela Barbieri Curadora educacional de la Fundación Bienal de São Paulo y responsable de la Acción Educativa del Instituto Tomie Ohtake.

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Pajillas negras, proyecto creativo “Acción y pensamiento”: taller de acción educativa del Instituto Tomie Ohtake, São Paulo. (Foto: Mariana Galender).

El arte y la educación son áreas que pueden ser revolucionarias por naturaleza. Gracias a ellas cambiamos nuestra visión del mundo e inventamos otras maneras de mirar y actuar. Ser artista y profesor exige por lo tanto un ejercicio constante de creación y descubrimiento de nuevos caminos. Además de eso, especialmente en Brasil, la conquista de campos efectivos de trabajo en esa dirección exige tenacidad y capacidad para detectar y aprovechar las oportunidades que se presentan.

El papel del proyecto educativo en una institución cultural es proponer un cuestionamiento acerca de las relaciones entre la vida y el arte contemporáneo, a través del contacto con el arte o el quehacer artístico. Las preguntas, proposiciones y problemas explicitados por los artistas nos proporcionan vínculos, suscitan acciones que alimentan nuestra manera de inventar la educación por medio del arte. Buscamos no sólo proporcionar a los visitantes y estudiantes un contacto desafiante, con las obras presentadas en las exposiciones, sino también abrir espacios para que el educador que recibe al público investigue y proponga otras relaciones con el arte.

Nuevas narrativas

Desde el comienzo de mi desempeño en la concepción de proyectos educativos he tenido la intención de realizar un trabajo especial dedicado a profesores de arte y educadores sociales, de escuelas públicas y de ONGs. Estos profesores trabajan con la franja de edades correspondiente a la apertura a la compresión del mundo: sus alumnos son curiosos y sienten avidez por aprender, y nos desafían a inventar nuevos caminos todos los días. Me pregunto: ¿de qué forma podemos abrir espacios para las nuevas narrativas y las intervenciones del público?, ¿cómo crear un ambiente que propicie la acción poética, en el cual las personas se sientan a gusto y con libertad de colocarse ante las obras de arte y ante sí mismas?

Cierta vez estaba con mi equipo en el Centro Educacional Unificado (CEU) Casa Blanca, localizado en un barrio de la periferia de la ciudad, conduciendo un encuentro de formación promovido por la Bienal de São Paulo, con 450 profesores de la Red Municipal de Educación. Los micrófonos, en intensa movilidad a través del público, expresaban el vigor de la conversación sobre los modos de vida y el arte, y manifestaban algunos choques bastante intensos. Tratábamos del trabajo Pare, repare, prepare, del dúo Allora y Calzadilla, una performance sorprendente que reúne a seis músicos que se alternan tocando, desde dentro de un piano, el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven.

Entonces, un profesor de música allí presente se levantó y preguntó a sus colegas: “¿Ustedes conocen la Novena Sinfonía de Beethoven?”. Como poquísimos de ellos la conocían, él se ofreció: “¿Puedo cantarla para ustedes?”. Atendiendo a la voluntad de los profesores, cantó el cuarto movimiento entero, en un tono alto y hermoso. La audición espontánea, sin ensayos ni protocolo, llegó inesperadamente, llevando al público a un silencio cómplice y receptivo que, después de los aplausos, continuó ocupando el espacio.

Esa escena me hizo pensar lo maravilloso que es cuando alguien se siente a gusto y con libertad para expresarse. Entonces me pregunté: ¿cómo garantizar ese espacio en las instituciones culturales? Creo que el gran desafío es integrar la competencia para tener espacios bien cuidados, un equipo preparado, rigor conceptual y, al mismo tiempo, dejar huecos para lo insólito. La participación y la presencia de cada participante en esa acción pueden catalizar un encuentro vivo y la creación de un espacio con afecto, donde todos se sitúen más allá de lo que está propuesto, investigando y preguntándose sobre el sentido de la vida contemporánea y del arte.

Siempre un vaso de mar…

El Instituto Tomie Ohtake, un centro cultural de arte contemporáneo en la ciudad de São Paulo, inaugurado en 2001, se ocupa de los temas arte, arquitectura y diseño. Siendo una institución bastante joven, con una dirección abierta a la búsqueda y la investigación, hace posible que la acción educativa tenga la oportunidad de experimentar varios caminos en su trabajo con niños, jóvenes y adultos, en pequeños grupos. La propuesta de ese proyecto educativo es priorizar la búsqueda, la experiencia y la reflexión de los profesionales participantes, interactuando con grupos heterogéneos y estableciendo comunicación con un espacio democrático de arte.

En cuanto a la Fundación Bienal de São Paulo, ubicada en una ciudad con once millones de habitantes, su capacidad de cobertura es enorme. Simbólicamente ocupa un territorio que es de todos. Una exposición bienal de arte es siempre un gran desafío: la localización de un asunto, el desarrollo de un argumento, la creación de un proyecto, la configuración de un territorio, el espacio expositivo, los pasajes y desplazamientos, los lugares de encuentro con las obras, la recepción del público, lo que hay que poner de relieve en cada trabajo, las relaciones a establecer. ¿Cómo recibir bien a las personas? ¿Cómo compartir las intenciones del trabajo con todos los implicados en la muestra? ¿Cómo crear espacios para experiencias significativas? En un espacio de 25.000 m2 se puede acoger a un público numeroso.

Dialogar con profesores y educadores parece ser el primer paso para un acceso significativo a las escuelas, y en las ONGs y en las comunidades. En la 29.ª Bienal, realizada en 2010, al crear los ámbitos que daban nombre a las plataformas conceptuales y a los espacios de encuentro, los curadores jefe reforzaron su propuesta de reflejar sobre el arte y la política la luz de la poesía, como sugiere el título de la exposición: “Hay siempre un vaso de mar para un hombre navegar”. Haciendo posible al público diferentes entradas para la lectura de la muestra, crearon nuevos aires, espacios para pensar el arte con una frescura que puede, a cada momento, revelar nuevas significaciones.

Para el proyecto educativo, la propuesta de la curaduría de las muestras conlleva una perspectiva distinta para la interlocución con las personas y las obras, generando diálogos entre los integrantes del equipo y el público, creando diferentes tipos de aproximaciones al arte, estableciendo relaciones entre el arte y la vida cotidiana, formulando preguntas, problematizando y discutiendo la esencia del trabajo de cada artista y las urgencias de la vida contemporánea.

El desafío de atender a muchas personas, con la intención de escuchar a y dialogar con cada una de ellas, encierra una mezcla de objetividad absoluta y de subjetividad a flor de piel. Es preciso que la logística para recibir al público esté muy bien estructurada. Hay que tomar decisiones en todo momento. Al mismo tiempo, las personas (sean del equipo o del público) necesitan que sean oídas sus necesidades, sus reflexiones y la construcción de sentidos.
La percepción de los acontecimientos ha sido la brújula de esa navegación. La intención es que las personas lleguen a encontrarse unas con otras, que tengan las mejores condiciones para ello, y que ese cuerpo colectivo pueda tener una irradiación. Que la conversación se dé poco a poco, como el fuego de un corro alrededor de una hoguera, que se expande y enciende otras hogueras. Ese fuego es el diálogo, motor de la navegación.

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